FOTOGRAFÍA (Playlist: Oscar Athié)

pins2aDurante años, muchos, en mi habitación hubo una “colección oficial de Conejitos del Pasado Remoto”. Colgaba triunfante en una pared. Y como si nada. Conejitos iban, Conejitos venían y yo defendí el hecho de que formaran parte de la decoración porque, argumentaba, habían formado parte esencial de mi vida.

Y meterlos en una caja -decía yo- no iba a cambiar ni mis andanzas por el altar convencida de que era una buena idea y en seguida de que mejor no… ni mis primeros pasos en territorio minado (literal) al lado de El Conejito Napolitano ni la prueba gráfica del enamoramiento súbito, infinito e inexplicable que me provocaron los ojos negros más negros de los que me he enamorado… ni mis artes de lado izquierdo de aquel Conejito de Siempre, cuando todavía parecía un toro de Miura…

Ni, juntándolos todos y refundíendolos en el clóset iba yo a borrar tanto tropezón y estrellones -directitos y sin meter las manos- contra la pared.

En este cambio de casa, no hubo de otra: foto tras foto se quedaron en una caja muy rosa que aún sigue en el armario. No he tenido ganas, ni marcos, ni repisas, ni aliento para volverles a poner un espacio en la habitación. Creo que, a diferencia de otros viajes, en éste me fui deshaciendo de los recuerdos.

Hoy resulta que tengo una foto para colgar.

titeufffff_ID2_by_titeufffffY celos retroactivos.

Sólo así se explica que yo no quiera poner la foto en cuestión en casa. Y es que, aunque parece simple no lo es. Cada impacto, cada fotograma, cada registro implica la sucesión de eventos que lo pusieron ahí, de frente a la cámara y quién estaba detrás de ella. Que by the way no era yo.

Y tengo culpa.

Porque no quiero convertirme en una de esas que no sólo cancela su pasado, lo empaqueta, le pone moño y lo guarda en el cajón, si no que exige -como si pudiera- que el otro se vaya borrando, empaquetando y encajonando de por vida las historias que lo hicieron lo que es.

Y ahora ¿quién jodidos soy yo?

Ilustraciones: Arthur de Pins

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AL FINAL (Playlist: Emmanuel)

Así. Será porque ganaron Los Pumas y yo lo pensé tanto. Será porque sigo creyendo que hay una conexión entre pensarlo y que me piense. Asi, una vez más, de la nada aparecieron los mensajes en mi computador.

El Conejito de Siempre (también conocido como de Miura) volvió a relucir en el paisaje. Y a mí se me volía a sumir el estómago, a detenerse el respiro, a agitarse el corazón.  Joder. Lo dudé, pensé en no decirlo, me contuve, lo intenté pero no pude más.

Hice lo que algún día My Stress Rabbit me recomendó: quemé las naves. Hecho, Capitán. Ya no hay retorno.

Tengo ganas de vomitar.

Y LLEGASTE TÚ (Playlist: El Recodo)

Conejito Tan Campante te ha agregado al messenger. ¿Aceptas?

Así más o menos fue el mensaje que apareció en mi computadora, casi violentamente, apenas llegué a la oficina. No pude ocultar la sonrisa. 51WbSv2c3pL._SL500_AA240_Obvio, acepté de inmediato y pasó lo inevitable. Más de 27 minutos de conversación ininterrumpida que fue desde las seriedades técnicas hasta los placeres deportivos personales. Joder. Fluyó despacito como fluyen las buenas platicas. Sin rollos, sin dobles fondos, con alguna referencia perdida por ahí que sólo entiende quién tiene que entender. Y yo, como siempre, soy una feliz víctima de las palabras.

Si ya lo decía yo que no podía haberme equivocado tanto. Tengo la increíble capacidad de toparme con buenos, grandes hombres.  Conejitos que valen la pena (bueno, con sus excepciones). Y que una quiere conservar para la vida. Así nomás.

Más tarde en mi facebook apareció un mensaje de un Yuppie Bunny que había dejado en el olvido. O que más bien, ya ni recuerdo cómo es que lo conocí. Eso sí, cumple con todos los requisitos: guapo, extranjero, bronceado, atlético, blanca sonrisa de oreja a oreja, look producidísimo que jura que es casual -que le incluye t-shirt Lacoste- y, lo podría firmar, trabaja en Comercial. Un yuppie como-dios-manda. Y sí, irremediablemente, nos recuerda tanto tanto a My Stress Rabbit.

“Estaré en Palm Island en estos días, si tienes tiempo te invito a tomar algo o a comer”.

Ay, Conejita, ¿pero qué dijimos de olvidarnos de esa categoría de hombres por com-ple-to?

BÉSAME MUCHO (Playlist: Rita Guerrero)

Digo yo, de por sí una que va por la vida quitando las manitas hasta darse con la pared… y luego, que la vida le pone a una las emociones todas juntas y sin darle tiempo ni de respirar.

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Anoche, el Conejito de Siempre habló de besos.. que no los suyos, ni los míos, ni los compartidos. Si no de besos, así nomás: besos de esos que se dan entre risas.

¿Cuándo fue la ùltima vez que te diste besos entre risas? preguntó. Y yo que quería hablar de los nuestros, de los suyos, de los míos, de los compartidos. Y sí, que en mi cabeza sólo se agolpan esos, los de la fotos del celular, los que nos tomamos empiernadísimos, con el pelito enredado, con los ojos hinchados, riéndonos como tontos… los besos de hace muchos, tantos meses… con My Stress Rabbit en su lugar.

Y ya estaba yo olvidándome de los besos esta mañana, cuando se me aparece Conejo Pluma Blanca, con todo ese abanico de posibilidades que yo no quiero, aunque sí quiero. Hablándome de besos. Y yo que me niego, porque ahora parezco adolescente, virgen y atarantada. Y le tengo miedo a los besos fuera de lugar.

Y estaba yo apenas asimilando el sí pero mejor no, cuando apareció el mail. Era sí, My Stress Rabbit. Dos líneas, políticamente correctas, distantes. Nada para llamar a casa. Hasta una simple frasecilla final —escondida casi entre las demás—, una simple metáfora de libros importantes…

…se vuelven una parte de tí, decía.

Y yo, siento que la panza se me hace chiquita. Y entiendo que hay libros… y gente… y amores que se guardan como las fotos de besos entre risas: en el librero o en la memoria de un celular o en el fondo de una maleta para cambiar de casa, de vida y de país.

BUENAVENTURA (Playlist: Pandora)

El mensaje fue muy corto. Tres palabras a lo mucho. No pensé mucho antes de enviarlo. En realidad, si lo hubiera pensado tan sólo un poquito no lo hubiera mandado. Pero lo hice así, como hago estas cosas que hago. Vamos, ya ni siquiera sé bien qué tecleé, pero terminaba con un «Felicidades».

No esperaba una respuesta. Sin embargo, llegó. «Gracias por el pensamiento» se leía en la pantalla.

En el día de su boda, no es menos lo que le deseo.


YA LO PASADO.. ¿PASADO? (Playlist: José José)

Yo lo digo y lo confirmo: los astros están conspirando en mi contra (tal vez favor). Tras la aparición de Conejito Jeepero, los otros conejitos y conejitas del pasado salieron de la madriguera para plantárseme enfrente.wombat4.jpg

Empecemos con el TV Bunny. Ahora tan propio frente a las cámaras, tan seriecito que se ve.. y mira nomás, apareciéndo para buscar un encuentro. Por cierto, fallido. Sus horarios, mis compromisos nomás no nos han hecho encontrar la cuadratura. Por ahí apareció después de varios meses la Conejita Comeflores, harto pacheca llegó a mi casa. Y harto pacheca comenzó la conversación: el pasado muy pasado, el pasado apenas pasado, su vida amorosa —rebien resuelta oigame—, mi vida amorosa —hecha un desmadre—, nuestros mundos.. y ahí vino el atorón:

—«Lo que tienes que hacer es salirte de ese mundo aspiracional en el que vives. Buscar en otros ambientes».

Joder. Eso no sonó facil. Años matándome para dedicarme a la cosa de la tendencia, para que ahora me digan que la tendencia es una jodidez. No lo sé de cierto.

Dos días después, reapareció algo mejor aún. La Conejita Mejor Amiga del Mundo Mundial. Ja. Esa misma de hace ¿30? ¿28? años. Esa de la escuela, la barda, la pubertad, la adolescencia y varias dolencias más. Pasamos el dia juntas y con tan poco que reclamarnos. La ví luminosa, linda, tranquila. Fuera de una mala historia. Vamos parejas. Y metida en una que —si no espectacular— es sana. Ella va un pasito adelante. Y con muchos, hartos planes de vida. Iguales.

Y ya como si no bastara, la noche terminó cantineando. Lo primero que vi al cruzar la puerta fue su cara. Se me cortó un poquito la respiración. Ahí estaba My Stress Rabbit. A un año… un año ibamos a sentarnos en la misma mesa. Caminé más despacio. Esbozé mi mejor sonrisa. Saludé y me pegué al hombro de Mr. Perfect Bunny. Estabamos los tres, como en los viejos tiempos, pero sin las viejas historias. ¡Cuánto joder, joder, joder, nos ha pasado a los tres en este año! Salí varias horas después, tres tequilas encima y más tranquila que nunca. La Conejita Jefa diría sabiamente:

—«El tiempo lo cura todo».
Curada estoy. No sé, ahora sí que de cierto, si estos del pasado regresaron para quedarse o nomás para enseñarme algo. Yo, sigo aprendiendo.

BUENA VIDA ES… (Playlist: Eros Ramazzotti)

Y sí. Las cosas buenas estan a la vuelta de la esquina. Faltan dos segundos para que esten perfectamente convertidas en realidad en la palma de mis mano. Juro que en cuanto suceda, lo cuento con detalle.

posing_canape.jpgEn tanto, hoy tuve mi primera sesión del Club de Lectura Light y lo que comenzó con el recuento de La Suma de los Días terminó con el analisis tormentoso de nuestros últimos encuentros amorosos: Conejita Judia y Soltera, Miss Bussines Bunny, Conejito Politizado y Conejito Sonrisa Perfecta. Todos tan guapos, tan interesantes, tan armados, y al mismo tiempo, tan solos. Un verdadero desastre, joder. Pero terriblemente divertidos a la hora de buscarnos en el pasado.

En el pasado que, de mi parte, incluye al Conejito PR, al mismo que ayer me topé en un antro en buena compañía y mucho nervio de no saber cómo decirmelo… ja. Incluye también a Mr. Peruvian Bunny que después de meses se aparece en mi teléfono pero me advierte que soy peligrosa para su estabilidad, al Conejillo de Miura y sus misterios y por supuesto, a My Stress Rabbit del que, a estas alturas, no termino de contestarme cómo es que un día comenzó la historia más triste de los últimos tiempos.

El presente en cambio, me pone por ahí al Conejito Tenista, perfecto para subirme la autoestima, el ego y refrescarme la plática de viernes por la noche. Y a Beautiful Bunny para no perder la práctica en la conquista. Poco a poquito, entrenándome a ratos en el arte de tomarnos una botella de vino en pleno lunes, reír sin parar y jurarnos que entre nosotros nunca pasará nada aunque ninguno de los dos se lo crea.

Tras varias horas de repasar aquellos dates que parecen perdidos en un pasado remoto y los nuevos perfectamente metidos en una caja de seguridad, me siento más estable que nunca. Más tranquila. Más zen. Más sana. No sé si es la ausencia del cigarro, del alcohol, el celibato —a punto de concluír— o los proyectos de una vida nueva, pero me gusta esto que miro cada noche en el espejo.

Ilustraciones: Arthur de Pins