CIRCO BEAT (Playlist: Fito Páez)

¡Tengo tantas cosas por hacer! Y no, no. Aquí no sigue una disertación filosófica sobre todas aquellas experiencias que no me puedo perder antes de morir. Si no, sobre la imperiosa necesidad de dejar de pasear por tiendas en mis días libres y dejar de parecer estampita pegada al piso blanco blanco de este departamento blanco blanco.

-Es momento de entrar en acción. me dije. Y así di rienda suelta a eso que sí se hacer bien: redes sociales.

Como consecuencia lógica, mandé una serie de mensajes al conocido del primo del hermano de un amigo que vive en esta Ciudad Tropical. Y ya empezaron a darse los primeros resultados: vuelvo a mi habitual corre-corre que me hace sentir viva y feliz.

Estaba en eso de la relación social cuando decidí regresar a mi viejo hobbie: hacer algo. lo que sea. el punto es hacer.

En tiempo dos horas, ya tenía una larga lista de actividades posibles. Faltaba sólo decidir.

Quiero regresar al baile de tubo y/o striptease, o por fin iniciar las lecciones de tango que tanto me prometí con El Conejito de Siempre, o las de baile de salón pendientes con Conejito Gurú, continuar con el portugués o aprender de una vez por todas, árabe o quitarme esas ganas de darle a la caligrafía o finalmente entrar al grupo de capoeira, o seguir con las clases de tejido, o no dejar la yoga los domingos, o terminar de aprender a windsurfear, o seguir con la natación, o re-iniciarme en el buceo, talvez sea buen momento de meterme en la cocina thai, de encontrar otro grupo que juege scrabble por las tardes, o al dominó cubano, no sé si debo reorganizar otro club de lectura, o buscarme nuevos compañeros para otra carrera de 10k, cambiar aquella mi membresía de todo-el-cine-que-quiera por la credencial de un video club o de plano, sacar mi acreditación como socio de los 3 museos de la ciudad…  ya de plano, inscribirme al master of arts in liberal studies de la hh. universidad de esta Ciudad Tropical…

Mientras trataba de entender cómo hacía para hacer tanto de todo, de pronto, así como si nada, saltó en la red. Detras de uno de esos links a los que uno les pica y nunca sabe qué se puede encontrar.

El estómago se me hizo chiquito y se me enredo en las tripas esa misma sensación de la infancia.

-Flying Trapeze School, decía.

Yo entrecerré los ojitos antes de mirar las imágenes completas. Deletreé.

fly-ing-tra-pe-ze-scho-ol.

Ja. Ahí en la foto estaban ellos, bien arriba, en mallitas y sosteniendo un trapecio en la mano. Listos para saltar al vacío.

Y yo me ví -como entonces- en medio de la oscuridad, con el estómago pegado. Sentí el aire caliente suspendido bajo la carpa de lona amarilla, el silencio interrumpido sólo por los murmullos, el olor a animales encerrados, el acerrin mojado debajo de los pies, el redoble de tambores, el aliento contenido, el corazón a punto de explotar, la mirada hacia arriba, viéndome las pestañas y detrás, a dos chiquillas en mallas, plumas y lentejuelas… dispuestas a volar.

-Yo quiero ser eso en la vida, resolví con la lucidez de esos años. Trapecista de circo.

No tardé mucho en saber que no pasaría. Quizá un poco más -freud permitiendo- en procesarlo al convertirlo en el tema principal de mi fiesta de treinta. Y finalmente, la única razón justificada por haber llorado viendo El Muy Malito Lado Oscuro del Corazón 2, sintiéndome más alejandra que una enamorada de girondo y benedetti.

Hoy, apareció en la pantalla una vez más: me esperan en mi próximo dia libre, en un parque al aire, para liberarme por siempre de mis sueños de niña. Para aprender a volar.

Cerré la compu, cerré los ojos y suspiré. Tengo un hoyo en la panza. No sé si quiero llorar.

PREGUNTA NO-EXISTENCIAL

Que alguien me explique: ¿es gravísimo no saber quién fue Víctor Jara? ¿Debo condenarme por mi ignorancia? ¿Debo avergonzarme por no conocer gran parte de la historia revolucionario-musical de Latinoamérica? ¿Debo explicar de mi vago recuerdo del LP aquel de Mi Conejo Progenitor que gustaba de Óscar Chávez, me quería en SummerHill y leía El Capital, pero que a mí, no me enseñó de eso si no sólo de ajedrez? ¿O debo seguir en silencio el regocijo y la confirmación de quién me considera una chica demasiado-frívola-para-ser-inteligente? Joder.

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