SORPRESAS TE DA LA VIDA (Playlist: Pedro Navajas)

Yo iba muy tranquila a desayunar con la Conejita Zen, cuando —de sopetón y sin previo aviso— soltó la sorpresa: “estoy embarazada”. Joder.

Le siguió una larga plática de miedos, angustias, proyectos y emociones encontradas. Y yo, confieso, salí sin palabras. Me subí al auto y manejé despacito. “¿Y tú quieres tener un hijo?”, me había preguntado la Conejita Zen con inocencia. Yo le di no sé cuántas vueltas a la respuesta. Esa es una de esas preguntas que a una no le pueden hacer a quemarropa.

Porque… no lo sé, porque nunca me he visualizado embarazada, porque estoy muy ocupada resolviendo mi tropezada vida, porque un hijo es producto del amor de dos (y yo nomás soy una), porque quiero un hombre que —en el supuesto caso— me acaricie la barriga antes de dormir, porque sólo una vez lo imaginé y el sueño se nos cayó en cachitos estrellándose contra el piso, porque creo en aquel dicho de la abuela “a quien Dios no le dio hijos, el diablo le dio sobrinos” (y a mí ya me dieron dos), porque…, porque…., porque si ya me pongo a pensarlo… no estaría mal una chiquilla rebele y respondona, a imagen y semejanza, con orejitas y colita de peluche….

“No” dije al final. “No quiero”.

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