SOMOS AMIGOS DE USTEDES.. AMIGOS DE VERDAD (Playlist: Timbiriche)

No voy a empezar con los lloriqueos, pero estoy aburrida, dando vueltas como una leona en jaulita  y mientras escucho a los insectos  por este depa absolutamente blanco, me doy cuenta de lo esencial: me falta algo.

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Y no, no. No es que una se tire para que la levanten. Es que, por la mañana, hace falta la llamada de Bombón Bunny para darnos un aventón, no por comodidad sino por la hora y media al volante hablando de amores malogrados -y toda la culpa de los astros en eso.

Esta ciudad está llena de tiendas, pero valen para un carajo si no está aquí Miss Bussines Bunny que es capaz de pasar conmigo 7 horas exactas buscando el zapato ideal para el vestido aquel. Esta ciudad está llena de arte, pero no puedo ponerme los calcetines y fumar con Conejita Sicología y mirar como Eva Bunny va desplegando lo mejor de su arte en tamaño mural.

Y acá tengo un mat, pero cómo no va una a extrañar los domingos a las 10am, asistir a una clase de yoga, todavía con los ojos pegados, por el único e irrefutable pretexto de terminar en un desayuno de varias horas compartiendo la mesa con La Conejita de Las Playas, su Conejito Prometido y Mi Conejito Gurú.

Vamos, que el clima es bonito, las calles limpias, el edificio silencioso. Muy. A mí, me falta música. Baile. Movimiento. Acción. Que aquí no tengo un equipo completo de locos, que se tomen 14 botellas de vino en una sola noche, con el pretexto de una preboda, que boda todavía no es. Y sí, bailando a la señora Daniela Pelazo Romo con aquello de Yo no te pido la luna.

Yo doy vueltas y las horas, en este bonito flat, corren muy lentas. Como si no quisieran pasar. Los días se hacen largos. Y no aparece mi Conejo de la Guarda de mi Dulce Compañia -mejor conocido como Andy-Handy con su caja de herramientas en mano- dispuesto a darle los mejores toques a mi casa. Ni su Conejo Shshsh, sonsacándonos para acostarnos todos a ver pelis y no mover un dedo el dia entero. O de plano, correr al cine a ver el peor chic flick de todos los tiempos. Y sí, salir contentos.

Y es que aquí pasan cosas. Y yo lo intento. Busco desesperadamente a alguien que quiera pagar 73 dolarúcos para perder el control conmigo, de frente a los tipos de Fuerza Bruta. Así como lo hicimos hace unos meses allá, entre puras chicas y un jalón. Y nada, cero respuesta.

Me falta mi Exnike Bunny mandándome mails donde jura que tengo mejor cuerpo que Ninel Conde.Y citándome en cualquier lugar en donde acepten amex. De preferencia que sea Le Pain Quotidiane. Y encontrarme ahí seguro, con la Conejita InHipChicCool para pasarnos las útlimas tendencias del mundo mundial, sólo por el gusto de saber en qué anda el otro lado del mundo.

Me faltan las copas de vino con la Coneja Judia y Soltera. Concursándo por quién tiene la peor historia de amor del mes. O la Conejita Mejor Amiga del Mundo Mundial con la que no hace falta vernos para saber que una correría al primer grito de ayuda de la otra.

Que sí da gusto que aquí el celular salga más barato. Y que yo ya tenga una blackberry. Si no fuera porque este maldito teléfono no suena ni por error. No como allá. No con esas llamadas de tres horas, hablando de nada, interrumpidas sólo por el sonidito del chat o las necesidades imperantes de mandarle un mail al de más allá.

Me falta La Condesa -y no por La Condesa que a nadie le importa-, si no por nuestras cenas, a las que siempre llegue tarde tarde pero servían para arreglar el mundo entre nosotros. Aunque no arreglaramos nada.

Y sí, sí. Aquí hay dólares y malls y marcas y ofertas y restaurantes y antro y playa y rascacielos y barbies malibú y…

A mí, sólo me faltan mis amigos.

POR TÍ ME CASARÉ… (Playlist: Eros Ramazzotti)

Empecé temprano con La Conejita de las Playas. Desayunamos y corrimos al atelier del diseñador que intenta hacerle el vestido de novia. ah! la novia indecisa.

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Y yo me rio mucho de sus cambios de opinión. Y recuerdo cuánto me gusta la cosa de la producción de la boda: la de ella o la de quién se deje. Lo cursi del evento, del vestido y de “las damas”. Y lo profundamente romántico —e inútil— de jurarse amor eterno…. (¡lo sabré yo!)

Y la veo y me río. y la veo y me veo a mí… y me recuerda a La Conejita Mejor Amiga del Mundo Mundial. esa que perdí hace muchos meses. un día, no sé bien cuándo, dejó de estar presente.

Necesita aire, pensé con su desaparición de los primeros días.

Luego caí en la cuenta del malentedido. El novio aquel (suyo que no mio): un hijo-de-re-contra-puta, la cita en un café para hablar de no-se-bien-qué. mi terrible torpeza en la conversación y finalmente la indiscreción. Lo dije así, como si nada. Sin darme cuenta de las consecuencias, de la avalancha que estaba por llegar. Yo así, quitadita de la pena, me senté en el barcito de quinta y solté un secreto que me habìan encargado.

Sólo varios días después me dí cuenta de lo sucedido.  Corrí al teléfono y en dos horas de platica nos explicamos las cosas.

No te preocupes, me dijo. No pasó nada.

Ingenua supuse que la larga llamada compondría el descuido, como lo habíamos hecho en los últimos veintimil años: cuando ella faltó a la boda donde era la madrina principal, cuando le dí su teléfono al hombre que luego sería el-hombre-de-su-vida, cuando desechamos casi asustadas la propuesta de un threesome de un novio que no pasaría a la historia… No fue así.

La Conejita Mejor Amiga del Mundo Mundial no volvió. O bueno, sí. Pero nunca como antes. Hoy nos vemos, de vez en cuando. Nos abrazamos con la fuerza de las grandes amigas y nos ponemos al tanto de nuestras historias como si el tiempo no tuviera ingerencia. En el fondo sabemos que algo, en algún momento, se rompió. Como cuando una camina sin fijarse por la tienda. Como elefante en cristalería. Cuidando la trompa pero dandole en la madre a los floreros con la colita.

Duele reconocerlo, la elefantita de esta historia, fui yo.

Y LLEGASTE TÚ (Playlist: Sin Bandera)

El viernes el pasado tocó a mi puerta. La primera vez, se trataba de La Conejita Mejor Amiga del Mundo Mundial. Se apareció como si no hubiera estado ausente todo este tiempo. Llegó tal cual era, con la sonrisa, los cigarros en la mano y el cúmulo de historias por contar. Revisó hasta el último rincón de la casa que no conocía, prometió una plantita para la siguiente visita, se sirvió un café y sin reproche alguno, empezamos con la conversación pendiente. Tras mucho bla, bla, bla no sé si se lo dije. Qué gusto me da que esté, que me entienda sin juzgar y tenerla de vuelta.

Estabamos en medio de la plática cuando sonó el teléfono. En punto de la hora de la comida. En el pasillo apareció Conejito Extranjero. Entró y recorrió la casa como si fuera la suya. Después me comió a besos. El empiernamiento resultó accidentado y en medio de grandes carcajadas. Qué bien se sentía meterme entre sus brazos en silencio, sin preguntar nada. Dos horas después lo miré directito a los ojos (esos verdes que un dia me volvieron loca), y le sonreí. Seguía gustándome endemoniadamente pero no movía ni medio milímetro mi corazón. Tal y como lo esperaba. Estabamos a mano.

YA LO PASADO.. ¿PASADO? (Playlist: José José)

Yo lo digo y lo confirmo: los astros están conspirando en mi contra (tal vez favor). Tras la aparición de Conejito Jeepero, los otros conejitos y conejitas del pasado salieron de la madriguera para plantárseme enfrente.wombat4.jpg

Empecemos con el TV Bunny. Ahora tan propio frente a las cámaras, tan seriecito que se ve.. y mira nomás, apareciéndo para buscar un encuentro. Por cierto, fallido. Sus horarios, mis compromisos nomás no nos han hecho encontrar la cuadratura. Por ahí apareció después de varios meses la Conejita Comeflores, harto pacheca llegó a mi casa. Y harto pacheca comenzó la conversación: el pasado muy pasado, el pasado apenas pasado, su vida amorosa —rebien resuelta oigame—, mi vida amorosa —hecha un desmadre—, nuestros mundos.. y ahí vino el atorón:

—«Lo que tienes que hacer es salirte de ese mundo aspiracional en el que vives. Buscar en otros ambientes».

Joder. Eso no sonó facil. Años matándome para dedicarme a la cosa de la tendencia, para que ahora me digan que la tendencia es una jodidez. No lo sé de cierto.

Dos días después, reapareció algo mejor aún. La Conejita Mejor Amiga del Mundo Mundial. Ja. Esa misma de hace ¿30? ¿28? años. Esa de la escuela, la barda, la pubertad, la adolescencia y varias dolencias más. Pasamos el dia juntas y con tan poco que reclamarnos. La ví luminosa, linda, tranquila. Fuera de una mala historia. Vamos parejas. Y metida en una que —si no espectacular— es sana. Ella va un pasito adelante. Y con muchos, hartos planes de vida. Iguales.

Y ya como si no bastara, la noche terminó cantineando. Lo primero que vi al cruzar la puerta fue su cara. Se me cortó un poquito la respiración. Ahí estaba My Stress Rabbit. A un año… un año ibamos a sentarnos en la misma mesa. Caminé más despacio. Esbozé mi mejor sonrisa. Saludé y me pegué al hombro de Mr. Perfect Bunny. Estabamos los tres, como en los viejos tiempos, pero sin las viejas historias. ¡Cuánto joder, joder, joder, nos ha pasado a los tres en este año! Salí varias horas después, tres tequilas encima y más tranquila que nunca. La Conejita Jefa diría sabiamente:

—«El tiempo lo cura todo».
Curada estoy. No sé, ahora sí que de cierto, si estos del pasado regresaron para quedarse o nomás para enseñarme algo. Yo, sigo aprendiendo.

CONEJITA ENCUENTRA CONEJITO

«Cuando lo conozcas, no volverás a salir de tu casa ni a necesitar un novio», dijo La Judía Solterísima casi como una confesión. Yo, pensé, iba a seguir su consejo a pie juntillas.

En aquella cena empecé a sentirme fuera de lugar. Todas, sin excepción, conocían al famosísimo Rabbit. Habían tenido algún encuentro divertido, exótico o desastroso con él. Movían las manos, lo describían con pelos y señales, reían ruidosamente mientras el mesero buscaba cualquier pretexto para acercarse a la mesa. No quería reconocerlo pero las descripciones sonaban atractivas:
¿Pero o sea, cómo.. no entiendo… cómo es? pregunté con ingenuidad.
Uff! Maravilloso, decían, como para perder la cabeza. Seguro ya lo has visto.
¡Obvio no! A pesar de haber ido más de una vez a una sexshop no tenía ni idea de cómo era el artefacto este. ¿Cómo demonios la mismísima Conejita de Indias resultaba tan naive?

Al siguiente fin de semana no resistí más. En el desayuno con La Mejor Amiga, liberal e iniciadísima en el tema, lo solté.
¿Sabes qué es eso del… mmm conejito.. no sé… que vibra?
¿El Rabbit? casi gritó con todas sus letras. Está buenísimo.
Sin pensarlo un minuto más, llegamos directito a SexEmporium en la Roma. Las enormes vitrinas, rodeadas de neón, con disfraces de camarera y mujer policía, no me estaban ayudando en el asunto.

Titubeé. ¿Qué parte de evitar una sexshop cerca de mis propios rumbos no había entendido? Mi amiga no se detuvo ni un minutito.
Ven, ven, vamos, decía mientras me arrastraba. Miré con rapidez a ambos lados de la calle y entré.

Dentro actué con gran maestría: recorrí los pasillos de disfraces mirándolos como vestidos de diseñador y pasé la mano sobre lubricantes de todos colores y sabores mirando con aires de grandeza.
Ay obvio, este es termoactivo. Eso del calorcito es lo de hoy. dije

Entonces sucedió justo lo que me temía: una señorita de lo más mona se acercó con la típica pregunta
¿Buscabas algo?
Con las mejillas rojísimas intenté contestar como si nada pasara.
Eh no.. estamos viendo… bueno sí… no sé.. me dijeron de una ¿cosa?..
¿Cómo diablos se le decía para seguir siendo políticamente correcta? ¡¿dildo… vibrador… conejito?!
Sonrío casi condescendiente y soltó su letanía casi sin respirar:
«Aquí están los dildos. De este lado están los manuales por si estás empezando, aquí tenemos los que funcionan con pilas para quien le gusta la vibración, los hay pequeños, como de bolsillo, a la izquierda están los de doble función para la estimulación anal, de aquel lado tenemos los aros, las vaginas de látex para tu novio y… ».

Para ese momento yo estaba al borde del paro respiratorio. Joder. ¿Teníamos que hablar del asunto con tanta… familiaridad? ¿Y vamos, si tuviera un novio estaría aquí metida? Chale. Tanta atención me ponía muy nerviosa.

Mientras tanto, mi amiga se divertía horrores tocando todos los productos que tenían un agujerito en la cajita con la leyenda “Try Me”.
Ven ven.. toca.. está buenísimo me decía saltando de aquí para allá
¡Obvio no! Por más que trataba de mantener la compostura, no podía ni pensar en eso de meter el dedo para comprobar si la textura del aparato en cuestión era la adecuada o no.

Finalmente, me enseñó la sección de los Rabbits, que de conejitos y estéticos tenían muy poco. Una tras otra, abrió las cajitas. Falos azules, morados, transparentosos y en su versión natural. Cada uno con un movimiento increíblemente sofisticado.
Rabbit, decía como en clase de Biología, además de vibrar y alcanzar directamente el punto G, tiene unas “orejitas” que estimulan el clítoris.

bd_203v01-post.jpgLo tomé y abrí los ojos como platos. Era enorme, rosa y ¡se movía!. Con más de 20 velocidades dirigía las orejitas, la colita y el cuerpo entero en distintas direcciones al compás de un montón de luces que prendían y apagaban con ritmo de antro. Joder, pensé, a esto sólo le falta la sirena.

Muerta de la vergüenza fui al mostrador. Con cierta impaciencia saqué la tarjeta de crédito. Era tal la prisa que a la hora de ver el voucher no pude ni replicar: ¡$1300 pesos! Tragué saliva y firmé. A ese punto no me iba a poner a buscar algo más baratito.

Con la bolsa negra entre la manos, como con un tesoro robado, llegué a casa. Me senté en la cama y abrí el paquete con la emoción de una quinceañera. Puse las pilas, lo coloqué sobre el buró, apreté un botón y miré curiosa. Se movía mientras destellaba por todos lados. ¿Dónde jodidos iba yo a guardar el juguetito este? No pude evitar pensar en la señora de la limpieza. Arrugué la nariz. Apagué el aparato. Me metí a las sabanas, me tapé y cerré los ojos.
Esta noche no, me dije.
Creo que necesito tiempo para acostumbrarme a la presencia de mi nueva “mascota” en casa.

Ilustraciones: Arthur de Pins

La Conejita no supo cómo justificar el cargo de 1300 de “sexalgo” en el estado de cuenta que su mamá jura que está equivocado.