IT’S A SMALL WORLD (Playlist: Infancia en Disneyworld)

Corrí para llegar. Fui a ver muebles provenientes de la India. La nueva casa se los merece. Aunque sea uno chiquito y a 13 meses sin intereses.

El señorcito me miró y me señaló con el dedo unas escaleras. A un lado, tres enormes figuras cubiertas de polvo —un león, un elefante y una deidad— parecían estar de guardia. Al fondo una enorme puerta de hierro cerrada con un candado me estaba esperando.

Por aquí, dijo. Mientras abría la pesada puerta.

2174-mLos rayos de la luz de la tarde se precipitaron mientras yo parpadeaba tratando de distinguir los objetos en esa bóveda oscura. Un montón de partículas de polvo se habían quedado suspendidas en el aire y al fondo, entre plásticos y mantas logré ir descubriendo un montón de objetos. Distinguí varias cómodas, los sillones tallados a mano, los candelabros de latón coloreado, los baules de madera con remates dorados… Esto debía ser un sueño.

A mi lado, mi mamá La Coneja Mayor me tomó la mano. Sabía lo que para mí representaba todo esto, mientras yo me deslizaba —eso sí, muy entaconada— por entre las figuras y los muebles buscando la mejor oferta. Horas más tarde, mientras cenabamos pollo con curry y cardamomo preparado por el mismo señor que se sabía los precios de los muebles a la perfección, me miró con ternura.

Toma… dijo mientras me daba un libro. “De parte de la princesa muerta”, se leía en la portada. Me recordó tanto a tí… léelo. Aquí encontrarás tu palacio hindú.

Creo que lo supo desde entonces. Desde que, por ahí de los siete años, me llevó a verlas: todas las muñecas del mundo metidas en “un pequeño mundo” disneyworldero. Y yo quise ser una de ellas.

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