ANDO VOLANDO BAJO (Playlist: José Alfredo Jiménez)

Hace unos años, un día todo se me desmoronó.

Llegué a la oficina después de una noche de terror y no sé que cara me vió el Gran Conejo Editor que me mandó directito a buscar ayuda.

Supongo que la hallé y me salvé de tirarme por un paso peatonal en Constituyentes o quedarme enganchada otros mil años del Conejillo de Miura. Muerte segura tanto una como la otra.

Anoche me sentí igual. Lloré y lloré desconsolada ante una incertidumbre que me satura el depa cuadradito de 2×2 y con cocineta.

–¿Pero qué te pasa?, me pregunta al teléfono el Conejo Novio como Dios Manda con toda la buena intención.

Y yo me enojo y le respondo mal y me cierro y me encierro y bajo las persianas y duermo 48 horas seguidas y quisiera despertar con la vida resueltita.

Porque yo, lo anuncio oficialmente, ya me cansé y no sé bien de qué.

GITANA (Playlist: Shakira)

Si yo digo que tengo suerte de no haberme vuelto loca, aún.

O lo que es lo mismo, no es que no escribí por floja, si no por confundida.

Estaba yo muy hecha bolas, haciendo bolas la ropa que debía meter en la maleta para mudarme a La Ciudad de la Eterna Llovedera cuando sucedió. La llamada. Una que entendí como una posible oferta de empleo de regreso en El Pueblo, ese trabajo por el que siempre siempre siempre aposté y que no se me había puesto en la puerta.

Luego de que el corazón se me detuviera 53 segundos, escribí un mensaje:

—¿Qué oferta de trabajo valdría la pena para que yo renunciara a La Ciudad de la Eterna Llovedera? le escribí al Gran Conejo Editor.

—Ninguna. Pa’lante. Persígnate y a la chingada.

Así.. En unas palabras se me desmoronó el futuro enfrentito. Que sí, que porque dicen que hay otro futuro que me estoy construyendo.

Quiero creer que así será.

LLEGAREMOS A TIEMPO (Playlist: Rosana)

“Ahí voy” es mi frase favorita de los últimos días. La repito en continuación. Podría ser mi estatus mental:

ahí voy, de regreso a casa, al pueblo, al nido. por un cumpleaños más. por una nueva fiesta. por un mejor festejo rodeada sólo y nada más de los que se quedan conmigo aunque yo no esté.

(de fondo suena eso de “Si te anclaran las alas, en el muelle del viento, yo te espero un segundo en la orilla del tiempo…”)

ahí voy encontrándole el gusto al Paraíso Tropical, aferrándome al barco aunque algunos piensen en eso de desertar. y me repito constantemente aquello que me dijo El Gran Conejo Editor antes de partir, mirándome directito a los ojos: ponte una fecha y no regreses antes, pase lo que pase, no regreses antes.

(“…Si te caes te levantas… No te rindas, no te sientes a esperar”)

ahí voy, con un piso que ya empieza a tener cara de casa. de mi casa. con un sillón mullidito y rojo, una lámpara de cuentas de cristal y un baúl traído desde más allá de la frontera.

(“…No te quedes aguardando a que pinte la ocasión, que la vida son dos trazos y un borrón”)

ahí voy, empujando despacito la puerta de la Empresa de Medios Más Grande del Mundo Mundial después del primer portazo en las narices, dándole la vuelta, buscándole el resquicio, metiéndo el hombro, haciéndome espacio porque siempre he sido de cadera ancha. porque de aquí nadie me saca hasta el día que yo me quiera ir.

(“…Sólo pueden contigo, si te acabas rindiendo, si disparan por fuera y te matan por dentro”)

ahí voy, con casi cien días eternos en la cuenta de mi recuperación. de mi “sólo por hoy”. de haber quemado las naves del Conejillo de Miura que nos llevaron de un continente a otro, navegándo entre las nubes con el solecito cálido pero también naufragando irremediablemente en un torbellino de dolorosísimo desamor. una, otra, una y otra vez. hoy lo miro sin tantitita nostalgia, desde la otra orilla, en tierra firme y con un horizonte distinto de por medio.

(“… Si te abrazan las paredes desabrocha el corazón.. no permitas que te anuden la respiración”)

ahí voy,  haciendo planes para el futuro al lado de un Conejo Artista. no sé si cercano o lejano pero futuro al fin y al cabo. abriéndo el buzón -y el corazón-, encontrando una carta de amor. de a deveras. de esas de amor de verdad, con timbre, sobre y mi nombre en el remitente. llegada directito -y literal- del fin del mundo. y ahí voy, cartita en mano y suspirando y muerta de miedo de un futuro que por primera vez se ve distinto. por un amor toditito mío, comprometido y con todas las ganas no de volar libre -ay sí estoy cursi- si no de amarrarse a mis alas.

(“…llegarás cuando vayas más allá del intento. Llegaremos a tiempo, llegaremos a tiempo”)

NO ME PREGUNTEN POR ÉL (Playlist: Crystal)

Hoy oficialmente volví a fumar… y a llorar.

Heme aquí, en el balcón de un apartamento en el Paraíso Tropical, con velitas perfumadas, vinito y una cajetilla de cigarros. Hay un vientecillo suave que apenas si mueve este calor infernal y a mi la tristeza se me estacionó suavecito al lado. ¿Dónde están Las Conejitas que responden veloces siempre a este estado de ánimo lamentable y, condescendientes, aceptan pasar la noche a mi lado escuchando estas lamentelas? ¿Dónde están esos Conejitos Varios que en una noche -y con el empiernamiento correcto- borraban a besos mis ausencias?

Creo que venía aguantándome las ganas. Haciendo como que todo andaba bien, sin andar. Pero volvió a pasar. Y tengo que volver a convencerme de que las decisiones tomadas son las mejores. Que vivir en este lugar tiene sentido a futuro. Que haber dejado mi espacio -y los fantasmas que él habitaban- me daría un nuevo respiro. Que tener un personal trainer, un mail de la Empresa de Medios Más Grande del Mundo Mundial y un novio artista eran parte de mi nueva vida. Joder. ¿Y si me equivoqué?

Hoy trabajé un turno extra. Esos que trabajan en sábado todos los que no tenemos nada mejor que hacer. Escribí sin descanso de uno que se murió, del que todos hablan y que -estoy segura- estaba más solo que una ostra con el mundo entero mirándole la cara. Seguro que él fumaba y lloraba.

Y pensar que apenas esta mañana había subido unas fotos a mi Egoteca que me mostraban radiante. Iluminada de sepia con una carita de enamorada recarcitrante. Y pensar que abriendo mi computadora me encontré con unas letritas que -en cualquier otro momento- le subirían el ánimo a cualquiera:

“lo siento pero es inevitable… demasiada tentacion… egoteca ergo que la naturaleza haga su parte… y si, destilas Mujer… dichoso aquel que te espulga el cabello… y escarba en la mirada llena de luz… y te rasca la nariz con ese percing puberton… y te muele los labios a costa de darle y darle… y te consume el sudor como elixir de vida… y te come el pescuezo languido, como la medula… bla bla bla… de cierto es que son legión… no, no son las chelas las que inspiran… quizas el efecto de la luz… y ese tono sepia tan sensual.. tan humano… tan tu… cada vez aprendo mas y entiendo menos… eso no importa… voyeur versus egocentrica… viva la diferencia!… en contexto, Vanessa Rubyn interpreta una rolita de Sting (Seven days)… muy a su manera… perfecto! nada concuerda…”

y no, nada concuerda. Ni mis grandes planes a futuro. Ni mi vida en el Paraíso Tropical. Ni la muerte del famoso. Ni guardar las fotos en una caja y meterlas en el fondo del cajón. Ni el novio artista que se deja vencer bajo el peso del pasado.

Bonita.. decía un mensaje en mi teléfono esta tarde.

El Buen Conejo Pluma Blanca aparece intermitente. Yo sonrío desde lo pronfundo cuando veo sus mensajes y no sé qué contestar. Me pesa tanto su no-presencia y mi falta de palabras.

También apareció El Editor.

Sólo dime que no es mexicano… habría dicho tajante, tal y como acostumbra.

Que no.. contesté.

Pero eso tampoco resuelve gran cosa. Yo que juraba que todo era un asunto de nacionalidad. O de ideología. O de cultura. Resulta que es un asunto de elección.

-Toma un avión inmediatamente y ven acá, habría dicho Miss Bussines Bunny hace apenas unas horas al teléfono.

-El problema, le dije, es que no es la locación sino los protagonistas de la obra.

Y bueno, de cierto, la locación no ayuda. Aquí lo más emocionante que me ha pasado es el impacto de un fruto tropical sobre el parabisas de mi Fat Red Boy en movimiento.

Pero los protagonistas tampoco. Sigo siendo la estrella principal de esta obra de la que ya, parece, me sé el final.

Aquí el tiempo pasa lento, el vientecillo sigue sin mover el calor infernal y yo he vuelto a fumar y a llorar.

Mañana es mi dia libre y tengo tanto miedo de amanecer conmigo.

UN GANCHO AL CORAZÓN (Playlist: Playa Limbo)

hoy estoy oficialmente hipersensible. con un nudo en la garganta. y no, no. ya dije que no voy a llorar.

estaba yo con el outfit equivocado, sin Big Fat Boy que no arrancó, y sin abuelita bloguera, cuando se me para enfrente el Conejito Chairo Che —con toda esa onda que trae cargando, su sonrisota blanca blanca sobre piel quemadita quemadita y su acentito así nomás: barridito— y me suelta de sopetón una de esas verdades grandototas que una, nunca, en ningún caso, está preparada para oírla.

y vamos, no es que me sorprenda por novedosa, si no por cruda. esa verdad es una que ya oí antes.

la misma verdad que me dijeron para correrme de aquella secundaria llena de monjas, o para expulsarme de la otra llena de mujeres militarizadas, o para repudiarme en la otra, aquella donde una no se debe andar enamorando a los directores. La misma esa que me pasó cuando al tercer semestre de la universidad yo nomás no daba pié con bola. Esa que me puso un vestido de novia un dia, para quitarmelo al dia siguiente toda asustada. La verdad aquella que me pasó del tingo al tango, de un avión a otro,  de una vida a otra.

la diferencia es que la dijo distinto: con una cierta paciencia, con esa miradita que he visto sólo algunas veces (en el buen Gran Conejo Editor por ejemplo), menos desconfiado, menos prejuicioso, silencioso ante el torbellino que sale de mi boca, escuchándome aunque haga como que no.

y les juro que ni parpadeé cuando lo dijo (nomás porque estabamos en lugar público y poco apto para las emociones a flor de piel):

—Ayúdanos a entenderte, Conejita.

y a mí, así sin más, con nudo en la garganta, ojo Remi y silencio enmudecedor, me dieron ganas de abrazarlo y ponerme a llorar.

ANTIDOLORIFICOMAGNIFICO (Playlist: Jovanotti)

Ah pero ¡qué arrastrada me acaban de poner! Y no, no. No tiene que ver con aquel asunto sexosos, si no con eso de andar perdiendo el rumbo de vez en cuando.

Aclaremos, al Gran Conejo Editor y Su Mejor Amigo uno los quiere, los aprecia y tiene muy en cuenta todas sus aseveraciones. Pero cuando estas son rudas-rudísimas, una no puede evitar el ojo remi, el parpardeo veloz y el nudo descomunal en la garganta.

Luego de hacer drama, a una no le queda más que sobarse el chipote de la frente y reconocer que tienen algo (alguito) de razón. Y pues sí: a la carga. (Ash! Ya que me había gustado eso de ser apapachada).

Ilustraciones: Arthur de Pins