RE-WELCOME TO MIAMI (Playlist: Will Smith)

–¿País de residencia? –dijo el señorcito de migración  con la mirada fija en los innumerables sellos de mi pasaporte.

–México –contesté segura y con una sonrisa de oreja a oreja. No estaba dispuesta a tener problemas el día de mi triunfal regreso al Paraíso Tropical.

–Pero tiene más de 260 días fuera de México… o sea que ahí no reside…

-Ah sí mire.. es que soy reportera…– contesté para justificar el ir-y-venir de los últimos años.

-¿Dónde vive?

-Mmm bueno, en realidad ahora estuve en La Ciudad de la Eterna Llovedera trabajando para La Empresa de Medios Más Grande Del Mundo Mundial, pero en realidad mi oficina está en El Paraíso Tropical… pero la verdad es que mi familia están todos en el Pueblo de Mis Orígenes… ¿sabe? yo ahí dejé un departamento.. sí.. todo mío…

Y estaba yo en esa retahíla de explicaciones para armarle al señorcito de migración el rompecabezas  de mi vida en siete maletas, cuando me interrumpió ligeramente hastiado.

–¿Dónde está su casa? –dijo por primera vez levantando la cabeza y mirándome a los ojos.

Por dos segundos, el estómago se me hizo chiquitito, se me armó un nudo enorme en la garganta y el agua me rebasó los ojos….

–¿Mi casa? –repetí.

Y cómo le explico a este señor no sé dónde vivo, ni dónde está mi casa y que tengo sólo un domicilio….

que vengo a iniciar una nueva historia, con toda mi vida guardada en las mismas siete maletas con las que salí del Pueblo de Mis Orígenes hace más de dos años… que ahí llevo arrastrando varios pares de zapatos de tacón, unos jeans, una serie de libros por los que he pagado tantas veces exceso de equipaje que me convendría más volverlos a comprar en el país al que llegue, varios años invertidos en  amores que nunca terminaron por cuajar y la memoria de los dos únicos hombres que se animaron a compartir casa conmigo, mis difuntos Manolo y Vicente, mis pececitos de Cabecera

que mi contrato en La Empresa de Medios Más Grande del Mundo Mundial me dio el mejor pretexto para salir corriendo (otra vez) e inventarme una nueva vida en La Ciudad de la Eterna Llovedera… que de eso tiene ya un  año y yo aún no sé si me la inventé tan bien… le sumé a la maleta los correos electrónicos de nuevos amigos entrañables y le resté las ganas de vivir como estudiante extranjero en un cuarto de 2×2.

que aún no tengo casa, coche ni dirección pero sí un Novio Como Dios Manda que me juró amor eterno como los otros, pero que lo quiere poner por escrito (no como los otros).. y aunque yo siempre haya creído que ese dura unos seis meses, estoy viviendo con serenidad mis tiempos extras… que yo no sé si me gusta tanto El Paraíso Tropical (bueno no, sí sé que no me gusta tanto) pero que vengo dispuesta a intentar vivir entre mar, mall y reggaeton  sin dejar que se me consuma el cerebro…  que después de todo… ¿qué tan mal le puede ir a una Conejita Chilanga en los States?

–Sí señor, en El Paraíso Tropical. Aquí está mi casa.

ANDO VOLANDO BAJO (Playlist: José Alfredo Jiménez)

Hace unos años, un día todo se me desmoronó.

Llegué a la oficina después de una noche de terror y no sé que cara me vió el Gran Conejo Editor que me mandó directito a buscar ayuda.

Supongo que la hallé y me salvé de tirarme por un paso peatonal en Constituyentes o quedarme enganchada otros mil años del Conejillo de Miura. Muerte segura tanto una como la otra.

Anoche me sentí igual. Lloré y lloré desconsolada ante una incertidumbre que me satura el depa cuadradito de 2×2 y con cocineta.

–¿Pero qué te pasa?, me pregunta al teléfono el Conejo Novio como Dios Manda con toda la buena intención.

Y yo me enojo y le respondo mal y me cierro y me encierro y bajo las persianas y duermo 48 horas seguidas y quisiera despertar con la vida resueltita.

Porque yo, lo anuncio oficialmente, ya me cansé y no sé bien de qué.

COLGANDO EN TUS MANOS (Playlist: Baute)

¿Qué dijimos, chingau? Esta Coneja que va jugando a hacerse la feliz y que el futuro se le cae justito a la mitad (amo las frases hechas jeje).

A ver, es cierto yo repetí –y bien convencida– la famosísima frase del señor Baute. Y no me rajé. Y lo cumplí. Y como en pocas ocasiones me puse flojita y cooperando. Que me suelto, que me aviento y que no me caigo. Estaba el gran Conejo Novio como Dios Manda esperandome abajito para cuidarme los huesitos. Y todo pintaba bien. Y todo parecía perfecto.

Pero sucedió una vez más: me fuí.

Me fuí, sí. Como siempre me voy. A otra casa-país-continente-vida. Y juro que hago mi mejor esfuerzo. Extraño como se extraña a los amores dejados en otro lado del océano. Tengo skype y mando mensajes a las tres de la mañana. Pero vivo como viviría cualquiera que estuviera instalado en La Ciudad de la Eterna Llovedera.

Y ahora me pesa. Y no el amor dejado allá, eh. Aclaro. Me pesa la resonsabilidad, todititia, de hacerlo feliz. A la distancia. Me pesa no saber partirme en dos. En dos vidas, con dos horarios distintos, con amigos y fiestas en las que sólo puede estar uno. Me pesa estar aprendiendo a ser feliz acá. Conmigo. Como siempre.

Me pesa ser yo. Porque bien lo sé (¡joder Coneja!), que quererme a mí siempre me ha dejado tan poquito tiempo para querer a alguien más.

Snif.

ACOMPAÑAME A ESTAR SOLO (Playlist: Arjona)

Mis días empiezan a solearse. Ya volví a usar tacones y la agenda se me va llenando: un fin de semana por allá, una fiesticilla por aquí, otra reunioncilla por acullá, unos tres que cantan conmigo al gran Ricardo el Poetilla Arjona a todo pulmón (en todos lados se cuecen habas) y una visita que me hace un hoyito en la panza mientras le voy quitando hojitas al calendario.

Y es que no sé si lo dije pero tengo un novio. Bueno no uno sino EL novio de la Conejita: el Conejo Novio como Dios Manda.

Uno se quedó lejos, casi a un océano de distancia. Y que yo hago como que no extraño pero un poco sí. Uno que me llama todos los días, a veces hasta dos, que me manda flores de-las-de-a-de-veras por encima del Atlántico y que me dice (y trata) como princesa.

Uno que bien dice La Coneja Jefa llegó calladito y así se ha ido instalando, muy a sus anchas, abriéndose camino en mis planes futuros y haciendo que a mí hasta me pasen desaparcibida las esporádicas re-apariciones del Conejillo de Miura.

Yo creo, señoras y señores, que suavecito, despacito y sin arranques pasionales, me enamoré.

ESTÁS QUE TE VAS Y TE VAS Y NO TE HAS IDO (Playlist: José Alfredo Jiménez)

Disculpen pero sí. He estado ocupada cursileando, haciéndonos arrumacos y dándome todos los besos disponibles para darse.

Si cuando dije lo del enamoramiento no era broma.

Como tampoco es broma que me quedan exactamente siete días en El Paraíso Tropical. Tic, tac, tic, tac. Y cada noche veo esas maletas listitas para irnos, los mejores tacones empacados y mis botas de hule para arrasar con La Ciudad de la Eterna Llovedera.

Y cada noche me repito que lo estoy haciendo bien, que fue una buena elección, que otro cambio de casa-país-continente-vida no puede ser menos que para bien, que tengo muchas calles aún por ver, gente por conocer y cielos por volar, que bla, bla, bla hasta quedarme dormida.

Y cada mañana despierto con un hoyo en el estómago porque las ganas de mirar el mundo de primera mano se me están haciendo chiquitas.

AGÁRRATE MAMÁ (Playlist: Gloria Trevi)

La historia salía de los labios del Conejo Novio como Dios Manda sin darse tiempo siquiera para respirar. Al mejor estilo de los discursos emocionados del Chavo del Ocho.

Yo, como toda Coneja Embelesada del Novio como Dios Manda lo miraba con los párpados a medio abrir.

Y voy a visitarte a La Ciudad de la Eterna Llovedera… y luego pasamos las próximas vacaciones juntos… y nos comunicamos por todos los medios informáticos del mundo mundial… y luego en un año regresas…   y qué tal que nos casamos… y vivimos juntos en un pisito… y que ponemos un negocio… y luego que tenemos hijos…

Brrttt.

El sonido de la aguja chirriando sobre el LP retumbó en mi cabeza al oír esa última palabra. Contuve el aliento. Abrí los ojos como platos.

Tic, tac, tic, tac. Quise ser prudente.

Está todo increíble…. Mmmm… Pero...  —dije como no queriendo la cosa, con la mirada desviada hacia el otro lado de la mesa, respirando profundo y dando un sorbo largo a mi copa de vino español

Y si… mmm… yo… ¿no quisiera tener hijos?

El silencio cayó de sopetón en el lugar. Parecía que el restaurante entero había decidido callar la boca y mirarme con ojos desbordados. Me faltó sólo contar los dedos acusadores que me señalaban.

Mala mujer, pensé.

Lo que siguió no vale la pena contarlo: la discusión fue tremenda. Dura. Dolorosa. Esgrimí todos los valiosos argumentos construidos en años de feliz soltería sobre el derecho a decidir sobre mi cuerpo, mi realización personal, la falta de instinto maternal, los muchos planes por venir, el famoso libre-como-gaviota-pero-felina-como-una-leona de la Gurú Lupita la Fiera D’Alessio y todo ese infinito bla, bla, bla que en este momento sonaba tan absolutamente hueco y vacío.

Mis argumentos, todos, fueron contrarrestados con una serie de razones igual de valiosísimas y cursilonas sobre el amor, el futuro, la pareja y la imagen de una bonita Mini-Conejita Regordeta con mis piernas y mi trasero correteando por la casa.

Joder.

Lo peor fue ver los ojos de profunda tristeza del Conejo Novio como Dios Manda al ver desquebrajados, ahí mismito en esa mesa, sus sueños de familia perfecta. El último golpe fue bajo y certero.

—¿Y entonces, a quién le vas a enseñar a creer en todo eso —valiosísimo, intenso y maravilloso— que has aprendido en estos años? dijo.

No supe contestar.