No soy yo, eres tú (Playlist: Neeext)

Estuvo el fin de semana en el Paraíso Tropical. Como no queriendo insistió en verme con el (mal) pretexto de los chicos. Después fue y vino como dando vueltas a un tema que quería abordar. Al final, lo hizo.

-En los últimos días has estado distante, dijo. Lo noté.

No hacía falta decir más: ahí estaba todo el meollo del asunto. El Conejito Emocionalmente Unavailable quería saber si estaba o no en una relación. Aproveché para desbocarme.

-No quería tocar el tema pero si quieres lo hacemos, dije.

Y ahí empezó la conversación más larga que hayamos tenido sobre nuestro estado emocional. Y lo que suponía ser una advertencia de mis intenciones de poner el corazón en el mercado del romanceo se convirtió en la clara retahíla de “no eres tú, soy yo” de toda la vida. Te quiero tanto, pero no tanto como para comprometerme contigo. Me gustas pero no estoy listo. Vamos a darnos tiempo al estilo José José. Y la lista de etcéteras que este blog tiene registradas desde hace años.

Y yo, le creí. Pero ya no.

Porque llevo en este juego demasiados años. Porque no sé si quiero esperar a que este (mos) listos. Porque en mi lista de espera empiezan a aparecer otros conejitos que sí lo están. Porque solo seré enfermera, sicóloga, amante, compañera y cómplice de quién esté dispuesto a serlo para mí.

Porque creo, más que nunca, que el amor es una cuestión de timing. Y timing esta vez no  juega a favor.

Tu amor es una trampa (Playlist: Ándate con cuidado)

Una botella de vino después estoy en casa -siempre antes de las 11pm. Llevamos por lo menos cinco salidas. La conversación cada vez es más interesante. Los temas no terminan. Tiene algunos años más que yo. No son tantos pero lo parecen. Físicamente no me arrastra. Aunque estoy convencida que en su momento era parecido a Luis Miguel de Todos Mis Amores. Tiene esos rasgos: los ojos increíblemente claros y transparentes, el pelo rubio engominado hacia atrás, la piel blanca ajada por tanto sol. Pero sobre todo tiene esa actitud. Es un hombre. Se come el mundo. Sabe hablarle lo mismo al dueño del restaurante que al del valet. Con ese acentito británico. Me abre la puerta, me sirve el vino, recuerda cada uno de mis comentarios de la cena anterior. Lo dice todo el tiempo y no se lo puedo negar: un caballero. En la extensión más amplia de la palabra. Eso cuenta y pesa.

Me recuerda a Conejito Pluma Blanca. Me recuerda a otros Conejitos de tiempos inmemoriables. Me recuerda que no tiene caso seguir dedicándole tiempo a los Conejitos Emocionalmente Unavailables.

El Conejito Nostálgico dice que me está tejiendo la trampa como los grandes. Despacito, alrededor, sin prisa. Y que al momento menos pensado, caeré como peso muerto. Qué se yo.

Mientras tanto, yo aquí. Conteniéndome el corazón. Guardado en su caja hasta que no esté seguro de siguiente paso. Mientras tanto, creo que puedo seguir teniendo muchas cenas a su lado.

Call me, maybe (Playlist: Canciones que ya sabemos el final)

Preguntó si estaba lista para el dating.

Contesté alguna tontería.

Durante semanas creí que ahí había una historia que podría escribirse… si fuera el momento…. si estuviera disponible… si los planetas se alinean… si… si… si…

Y así la historia que en un inicio me parecía (y era) un rayo de luz comenzó a tornarse oscura. Mensajes que no llegan. Conversaciones que no dicen nada. Desapariciones. Huidas. Silencios inexplicables. Todos y cada uno de esos comportamientos que ya he visto alguna vez. Esos que despiertan mis inseguridades, enganchan con mis miedos más recónditos y azuzan a la loca que vive en mí (y que tengo vidas manteniendo bajo control).

Y yo por ahí sin entender nada. Tratando de armar las piezas de un viejo rompecabezas, me topé con pared: “Lo sentimos pero el Conejito que usted llamó no está disponible o se encuentra fuera del área de servicio”, me decía la grabación de relaciones inexistentes de mi cabeza.

El insomnio reapareció. Y como una bofetada entendí lo evidente.

Mi diagnóstico (qué a estas alturas tengo historial que me certifica): Conejita de Indias enganchada con Conejito Emocionalmente Unavailable.

Bueno sí. No era difícil de deducir pero una al final siempre cae en la cuenta. Y caí. Por lo menos más rápido que en ocasiones anteriores.

Ahora me pongo el alma en paz. Y me repito la cantaleta: No soy yo. No es él (o sí). Ni siquiera es la situación. Es así. Simple.

No está para darme lo que necesito ahora. No se muere por mí. No puedo, no quiero estar on hold esperando a que suceda. No soy su amiga, no quiero besar a mis amigos. No quiero esperar por una historia que en el fondo, ni siquiera sé si llegará. Sobre todo, no quiero dejar de dormir. No quiero ver el teléfono infructuosamente.

Escucha bien: No quieres -Conejita de mis Mil Indias- perderte ahora que has hecho tanto para encontrarte.

Gracias pues Conejito Unavailable por haberme dado un baño de luz. Una idea emocionante de futuro. Un sueño en ciernes. Unas ganas serias de volver a enamorarme.

Gracias aunque todo esto ahora lo obtenga sin ti.