REALMENTE NO ESTOY TAN SOLO (Playlist: Arjona)

Esta mañana fui al dentista. Mi doc es un superstar. Está rodeado de señoritas rubias, en bata blanca y que sonríen mucho. Me tuvieron dos horas preparándome, tomándome radiografías, haciéndome preguntas y finalmente apareció la estrella. Pelo engominado, bronceado perfecto y obvio, dentadura impecable. Me sonrió muy cerquitita de la cara, revisó mis dientes durante 32 segundos, escribió algo en una hoja y dijo:

¿A quién llamamos en caso de emergencia?

Lo ví. Arrugé el entrecejo y conteste:

A nadie.

Ayer pasé el primero de dos exámenes para conducir. Contesté con mucho cuidado, con el corazoncito en la mano, como si con la licencia aquí uno se jugara la deportación. Y casi. En 25 minutos ya tenía yo un bonito sello de aprobado en el documento. Salí sonriente.

Hoy choqué.

Y no no. No pasó nada. El señorcito que le pegó a mi Red Fat Boy seguro era un poco más ilegal que yo porque prefirió darme US$200 y salir corriendo en dirección contraria. Obvio, yo alargué la manita, me embolsé el dinerito y subí temblando al auto. Entonces pensé que no tenía a quién llamar.

Ahora ya pasó el susto. Estoy dejando que las  horas se me escurran encima. Anoche en una larga sesión de pasta y vino el tema siempre fue el mismo: un Paraíso Tropical que no es ni tan paraíso ni tan tropical (a no ser por aquello de las lluvias).

-Hay que reducir nuestras expectativas, dije optimista.

Y juro que estoy intentándolo.

PD. Escribió el Conejito Tan Campante. Me reí. Dice que ando enamorada, yo le digo que no. Extrañaba sus letras.

PD2. Dos botellas de vino sirven sólo para que a mí se me suelten los deditos. Rápida como soy tecleé: ¿Sabías que eres tremendamente sexy?. Joder. Soy una auténtica letra-suelta.

pD3. Tengo un pendiente muy pendiente: el Buen Conejo Pluma Blanca. Sobre todo porque está jugando a que no pasa nada y yo sé que pasa y que no pregunta y que yo quiero decirle y que, aunque lo dude, le pienso.

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Y LLEGASTE TÚ (Playlist: El Recodo)

Conejito Tan Campante te ha agregado al messenger. ¿Aceptas?

Así más o menos fue el mensaje que apareció en mi computadora, casi violentamente, apenas llegué a la oficina. No pude ocultar la sonrisa. 51WbSv2c3pL._SL500_AA240_Obvio, acepté de inmediato y pasó lo inevitable. Más de 27 minutos de conversación ininterrumpida que fue desde las seriedades técnicas hasta los placeres deportivos personales. Joder. Fluyó despacito como fluyen las buenas platicas. Sin rollos, sin dobles fondos, con alguna referencia perdida por ahí que sólo entiende quién tiene que entender. Y yo, como siempre, soy una feliz víctima de las palabras.

Si ya lo decía yo que no podía haberme equivocado tanto. Tengo la increíble capacidad de toparme con buenos, grandes hombres.  Conejitos que valen la pena (bueno, con sus excepciones). Y que una quiere conservar para la vida. Así nomás.

Más tarde en mi facebook apareció un mensaje de un Yuppie Bunny que había dejado en el olvido. O que más bien, ya ni recuerdo cómo es que lo conocí. Eso sí, cumple con todos los requisitos: guapo, extranjero, bronceado, atlético, blanca sonrisa de oreja a oreja, look producidísimo que jura que es casual -que le incluye t-shirt Lacoste- y, lo podría firmar, trabaja en Comercial. Un yuppie como-dios-manda. Y sí, irremediablemente, nos recuerda tanto tanto a My Stress Rabbit.

“Estaré en Palm Island en estos días, si tienes tiempo te invito a tomar algo o a comer”.

Ay, Conejita, ¿pero qué dijimos de olvidarnos de esa categoría de hombres por com-ple-to?

WELCOME TO MIAMI, BIENVENIDA A MIAMI (Playlist: Will Smith)

Todo estaba tal y como lo había dejado. Abrí la puerta y me sentí en ¿casa? ¿Será que este pequeño flat playero está logrando meterse en mi corazoncito?

Minutos antes había visto al Conejito Chairo Ché. Apareció exactamente igual que la última vez que lo ví. Con esa sonrisa tan blanca por encima de la piel quemada por el sol, el pelo que le cae desordenado sobre los ojos y los cargo verde seco de quien viene de explorar algún paisaje inhóspito (aunque eso sea una zona chic de la península) y una sonrisa que, sin decirlo, yo interpreté como una bienvenida.

Debo decir que se le extrañó. No sé por qué. ¿Será que ante la soledad que permea una ciudad como ésta, una va estableciendo lugares importantes para los primeros que me dieron una palmadita en la espalda? ¿Será porque mantuvimos comunicación epistolar, útil para no despegar los pies de la tierra? ¿Será por que compartimos -sin decirlo- la historia del Conejito Tan Campante y mi Una Noche De Copas, Una Noche Loca como bien diría la Doña María Conchita de los Cascos Ligeros Alonso? Será el sereno. Gracias.

En cambio, el que apareció sin aparecer fue El Buen Conejo Pluma Blanca. Quizá es que yo pensaba en algo más eufórico, más desgarrador… pero se limitó a los primeros mensajes de bienvenida en la blackberry. Y párale de contar. Tic, tac, tic, tac. Me quedé esperando.

Hoy, dos días después de mi llegada, un domingo cualquiera con el silencio pesado de la casa y el ambiente húmedo de esta zona tropical, caigo en la cuenta de que Benedetti no podía haber escogido mejor día para dejarme con mi soledad tan concurrida, tan llena de nostalgias… y de rostros de vos.

LÁSTIMA QUE TERMINO (Playlist: Recuerdos de infancia)

Repito nomás pa’ dejarlo claro. No soy cool. No soy inglesa. Soy una princesa y a mí, sí me gustan las miradas cómplices al día siguiente. Aunque tengamos claro que nada, nada, nada pasó por aquí.

Ese fue mi mensaje mañanero. Quizá exageré. Quizá me pasó dos segundos por la cabeza el clásico “¿pensará que estoy intenseando?”. Rapidito se me olvidó y le di clic. Porque no, a mí eso de pasar como si nada no me gusta. Porque no, yo no le voy dando la manita al primer borracho de junto. Porque no, no me gusta que me respiren al oido así nomás porque sí. Aunque tenga claro que nada pasó, tampoco me hago como si no sucediera. Joder.

Dio gusto la respuesta. Afable, con una sonrisa grandota de oreja a oreja y un guiño. Tenía hasta un respiro aliviado de que hubiera dado el primer paso, rompiéndo así la tensión a mil que se había formado. Si yo bien lo digo, los Conejitos a final de cuentas, son igual de sensibles que una y nomás van por ahí haciendo como que no.

Mañana me voy de aquí. Obvio, esta noche hay guateque. Y no, no, tal y como lo dije, no pasará nada.

VÍSTETE (Playlist: Nacha Pop)

Dejándo el homenaje póstumo a Nacha Pop a un lado, me preguntó cuándo es que el sexo cobra significado.

El curso terminó como debía: en el bar del sótano. Al inicio no eramos más de cuatro que reían, con esa ligera euforia que da el sentirse “oficialmente” parte de la Empresa Más Grande de Medios del Mundo Mundial.

La cerveza corría con -demasiada- facilidad. Y como una consecuencia lógica se fueron sumando poco a poco, otros integrantes con un pretexto cualquiera para beber. Así ya no fue tan dificil entender el inglés como idioma común aún cuando nuestras cabezas se dividieran entre nepalí, portugués, galés, español -con todas sus variantes locales- y árabe.

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Todo me iba de maravilla, de no haber sido por el trainer libanés que había decidido enamorárse perdidamente de mí en las últimas dos semanas.
-I want to invite you a drink,, me había dicho para iniciar un largo discurso en inglés con acento árabe que incluyó una invitación al Ice Bar, una botella de cava y otros absolutos clichés del ligue.

-En todos lados se cuecen habas pensaba yo, tratando de disimular el bostezo cuando lo cuando lo ví aparecer.

Era el Conejito Tan Campante, aquel que había demostrado una cierta “hospitalidad” en mi primera visita al lugar. Esbocé mi mejor sonrisa congeladísima y solté un ¡qué gusto verte! disfrazado de un ¡sálvame!.

Ah! qué bonitos son los latinoamericanos que entienden todo al vuelo.

Dos minutos después ya estaba yo liberada y comenzando a sentir ese ligero mareo de la borrachera que está sólo por iniciar. Muchas risas, mucha gesticulación.. y como quien no quiere la cosa, los primeros “contactos”. Ji, ji, ji. Manita en la rodilla. Ja, ja, ja. Comentario cerquita de la oreja. Ji, ji, ji. Salud. Ja, ja, ja. Sígamosla en otro lado.

Y así, siguiendo a la tribu de brasileños que danzaban por las calles -pandero en mano-, terminamos en uno de esos clasicazos pubs locales sentados muy juntitos. Ya la plática era intrascendente: a nadie le importaba de nuestros viajes, ni de nuestras teorías sobre el uso del internet, ni de la política exterior en Cracovia. Lo que contaba era sus dedos tocando como si nada los míos, su aliento cerquitita, mi sucesión de miradas caídas.

Ah! pero cómo extrañaba el juego absurdo de la seducción, la adrenalina del ligue insensato, el lanzar el anzuelo sin saber quién de los dos es el que termina por morder.

El problema, Conejita, es no siempre saber a dónde va a parar.

-¿Qué tienes que hacer mañana? preguntó.
-Obvio, nada. Soy turista, contesté demasiado rápido.
-Entonces vamos a mi casa, mientras me tomaba de la mano y abría la puerta de unos de esos famosos taxis negros.