BIENVENIDOS (Playlist: Miguel Ríos)

Llegó La Visita.

No habían dado las 11am cuando sonó la puerta. Abrí con emoción en la panza y era la mismísima Bombón Bunny, cargada de maletas, huevos de Pascua y hasta cartitas familiares. Pasamos 6 horas poniéndonos al día: el cafecito de la semana pasada con el Conejito ReteBien Portado, de las incoherencias de esta tierra y obvio, los temas de rigor: uno,  Buen Conejo Pluma Blanca y nuestro intercambio epistolar. Y dos, no podía faltar, el Conejito de Siempre. Sin conclusiones.

Fumamos. Reímos. Nos atropellamos las palabras. Entonces entendí qué fue eso que más trabajo me costó dejar allende la frontera, qué fue lo que más me dolió soltar en la Salida Internacional del aeropuerto: mi ‘familia’ elegida. Mi buena banda, mis cuadernos, mis ‘chiquillos’. Ese círculo cercano, de diario, de los momentos importantes, de desayunos los domingos, de la respuesta pronta, de la disposición entera, de la confianza mutua.

Los que estuvieron ahí. Esos que hoy, de una manera u otra manera, están aquí.

Gracias.

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VIVA LA VIDA (Playlist: Coldplay)

Tuve mi primera salida oficial en tierras de “extranjia”. A decir verdad, la primera en muchos meses, aún sin cruzar la frontera.

Estaba, como suele suceder en domingo a las 8pm, en chancla y pijama viendo la tele que sólo sintoniza un canal (de noticias locales y clima: la ventaja es que en este lugar los huracanes son cosa de todos los días) cuando sonó el celular.

¿Bridget? preguntó una voz al otro lado de la línea. Soy el Conejito ReteBien Portado, hoy tu vecino y amigo del novio del primo del conocido de tu hermano. ¿Quiéres ir por un café?

Ah… eh… si.. mmm… ups. Tartamudeé como una idiota. Obvio sabía quién era. Obvio no me esperaba una “invitación” así de rapido. ¿Me das diez minutos? pregunté con fingida calma mientras me deshacia de los pants con una pierna, metía el otro pie en mis tacones más altos y me ponía mi vestido más corto. En estos casos uno siempre necesita levantar la autoestima.

En tiempo récord, 13 minutos para ser exacta, ya estaba yo tomando el elevador. Perfectamente maquillada, perfumada y el pelo ligeramente despeinado. Por aquello de jugar al “ups, me agarraste de sopresa”.

image-id146-24Lo ví aparecer y supe que era un buen tipo. Se bajó del auto, me abrió la portezuela e hicimos un recorrido por el barrio. La plática tardó en tomar fuerza: empezó con el nuevo disco de Coldplay, del que por supuesto no tengo la más remota idea (pero él nunca se enteró de eso. Hoy ya está en mi iPod).

Lentito entre silencios incómodos iba pasando la noche. De repente, jugada maestra. A mi lado derecho apareció una librería espectacular.

-Ven, vamos. Te va a encantar, dijo.

Dicho y hecho. Apenas empezamos a recorrer el lugar sentí esa conexión que me dan los tipos con letras en la cabeza. Ni romántica, ni sexosa. Letras, puras letras. Las descargas vinieron cuando encontramos un libro enorme de arquitectura espectacular. Pasamos una hora, hombro con hombro, señalando edificios, ganándonos la palabra para ver quién reconocía alguna construcción. Reímos con ganas.

De ahí, fue facil pasar a las mesitas, pedir una copa de vino y hablar: él, de los secretos de Miami… yo, del síndrome de Stendhal… él, de su trabajo creativísimo… yo del mio, internetoso… él de sus exnovias cosmopolitas, yo de los míos italianísimos… él de sus planes a futuro, yo de los mios. Como si nada, nos llegó la madrugada. Despedida cortés en el quicio de la puerta.

Me metí a la cama con el respiro de una nueva vida. Amanecí con un mensajito en el celular.