ADELANTE CORAZÓN (Playlist: Daniela Romo)

¿Yo dije que a mí no me pasaba nada? Ja.

En un tranquilo día de descanso decidí rentar -por qué no- un camión. Sí. Tremendo camión que me sirviera para traer a casa un sofá. No había marcha atrás: estaba dispuesta a convertir mi casa en hogar y dejar de andar lloriqueando por los rincones, como la muñeca fea.

ewrweAsí que al mejor estilo de Lola la Coneja Trailera monté en el armatoste aquel y manejé las decenas de millas que me separaban de mi Ikea de confianza. Regresé con tremendo sofá rojo-red y lo subí, literal a cuestas, al bonito piso del Paraíso Tropical.

Terminé el día con más callos que un plomero pero con sillón y librerito montado.

Estaba yo tan contenta con todo el trajín, pero como suele suceder en estos casos en mi vida trastornada, todo se vino abajo con una llamada de teléfono. Joder. ¿Pero no que ibamos tan bien? Rumié tres segundos -con un coraje de esos que se estaciona en la boca del estómago- hasta que decidí hacer mi buena acción del día: llevar a So nice Bunny a la oficina para evitarse eso de esperar bajo el rayo inclemente del sol un autobús que, en esta ciudad, es casi un imposible.

De ahí al súper, a la gasolinera, al centro comercial, al banco y a todo eso que me hiciera distraerme de un día largo y cansado. Apenas anocheció me metí en la cama, declinando la invitación de una buena noche de rumba. Esperé que la cosa cambiara con el nuevo día.

Y no.

A las 6am sonó el teléfono. No entendí bien pero contesté. Del otro lado una voz me explicaba que había que correr al hospital porque uno de los Conejitos Inmigrantes (como yo) estaba ahí. Parpadeé. Me lavé los dientes, me puse mi vestidito tan chic de la noche anterior y salí corriendo.

Llegué al hospital en tres segundos. Me encontré a So nice Bunny en una camilla con cara de no-entiendo. Los otros dos tenían los ojos rojos de no haber dormido toda la noche. La sensación fue la misma: estábamos los tres tan perdidos en esta ciudad que a la hora de preguntar “¿A quién llamamos en caso de emergencia?” terminábamos llamándonos entre nosotros.

Con los ojos pegados entendí la explicación de un choque, un coche en pérdida total, un conejito asustado y una ciudad que sigue poniéndonos a prueba.

No obstante, tomé fuerzas para estar lista a las 10.30 y correr al almuerzo con el Jefe de Jefes. Me emocionaba saber que estaba a punto de conocer gente “como uno”. Y no, no, no son referencias clasistas. En menos de tres horas ya estaba yo sentada con tremenda cantidad de periodistas latinos -de un medio que no es La Empresa Más Grande de Medios del Mundo Mundial– hablando de lo mismo y en la misma sintonía. Ah qué felicidad que da hablar el mismo idioma.

Pocas horas después -y con una botella de vino encima- canté a todo pulmón aquello de la Señora Daniela Pelazo Romo.

Adelante corazón, no llores más, que el camino aún es largo para amar. Tienes que latir muy fuerte que la vida espera ya.

Manejé despacito hasta la redacción de todos los días. Tengo turno hasta las 2am y siento que me estoy haciendo vieja por segundos.

Ilustraciones: Arthur de Pins

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ES QUE ESTAS HECHA DE PLÁSTICO FINO (Playlist: Radio Futura)

Reprobé.

Sí. Reprobé mi examen de manejo. Y eso me pone muy muy de malas. Me sentí profundamente ofendida cuando el señorcito del turbante decidió simplemente decir “no”. Todo porque me detuve 3 en lugar de 5 segundos en el Stop. ¿No nos parece eso una nimiedad?

De nada sirvio haber estudiado el manual de 63 páginas y aprendérmelo de memoria. De nada sirvieron mis miles de papeles y papelitos en regla. De nada sirvió la desmadrugada. Para acabarla, de nada sirvieron mis encantos, el aleteo de las pestañas, el jean ajustadito en el muslo, la sonrisa radiante -misma que se congeló minutos después-.

Según el Conejo Chairo Ché bien merecido me lo tengo por ir por ahí, sacudiéndome encantos para convencer a los machos a base de miradas lánguidas. Hasta aplaudió.

Y yo que insisto en que la culpa la tienen los caballeros. Primero se dejan convencer -históricamente- por una miradita caida, una tacón estilizador y un destilar cualquiera de hormonas… van por ahí, orgullosos de las chicas siliconadas, los autos laaargos y los partidos malos de futbol y luego resulta que la culpa es de una por utilizar el encanto femenino.

Y a mí, con lo que me gusta contonearme. Ash.

UN GANCHO AL CORAZÓN (Playlist: Playa Limbo)

hoy estoy oficialmente hipersensible. con un nudo en la garganta. y no, no. ya dije que no voy a llorar.

estaba yo con el outfit equivocado, sin Big Fat Boy que no arrancó, y sin abuelita bloguera, cuando se me para enfrente el Conejito Chairo Che —con toda esa onda que trae cargando, su sonrisota blanca blanca sobre piel quemadita quemadita y su acentito así nomás: barridito— y me suelta de sopetón una de esas verdades grandototas que una, nunca, en ningún caso, está preparada para oírla.

y vamos, no es que me sorprenda por novedosa, si no por cruda. esa verdad es una que ya oí antes.

la misma verdad que me dijeron para correrme de aquella secundaria llena de monjas, o para expulsarme de la otra llena de mujeres militarizadas, o para repudiarme en la otra, aquella donde una no se debe andar enamorando a los directores. La misma esa que me pasó cuando al tercer semestre de la universidad yo nomás no daba pié con bola. Esa que me puso un vestido de novia un dia, para quitarmelo al dia siguiente toda asustada. La verdad aquella que me pasó del tingo al tango, de un avión a otro,  de una vida a otra.

la diferencia es que la dijo distinto: con una cierta paciencia, con esa miradita que he visto sólo algunas veces (en el buen Gran Conejo Editor por ejemplo), menos desconfiado, menos prejuicioso, silencioso ante el torbellino que sale de mi boca, escuchándome aunque haga como que no.

y les juro que ni parpadeé cuando lo dijo (nomás porque estabamos en lugar público y poco apto para las emociones a flor de piel):

—Ayúdanos a entenderte, Conejita.

y a mí, así sin más, con nudo en la garganta, ojo Remi y silencio enmudecedor, me dieron ganas de abrazarlo y ponerme a llorar.

WELCOME TO MIAMI, BIENVENIDA A MIAMI (Playlist: Will Smith)

Todo estaba tal y como lo había dejado. Abrí la puerta y me sentí en ¿casa? ¿Será que este pequeño flat playero está logrando meterse en mi corazoncito?

Minutos antes había visto al Conejito Chairo Ché. Apareció exactamente igual que la última vez que lo ví. Con esa sonrisa tan blanca por encima de la piel quemada por el sol, el pelo que le cae desordenado sobre los ojos y los cargo verde seco de quien viene de explorar algún paisaje inhóspito (aunque eso sea una zona chic de la península) y una sonrisa que, sin decirlo, yo interpreté como una bienvenida.

Debo decir que se le extrañó. No sé por qué. ¿Será que ante la soledad que permea una ciudad como ésta, una va estableciendo lugares importantes para los primeros que me dieron una palmadita en la espalda? ¿Será porque mantuvimos comunicación epistolar, útil para no despegar los pies de la tierra? ¿Será por que compartimos -sin decirlo- la historia del Conejito Tan Campante y mi Una Noche De Copas, Una Noche Loca como bien diría la Doña María Conchita de los Cascos Ligeros Alonso? Será el sereno. Gracias.

En cambio, el que apareció sin aparecer fue El Buen Conejo Pluma Blanca. Quizá es que yo pensaba en algo más eufórico, más desgarrador… pero se limitó a los primeros mensajes de bienvenida en la blackberry. Y párale de contar. Tic, tac, tic, tac. Me quedé esperando.

Hoy, dos días después de mi llegada, un domingo cualquiera con el silencio pesado de la casa y el ambiente húmedo de esta zona tropical, caigo en la cuenta de que Benedetti no podía haber escogido mejor día para dejarme con mi soledad tan concurrida, tan llena de nostalgias… y de rostros de vos.

ME SIENTO VIVO (Playlist: Fobia)

Ampollas… ampollas… ¡AMPOLLAS! Sí, eso: am-po-llas. Mis dulces pies de princesa están llenos de ampollas. Y sí, mañana oficialmente es mi primer día de trabajo. Joder.

arthur-de-pins1Si eso a mí no me había pasado nunca, si después de tanto viaje creía tener todo bajo control, si escogí con detenimiento el outfit. Y hoy, ahora que estoy en el Hotel Victoriano que Todos Quieren. O no, en el que si no hay baño, mucho menos un botiquin, pues nada. No hay ni un rejodido curita para mi talón. Ahora que alguien me explique si presentarme mañana en Empresa De Medios Más Grande del Mundo Mundial en havaianas blancas, con talón al aire y ampollita despellejada? Grrr.

En otras cosas, alguna vez me enamoré en tiempo 3 segundos -bueno varias- pero aquella fue de un Pibe Inseperado y en ese entonces argumenté mi atraccion hacia su ego desbordado. Tan seguro, tan carismático… tan argentino. Y yo, caí. Pues resulta qeu ese Pibe Inesperado hoy vive aquí, en esta ciudad y quedamos, tal vez, de encontrarnos.
No pasa nada. A mi, ya bien sabemos, el corazón me late para otro lado. El izquierdo.

Pero todo este argumento de la nacionalidad, es para decir que debo reconocer que me he topado con otro, que padece del mismo mal: encantador y egocéntrico. Y no, no, no es porque yo tenga el corazón como estación de transborde del Metro Chabacano, si no estoy tratando de ser objetiva. El Conejito Chairo Ché es la onda. Yo sé que las primeras en decirmelo fueron Mis Dos Alegres Visitas a las cuales no les creí mucho. Pero, apenas fue llegar a esta ciudad, para oir puras lisongerías del susodicho. Sin entrar en detalles y -rango aparte- en toda la escala jerárquica de la Empresa Más Importante del Mundo Mundial se le quiere. Y bien. Hubo quien se azardó a decir que es la mejor pluma de éste lugar, en su versión en español (junto a otro que luego les cuento). Coño. Esas son palabras mayores, no?

El caso es que esta mañana, lo leí. Y bueno sí. Confirmo. No es que deje caer anotaciones al margen así suavecito e irrefutables, no es que cuando habla mueve los brazos como para comerse el mundo, no es que camine ligerito con la vida guardada en la maleta, no es que suelte frases como si fueran verdades absolutas, es que es buena persona. Punto. En el sentido más extenso de la palabra. Vale pues ya, es encantador, egocéntrico, guapo y no, de éste yo no me enamoro.

Finalmente, ya turisteé. Hice el recorrido de rigor: vi los monumentos que había que ver, paseé por los parques que había que pasear y hasta, de plano pa’ no dejar, me tomé la foto del recuerdo. Será el sereno pero a mí, me gusta más la gente que los recuerdos.

Pero de pronto, como no queriendo fui a dar a la National Portrait Gallery y, me perdieron. Ahora entiendo por qué lo primero que quise ser en la vida fue fotógrafa (obvio después de Corista de Emmanuel). Caminé rapidito, el corazón se me agitó y me pasé horas y horas ahí sentada.

Luego como si no fuera suficiente, llegué a mi otro nuevo lugar: el mercado de Portobello. Y me perdí otra vez. Y todo será culpa de Bombón Bunny y su in-cre-í-blé naivness playlist, pero mientras la escuchaba y el sol me pegaba en la cara, el frio me entraba por los pies desnudos, y caminaba sin rumbo sabiendo que no tenía ninguna prisa por llegar a nowhere.. entonces, y sólo entonces empecé a llorar.
Despacito. Como aquella vez bajo el agua. A llorar lagrimitas que resbalaron sin ruido ni sollozos. Así de simple: a llorar.