Impronunciable

Creo que es hora de decir eso que me he negado a siquiera pensar con la férrea convicción de que si no lo digo, no sucede.

Aunque he pasado los últimos 50 días sentada junto a la cama de un hospital, no he permitido que esa idea se convierta en palabras. Algunos lo han sugerido:

-“Creo que es tiempo de que lo consideres”, dijo su hermana desde la silla de junto mientras ambas mirábamos la cama de metal.

-“No”. No sé si lo dije o lo pensé. No lo pienso, quiero ni intento considerar.

-“Dejemos que la naturaleza siga su curso”, me dijo un doctor en un cuartito con una mesa, una lámpara y una caja de Kleenex. En mi interior se desataron todas las furias de los océanos. ¿Qué coños dice? Llevamos siete si-e-te años haciendo que la naturaleza no siga su curso y eso no va cambiar ahora.

Otros lo han sugerido sutilmente con la consabida frase “que se haga la voluntad De Dios”. Yo en tanto no sé siquiera cómo creer en ese Dios, su voluntad y su manera de amar.

Pero esta mañana, esa idea maldita se posó suavemente en mi entrecejo. Justo cuando le tomé la mano mientras se estrujaba con fuerza la cabeza y arrugaba los párpados haciendo que una lagrima se escurriera lenta desde la comisura. Así no, pensé. Así me quedan menos herramientas, menos argumentos, menos alientos para aferrarme a nuestra lucha. Así no te quiero. Así no nos quiero. Así si quieres, te dejo.

Anuncios

Lo que no sabía de mí

Esta vez se trata de mí: no sabía cuántas canas tenía, no sabía cuántos días era capaz de resistir sentada en un cuarto de hospital, no sabía que podía usar los mismos zapatos más de un mes, no sabía que así era el amor después del enamoramiento, no sabía del agradecimiento eterno a quien cuida de ti. No sabía tampoco que era capaz de sentir ternura, compasión y coraje. No sabía tampoco de la rabia y la impotencia ni de cómo se sienten dos minutos de vacío. No sabía que creía en los milagros (los de Dios, del Universo o de la medicina -qué importa). No sabía que podía convertirme en una roca, un fuerte, una estatua de sal, un rompeolas para cuidar de los míos, de mi tribu, de mi clan. Así mis 48 días de “para qué” y no “por qué”. Aquí vamos de nuevo.

IT’S A SMALL WORLD (Playlist: Infancia en Disneyworld)

Corrí para llegar. Fui a ver muebles provenientes de la India. La nueva casa se los merece. Aunque sea uno chiquito y a 13 meses sin intereses.

El señorcito me miró y me señaló con el dedo unas escaleras. A un lado, tres enormes figuras cubiertas de polvo —un león, un elefante y una deidad— parecían estar de guardia. Al fondo una enorme puerta de hierro cerrada con un candado me estaba esperando.

Por aquí, dijo. Mientras abría la pesada puerta.

2174-mLos rayos de la luz de la tarde se precipitaron mientras yo parpadeaba tratando de distinguir los objetos en esa bóveda oscura. Un montón de partículas de polvo se habían quedado suspendidas en el aire y al fondo, entre plásticos y mantas logré ir descubriendo un montón de objetos. Distinguí varias cómodas, los sillones tallados a mano, los candelabros de latón coloreado, los baules de madera con remates dorados… Esto debía ser un sueño.

A mi lado, mi mamá La Coneja Mayor me tomó la mano. Sabía lo que para mí representaba todo esto, mientras yo me deslizaba —eso sí, muy entaconada— por entre las figuras y los muebles buscando la mejor oferta. Horas más tarde, mientras cenabamos pollo con curry y cardamomo preparado por el mismo señor que se sabía los precios de los muebles a la perfección, me miró con ternura.

Toma… dijo mientras me daba un libro. “De parte de la princesa muerta”, se leía en la portada. Me recordó tanto a tí… léelo. Aquí encontrarás tu palacio hindú.

Creo que lo supo desde entonces. Desde que, por ahí de los siete años, me llevó a verlas: todas las muñecas del mundo metidas en “un pequeño mundo” disneyworldero. Y yo quise ser una de ellas.

TIEMPO PARA CURAR NUESTRAS HERIDAS (Playlist: José José)

Qué dificil es,
cuando las cosas no van bien.
Tú no estas feliz,
y eso me pasa a mí tambien.
Porque hemos perdido la frescura del amor,
el respeto por los dos,
discutiendo a cada instante sin razón.

Qué dificil es,
hablarte y tú no comprender.
Conversar lo mismo y enfadarnos otra vez.

Por qué no me dejas que me vaya por un tiempo
sin decirme que al momento,
te vas a quitar la vida si me voy.

Pero antes dejame decirte,
que te quiero.
Que tu amor es la única cosa,
que yo tengo.
Si me voy de tu lado es porque no,
quiero perderlo.
Lo que tu y yo necesitamos,

sólo es tiempo.

Tiempo para poder curar,
nuestras heridas.
Tiempo para empezar de nuevo,
nuestras vidas.
Tiempo para saber si tu
me necesitas.
Tiempo para saber si me quieres,
o me olvidas

Bueno ya, después de la genial idea de que la radio programara la sabiduría musical del Gran Gurú José El Triste José, y de que, en pleno tráfico de las tres de la tarde, a mí se me salieran las lágrimas lo mismo por los ojos que por la nariz, es hora de reconocer que en el corte de venas, uno nunca ve el otro lado de la historia. Y la historia es más o menos ésta: nos alcanzó el desamor.

—Nos parecemos más a una pareja que se va a divorciar que a una que se va a querer, recordé que dijo en algún momento. Y yo, vamos, para ser honesta, no puedo contradecirlo.

—No nos la estamos pasando bien, contesté.

calend1Y como ya hemos pasado por ahi —cada quién por su lado— y el proceso de dejarse siempre es muy doloroso (aún cuando uno ya no se quiere, porque siempre uno todavía se quiere tantito), he decidido dejar que el tiempo nos pase encima.

¡Salud! y qué empiecen a caer las hojitas del calendario.

ESPERA UN POCO… (Playlist: José José)

toxine2Estoy en ascuas. Y no sé de qué.

Llevo unos días sintiendo esa emoción pequeñita que hace cosquillas alrededor del ombligo. Sintiendo la calma chicha (que le llaman), todo plato, tranquilo, sin movimiento sabiendo que de un momento a otro llegará una ola grande grande que pondrá todo boca arriba. Llevo unos días sabiendo que algo grande está por llegar. Y por más que le pienso no sé qué es.

Será por eso que reviso mi correo cada mañana esperando un mail de un país lejano (que no tanto) con buenas nuevas. O que me emociona una posible junta en la que he de decir lo que pienso de a de veras. O el próximo encuentro con una artista (de verdad) que pinta lo que ¡a mí! me gusta. O que ya estoy armando la maleta con la que desembarcaré proximamente en una playita jazzera. O que preparo meticulosamente mi disfraz de rumbera para lo que promete ser LA fiesta cumpleañera de disfraces… O que miro de reojo en mi agenda una cita puesta para el primer fin de semana de diciembre, aunque en esa, joder, trato de no pensar.

VOLARE.. NEL BLU DIPINTO DI BLU (Playlist: Domenico Modugno)

biouti1Andaba de viaje. No no pues, no me morí. . Nomás me fui a Puebla, que para el caso fue casi lo mismo. Seré políticamente incorrecta, pero yo nomás no le encontré el gusto: muy bonitas las iglesias, muy bonito el centro, muy buena la comida… muy poquito corazón. Me faltó gente, sonrisas… onda. Y eso que llegué muy animosa, con harta cosa en la maleta, con los tenis para correr por las mañanas, las ballerinas para caminar las calles y regresé sólo con un platito de talavera y una sensación de desencanto. (Vamos, que quizá también se trate de mi estado animoso variable.. y no de la HH Ciudad).

En fin, ya estoy de vuelta.. y a dieta, muy a dieta. Porque en tres semanas voy a Playa y juro que seré la reina del bikini. Ja.