NO SOY DISTINTA DE AQUELLA IDIOTA (Playlist: La Quinta Estación)

Apenas enterada de esto de las apariciones, la Conejita de las Playas no tardó en ponerse en contacto.

Ya no te importa el Conejito de Siempre¿o sí? dijo enfatizando esta última sílaba casi con un ligero tono de recriminación.

Era evidente que mi respuesta tendría que ser un “no” rotundo, un gesto de hartazgo, una contestación desilusionada. Sin embargo, tuve que ser sincera.

Y se lo dije: que cada que aparecía… y aparecía… y volvía a aparecer… intermitente como desde hace tantos años que los cuento en siglos, yo sabía —acá arriba en mi cabeza— que era otra de esas llegadas llenas de promesas no cumplidas, de planes fragilitos, de futuros caídos a la mitad, de grandes noches de empiernamientos y débiles amaneceres sin arrumacos. Que yo sabía, siempre, irremediablemente, más temprano que tarde que se iría. Que yo sabía que habría que colgar el teléfono, cancelar los correos, vetar las comunicaciones.

Pero que también —acá abajo en el esternón— irremediablemente, intermitente como desde hace tantos años que los cuento en siglos, yo me preguntaba:

—¿Y si esta vez, sí?

Aunque en esta ocasión, prefiera no darme una respuesta.

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CASA DE LOCOS (Playlist: Ricardo Arjona)

Este fin de semana tengo visitas.

Vienen, directito de allá donde los dejé, esos cuatro locos con los que me daba por intentar resolver el mundo. O poner un iPod y dejar que Las Grandes del OTI del 78 y un vinito lo hicieran por nosotros.

Vienen directito y sin escalas, los de los desayunos domingueros -que de tan largos se convertían en comida y hasta merienda.

Vienen con el micrófono en la mano, los que no se rajaban ni para las clases de yoga, ni para las de baile, ni para las carreras, ni para las comilonas de la abuela.

Vienen a contarme y a que les cuente, uno a uno, y sin pudor alguno, los detalles de nuestro último empiernamiento.

Este fin de semana tengo visitas.

Vienen, directito de allá donde los dejé, mis mejores amigos y es como si la casa se me llenara de sol.

OTRA VEZ EL CHAMPÁN Y LAS UVAS Y EL ALQUITRÁN… (Playlist: Mecano)

Si tuviera que hacer un recuento de este año, no cabe duda que sería uno de los más ajetreados de mi pequeñita historia personal. Y curiosamente, uno de los que menos escribí.

Resulta que en sólo un año sufrí de amores como una condenada -que vamos, esa no es una novedad-, por los mismos de siempre y por algunas nuevas inclusiones en el ranking:

Me creí que la historia con el Conejillo de Miura iba a amarrar (ay ajá), me la descreí… me emocioné con el Buen Conejo Pluma Blanca, me desemocioné por las mismas razones de siempre… me enamoré hasta el cogote y con la misma fuerza me harté de un Conejo Artista que resultó estar más loco que una cabra… y terminé refugiada en los brazos de un Conejito Latino Tropical pensando que no pasaría de un fin de semana. Vaya, vaya. Y resulta que no, que han pasado los meses y me tiene una cajita azul de moñito blanco esperando debajo el árbol de Navidad.

Del trabajo: empecé el año creyendo que me consagraría en una bonitilla revista de ciudad a la que le había invertido varios años de mis letritas y en menos de lo que canta un gallo ya estaba yo fuera y en menos de lo que el mismo gallo volvía a cantar ya estaba yo haciendo mis pininos en un programa de radio armado, pensado, estructura, inventado y puesto en la práctica como a mí -y obvio, al respetable conductor- nos diera la gana.

Y estaba yo emocionandome mucho con mi vida “al aire” cuando La Empresa Más Grande del Mundo Mundial me puso enfrentito la oferta de un nuevo trabajo, viaje, casa, coche, ciudad y horizonte en la ventana.

Y ahí te voy: vuelo directo y sin escalas al mismísimo Paraíso Tropical. Y no había yo terminado de acomodarme a mis anchas como vieja gorda y con canasta, cuando llega la noticia de una nueva partida. Europa será, en unos mesecillos, mi nuevo destino. Más precisamente Londres.  En tanto yo ya empecé a comprar por comprar mis botas Hunter para la lluvia. Uff.

Del resto: a casi todos les llegó el amor o a mí la edad -tardía- de las bodas.

La Conejita de las Playas hizo la boda más bonita que yo recuerde, Bombón Bunny está dejándose atrapar, mi hermana que agarra y que dice me caso y se casó (hoy por cierto) y que mi hermano anda en los mismos pasos y listo como agua para chocolate. Descubrí, cierto, que los amo a los dos como si fueran mis orejas: imposible concebirme sin ellas.

La Coneja Abuela sigue en pié, a tropezones pero en pié. Y yo le estoy preparando por ahí una sorpresa bloguera.

Me descubrí con ganas de hacer ejercicio y con aptitudes para la cocina. Que el Paraíso Tropical puede ser un lugar menos hostil de lo imaginado y que mi inglés mejor a ratitos. Que cambiar de aires me hizo caer en la cuenta de que he tenido en la vida muchos enamorados pero pocos comprometidos. Y que pasar de uno a lo otro era sólo cuestión de reglas. Que ser La Novia tiene su encanto. Y que me gusta ser La Princesa del Cuento.

Y si de recuentos se trata, en mi libretita de amigos en lugar de restar, sumé. Tengo tres nuevos números de teléfono con código de la Florida a los que sé que puedo llamar en medio de la noche y, tarde pero seguro, llegan. Con eso me doy por bien servida.

Mientras tanto aquí estoy. Hoy la montaña rusa parece estar en las puras rectas. Tantas que ya hasta me desacostumbré.

En unas horas llega La Conejita Jefa para pasar conmigo el fin de este año.

Y yo, estoy feliz de mí.

Tengo ganas de burbujas, de fiesta, de baile y de que el que viene -el año, el trabajo, la casa, el estatus amoroso- sea al menos tan chispeante como éste.

Ajá. Que de esto se trata la vida, chingao!

NO ME PREGUNTEN POR ÉL (Playlist: Crystal)

Hoy oficialmente volví a fumar… y a llorar.

Heme aquí, en el balcón de un apartamento en el Paraíso Tropical, con velitas perfumadas, vinito y una cajetilla de cigarros. Hay un vientecillo suave que apenas si mueve este calor infernal y a mi la tristeza se me estacionó suavecito al lado. ¿Dónde están Las Conejitas que responden veloces siempre a este estado de ánimo lamentable y, condescendientes, aceptan pasar la noche a mi lado escuchando estas lamentelas? ¿Dónde están esos Conejitos Varios que en una noche -y con el empiernamiento correcto- borraban a besos mis ausencias?

Creo que venía aguantándome las ganas. Haciendo como que todo andaba bien, sin andar. Pero volvió a pasar. Y tengo que volver a convencerme de que las decisiones tomadas son las mejores. Que vivir en este lugar tiene sentido a futuro. Que haber dejado mi espacio -y los fantasmas que él habitaban- me daría un nuevo respiro. Que tener un personal trainer, un mail de la Empresa de Medios Más Grande del Mundo Mundial y un novio artista eran parte de mi nueva vida. Joder. ¿Y si me equivoqué?

Hoy trabajé un turno extra. Esos que trabajan en sábado todos los que no tenemos nada mejor que hacer. Escribí sin descanso de uno que se murió, del que todos hablan y que -estoy segura- estaba más solo que una ostra con el mundo entero mirándole la cara. Seguro que él fumaba y lloraba.

Y pensar que apenas esta mañana había subido unas fotos a mi Egoteca que me mostraban radiante. Iluminada de sepia con una carita de enamorada recarcitrante. Y pensar que abriendo mi computadora me encontré con unas letritas que -en cualquier otro momento- le subirían el ánimo a cualquiera:

“lo siento pero es inevitable… demasiada tentacion… egoteca ergo que la naturaleza haga su parte… y si, destilas Mujer… dichoso aquel que te espulga el cabello… y escarba en la mirada llena de luz… y te rasca la nariz con ese percing puberton… y te muele los labios a costa de darle y darle… y te consume el sudor como elixir de vida… y te come el pescuezo languido, como la medula… bla bla bla… de cierto es que son legión… no, no son las chelas las que inspiran… quizas el efecto de la luz… y ese tono sepia tan sensual.. tan humano… tan tu… cada vez aprendo mas y entiendo menos… eso no importa… voyeur versus egocentrica… viva la diferencia!… en contexto, Vanessa Rubyn interpreta una rolita de Sting (Seven days)… muy a su manera… perfecto! nada concuerda…”

y no, nada concuerda. Ni mis grandes planes a futuro. Ni mi vida en el Paraíso Tropical. Ni la muerte del famoso. Ni guardar las fotos en una caja y meterlas en el fondo del cajón. Ni el novio artista que se deja vencer bajo el peso del pasado.

Bonita.. decía un mensaje en mi teléfono esta tarde.

El Buen Conejo Pluma Blanca aparece intermitente. Yo sonrío desde lo pronfundo cuando veo sus mensajes y no sé qué contestar. Me pesa tanto su no-presencia y mi falta de palabras.

También apareció El Editor.

Sólo dime que no es mexicano… habría dicho tajante, tal y como acostumbra.

Que no.. contesté.

Pero eso tampoco resuelve gran cosa. Yo que juraba que todo era un asunto de nacionalidad. O de ideología. O de cultura. Resulta que es un asunto de elección.

-Toma un avión inmediatamente y ven acá, habría dicho Miss Bussines Bunny hace apenas unas horas al teléfono.

-El problema, le dije, es que no es la locación sino los protagonistas de la obra.

Y bueno, de cierto, la locación no ayuda. Aquí lo más emocionante que me ha pasado es el impacto de un fruto tropical sobre el parabisas de mi Fat Red Boy en movimiento.

Pero los protagonistas tampoco. Sigo siendo la estrella principal de esta obra de la que ya, parece, me sé el final.

Aquí el tiempo pasa lento, el vientecillo sigue sin mover el calor infernal y yo he vuelto a fumar y a llorar.

Mañana es mi dia libre y tengo tanto miedo de amanecer conmigo.

INOCENTE POBRE AMIGA (Playlist: Lupita D’Alessio)

yo estaba tan tranquila, en esto del duelo, pero tuve que volver. y es que, me corroen las ganas de decirlo.

capítulo 1: siempre, irremediablemente, una se topa en la vida con una tal Conejita del Terror. Aclaremos. No siempre es la misma, pero siempre funcionan bajo el mismo esquema. y yo, nomás con esas reglas no sé jugar.

capitulo 2: ahora sí no me equivoqué. Hace varias semanas, cuando Las Visitas estuvieron en casa, lo dije.

-Hay algo en esa Conejita del Terror que no me gusta…

-¿Pero qué? ¿Cómo? preguntó Bombón Bunny.

No sé. Es de tripa, se siente aquí adentro...  no me gusta cómo me mira... dije pensándo que el sospechosismo me estaba atacando.

capitulo 3: Hoy, confirmé que mis tripas no me engañan.

Carthur-de-pinsonozco a la especie: Conejitas del Terror. Las he visto en un sinfín de ocasiones más. Me miran con desconfianza. De arriba a abajo, como escudriñándome. Esperándo confirmar sus sospechas. Envidiando terriblemente mis tacones de vertigo. Convencidas de que soy una amante de lo ajeno. O una conejilla de cascos ligeros. O que va de una-noche-de-copas-una-noche-loca. O que digo las cosas con todititas sus letras. O que se me nota en la cara lo que pienso. O que no voy en comitiva al baño para cuchichear. O que mi moral es relajadita. O que se me da eso de los empiernamientos. O que me aviento de cabeza, directito a la pared, y sin meter las manos. O de que, cualquiera que se lo esté pasando bomba, es porque algo malo está haciendo.

Y un poco sí. Ja.

pd. Todos los clichés sobre la nacionalidad son ciertos. Créanlos.

pd2. Me gustiquia. Me enamorisqueo.

pd3. Tengo el corazón que es un condominio.

SOMOS AMIGOS DE USTEDES.. AMIGOS DE VERDAD (Playlist: Timbiriche)

No voy a empezar con los lloriqueos, pero estoy aburrida, dando vueltas como una leona en jaulita  y mientras escucho a los insectos  por este depa absolutamente blanco, me doy cuenta de lo esencial: me falta algo.

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Y no, no. No es que una se tire para que la levanten. Es que, por la mañana, hace falta la llamada de Bombón Bunny para darnos un aventón, no por comodidad sino por la hora y media al volante hablando de amores malogrados -y toda la culpa de los astros en eso.

Esta ciudad está llena de tiendas, pero valen para un carajo si no está aquí Miss Bussines Bunny que es capaz de pasar conmigo 7 horas exactas buscando el zapato ideal para el vestido aquel. Esta ciudad está llena de arte, pero no puedo ponerme los calcetines y fumar con Conejita Sicología y mirar como Eva Bunny va desplegando lo mejor de su arte en tamaño mural.

Y acá tengo un mat, pero cómo no va una a extrañar los domingos a las 10am, asistir a una clase de yoga, todavía con los ojos pegados, por el único e irrefutable pretexto de terminar en un desayuno de varias horas compartiendo la mesa con La Conejita de Las Playas, su Conejito Prometido y Mi Conejito Gurú.

Vamos, que el clima es bonito, las calles limpias, el edificio silencioso. Muy. A mí, me falta música. Baile. Movimiento. Acción. Que aquí no tengo un equipo completo de locos, que se tomen 14 botellas de vino en una sola noche, con el pretexto de una preboda, que boda todavía no es. Y sí, bailando a la señora Daniela Pelazo Romo con aquello de Yo no te pido la luna.

Yo doy vueltas y las horas, en este bonito flat, corren muy lentas. Como si no quisieran pasar. Los días se hacen largos. Y no aparece mi Conejo de la Guarda de mi Dulce Compañia -mejor conocido como Andy-Handy con su caja de herramientas en mano- dispuesto a darle los mejores toques a mi casa. Ni su Conejo Shshsh, sonsacándonos para acostarnos todos a ver pelis y no mover un dedo el dia entero. O de plano, correr al cine a ver el peor chic flick de todos los tiempos. Y sí, salir contentos.

Y es que aquí pasan cosas. Y yo lo intento. Busco desesperadamente a alguien que quiera pagar 73 dolarúcos para perder el control conmigo, de frente a los tipos de Fuerza Bruta. Así como lo hicimos hace unos meses allá, entre puras chicas y un jalón. Y nada, cero respuesta.

Me falta mi Exnike Bunny mandándome mails donde jura que tengo mejor cuerpo que Ninel Conde.Y citándome en cualquier lugar en donde acepten amex. De preferencia que sea Le Pain Quotidiane. Y encontrarme ahí seguro, con la Conejita InHipChicCool para pasarnos las útlimas tendencias del mundo mundial, sólo por el gusto de saber en qué anda el otro lado del mundo.

Me faltan las copas de vino con la Coneja Judia y Soltera. Concursándo por quién tiene la peor historia de amor del mes. O la Conejita Mejor Amiga del Mundo Mundial con la que no hace falta vernos para saber que una correría al primer grito de ayuda de la otra.

Que sí da gusto que aquí el celular salga más barato. Y que yo ya tenga una blackberry. Si no fuera porque este maldito teléfono no suena ni por error. No como allá. No con esas llamadas de tres horas, hablando de nada, interrumpidas sólo por el sonidito del chat o las necesidades imperantes de mandarle un mail al de más allá.

Me falta La Condesa -y no por La Condesa que a nadie le importa-, si no por nuestras cenas, a las que siempre llegue tarde tarde pero servían para arreglar el mundo entre nosotros. Aunque no arreglaramos nada.

Y sí, sí. Aquí hay dólares y malls y marcas y ofertas y restaurantes y antro y playa y rascacielos y barbies malibú y…

A mí, sólo me faltan mis amigos.

ME SIENTO VIVO (Playlist: Fobia)

Ampollas… ampollas… ¡AMPOLLAS! Sí, eso: am-po-llas. Mis dulces pies de princesa están llenos de ampollas. Y sí, mañana oficialmente es mi primer día de trabajo. Joder.

arthur-de-pins1Si eso a mí no me había pasado nunca, si después de tanto viaje creía tener todo bajo control, si escogí con detenimiento el outfit. Y hoy, ahora que estoy en el Hotel Victoriano que Todos Quieren. O no, en el que si no hay baño, mucho menos un botiquin, pues nada. No hay ni un rejodido curita para mi talón. Ahora que alguien me explique si presentarme mañana en Empresa De Medios Más Grande del Mundo Mundial en havaianas blancas, con talón al aire y ampollita despellejada? Grrr.

En otras cosas, alguna vez me enamoré en tiempo 3 segundos -bueno varias- pero aquella fue de un Pibe Inseperado y en ese entonces argumenté mi atraccion hacia su ego desbordado. Tan seguro, tan carismático… tan argentino. Y yo, caí. Pues resulta qeu ese Pibe Inesperado hoy vive aquí, en esta ciudad y quedamos, tal vez, de encontrarnos.
No pasa nada. A mi, ya bien sabemos, el corazón me late para otro lado. El izquierdo.

Pero todo este argumento de la nacionalidad, es para decir que debo reconocer que me he topado con otro, que padece del mismo mal: encantador y egocéntrico. Y no, no, no es porque yo tenga el corazón como estación de transborde del Metro Chabacano, si no estoy tratando de ser objetiva. El Conejito Chairo Ché es la onda. Yo sé que las primeras en decirmelo fueron Mis Dos Alegres Visitas a las cuales no les creí mucho. Pero, apenas fue llegar a esta ciudad, para oir puras lisongerías del susodicho. Sin entrar en detalles y -rango aparte- en toda la escala jerárquica de la Empresa Más Importante del Mundo Mundial se le quiere. Y bien. Hubo quien se azardó a decir que es la mejor pluma de éste lugar, en su versión en español (junto a otro que luego les cuento). Coño. Esas son palabras mayores, no?

El caso es que esta mañana, lo leí. Y bueno sí. Confirmo. No es que deje caer anotaciones al margen así suavecito e irrefutables, no es que cuando habla mueve los brazos como para comerse el mundo, no es que camine ligerito con la vida guardada en la maleta, no es que suelte frases como si fueran verdades absolutas, es que es buena persona. Punto. En el sentido más extenso de la palabra. Vale pues ya, es encantador, egocéntrico, guapo y no, de éste yo no me enamoro.

Finalmente, ya turisteé. Hice el recorrido de rigor: vi los monumentos que había que ver, paseé por los parques que había que pasear y hasta, de plano pa’ no dejar, me tomé la foto del recuerdo. Será el sereno pero a mí, me gusta más la gente que los recuerdos.

Pero de pronto, como no queriendo fui a dar a la National Portrait Gallery y, me perdieron. Ahora entiendo por qué lo primero que quise ser en la vida fue fotógrafa (obvio después de Corista de Emmanuel). Caminé rapidito, el corazón se me agitó y me pasé horas y horas ahí sentada.

Luego como si no fuera suficiente, llegué a mi otro nuevo lugar: el mercado de Portobello. Y me perdí otra vez. Y todo será culpa de Bombón Bunny y su in-cre-í-blé naivness playlist, pero mientras la escuchaba y el sol me pegaba en la cara, el frio me entraba por los pies desnudos, y caminaba sin rumbo sabiendo que no tenía ninguna prisa por llegar a nowhere.. entonces, y sólo entonces empecé a llorar.
Despacito. Como aquella vez bajo el agua. A llorar lagrimitas que resbalaron sin ruido ni sollozos. Así de simple: a llorar.