OTRA VEZ EL CHAMPÁN Y LAS UVAS Y EL ALQUITRÁN… (Playlist: Mecano)

Si tuviera que hacer un recuento de este año, no cabe duda que sería uno de los más ajetreados de mi pequeñita historia personal. Y curiosamente, uno de los que menos escribí.

Resulta que en sólo un año sufrí de amores como una condenada -que vamos, esa no es una novedad-, por los mismos de siempre y por algunas nuevas inclusiones en el ranking:

Me creí que la historia con el Conejillo de Miura iba a amarrar (ay ajá), me la descreí… me emocioné con el Buen Conejo Pluma Blanca, me desemocioné por las mismas razones de siempre… me enamoré hasta el cogote y con la misma fuerza me harté de un Conejo Artista que resultó estar más loco que una cabra… y terminé refugiada en los brazos de un Conejito Latino Tropical pensando que no pasaría de un fin de semana. Vaya, vaya. Y resulta que no, que han pasado los meses y me tiene una cajita azul de moñito blanco esperando debajo el árbol de Navidad.

Del trabajo: empecé el año creyendo que me consagraría en una bonitilla revista de ciudad a la que le había invertido varios años de mis letritas y en menos de lo que canta un gallo ya estaba yo fuera y en menos de lo que el mismo gallo volvía a cantar ya estaba yo haciendo mis pininos en un programa de radio armado, pensado, estructura, inventado y puesto en la práctica como a mí -y obvio, al respetable conductor- nos diera la gana.

Y estaba yo emocionandome mucho con mi vida “al aire” cuando La Empresa Más Grande del Mundo Mundial me puso enfrentito la oferta de un nuevo trabajo, viaje, casa, coche, ciudad y horizonte en la ventana.

Y ahí te voy: vuelo directo y sin escalas al mismísimo Paraíso Tropical. Y no había yo terminado de acomodarme a mis anchas como vieja gorda y con canasta, cuando llega la noticia de una nueva partida. Europa será, en unos mesecillos, mi nuevo destino. Más precisamente Londres.  En tanto yo ya empecé a comprar por comprar mis botas Hunter para la lluvia. Uff.

Del resto: a casi todos les llegó el amor o a mí la edad -tardía- de las bodas.

La Conejita de las Playas hizo la boda más bonita que yo recuerde, Bombón Bunny está dejándose atrapar, mi hermana que agarra y que dice me caso y se casó (hoy por cierto) y que mi hermano anda en los mismos pasos y listo como agua para chocolate. Descubrí, cierto, que los amo a los dos como si fueran mis orejas: imposible concebirme sin ellas.

La Coneja Abuela sigue en pié, a tropezones pero en pié. Y yo le estoy preparando por ahí una sorpresa bloguera.

Me descubrí con ganas de hacer ejercicio y con aptitudes para la cocina. Que el Paraíso Tropical puede ser un lugar menos hostil de lo imaginado y que mi inglés mejor a ratitos. Que cambiar de aires me hizo caer en la cuenta de que he tenido en la vida muchos enamorados pero pocos comprometidos. Y que pasar de uno a lo otro era sólo cuestión de reglas. Que ser La Novia tiene su encanto. Y que me gusta ser La Princesa del Cuento.

Y si de recuentos se trata, en mi libretita de amigos en lugar de restar, sumé. Tengo tres nuevos números de teléfono con código de la Florida a los que sé que puedo llamar en medio de la noche y, tarde pero seguro, llegan. Con eso me doy por bien servida.

Mientras tanto aquí estoy. Hoy la montaña rusa parece estar en las puras rectas. Tantas que ya hasta me desacostumbré.

En unas horas llega La Conejita Jefa para pasar conmigo el fin de este año.

Y yo, estoy feliz de mí.

Tengo ganas de burbujas, de fiesta, de baile y de que el que viene -el año, el trabajo, la casa, el estatus amoroso- sea al menos tan chispeante como éste.

Ajá. Que de esto se trata la vida, chingao!

QUE VENGAN LOS BOMBEROS (Playlist: Yuri)

No es broma. Llegaron los bomberos al edificio donde trabajo. Y no no, no resultaron ser unos bomberos cualquiera: eran unos chiquillos altos, musculosos, bronceados, de andar cadencioso -y candente- y mucho uniforme con lucecillas fosforescentes.

pornprevdd7-thumbArribaron con toda la fuerza de los superhéroes y desalojaron a todos los presentes por una tal amenaza de bomba. Se les veía tan pro a todos ellos, subiendo y bajando cajas negras, poniéndose y quitándose máscaras transparentes y mirándome con ojos muy azules mientras me decían algo tan romántico como:

Move on. No photos please.

Ay y una tan indefensa… cómo no me voy a enamorar!

Entendí aquello de las fantasías sexosas más recurrentes de las féminas: estos bomberos sí se parecían a los strippers disfrazados en esos chippendale’s que tanto me han contado. ja.

El caso es que no logré ni desmayarme a tiempo para hacerme rescatar por uno de estos fabulosos ejemplares, cuando  Mr. Big Ego Rabbit ya me estaba arrastrando de las orejas de peluche al Starbucks más cercano.

Que para dejarlos trabajar en paz y de paso, quitarme de la mirada los malos pensamientos, dijo.

Ash. Así de tropezado empezó el día y no pareció mejorar con las horas. Mi ánimo iba de arriba a abajo como en un tobogán: que la Coneja muy enojada, que la Coneja muy contenta, que la Coneja muy emocionada, que la Coneja que se la lleva la mismisima…

Por la noche, decidí meterme a la cama lo más pronto posible. No vaya siendo, dirían por ahí.

Ahora, ya sólo me queda esperar unos días para volver a escaparme de la ciudad.

  • Destino: la última punta del último punto del Paraíso Tropical.
  • Vía: terrestre, manejando varias horas mientras entono el playlist cortesía de Bombón Bunny a todo pulmón.
  • Compañía: una de esas con las que las horas se hacen chiquitas de tanto hablar.
  • Equipaje: short, shanclas y shampoo.

El resto es purititas ganas de sentirme libre y feliz. Ah perdon! eso soy ahora: libre y feliz.

PD. Se solicita de la manera más atenta la aparición del Buen Conejo Pluma Blanca que ha decidido abandonarme, asi de plano y sin mayores explicaciones. ¿Qué no ven que una tiene su corazoncito?

HIGHLIGHTS DE UN VIAJE RELÁMPAGO (Playlist: Karaoke ochentero)

Desembarqué en La Ciudad de Origen. Me gusta. Me gusta su aire contaminado y su Condesa de miles de cafecitos. Me gusta mi abuela. Me gusta sentirme en casa y no perderme en las calles. Me gusta porque me recuerda que salí por gusto y siempre, siempre se puede regresar.

Desayunar con un Cocodrilo es una de mis mejores experiencias. Lo busqué, lo planté, lo recuperé y me embarqué en una de esas pláticas interminables, arrebatándonos la palabra, haciendo bromas duras e inclementes. Me gusta mirarlo. Tiene la piel bronceada que rodea una sonrisa de blanco inmaculado, los ángulos del rostro perfectos, la figura erguida e interminable y camina con vaivén, moviéndo los brazos con seguridad. Y sí, tiene charm. Ese encanto de los que se saben que se comen al mundo con sólo una sonrisita de lado.  Yo lo quiero. Y me gusta aún más que cuando entra al lugar, con las miradas que lo siguen, moviéndo el aire y caminando directito y sin prisas hacia mí.

Nos vimos, como dicta la tradición, para desayunar. Así lo hicimos los últimos siglos. Llegó con una camisa nunca antes vista. Me abrazó por años. Y me concedió horas para hablar sin pausa. Sin prisas. Me escucha como nadie, con interés, con ánimo, mirándome a los ojos, preguntándome aunque no le interese un comino lo que le cuento. Es tan fácil enamorarse de él. Tras el café, me llevó de regreso a casa. Un pretexto cualquier sirvió para seguirme detrás de la puerta. Cerré los ojos pidiendo que no lo hiciera. Sin embargo sentí su aliento cerquitita, sus dedos que me dan escalofríos, sus besos suavecitos.

No, porfa, dije queditito.

Me hizo caso. No sé por qué.

Lo ví en el evento. Ya no se parece a Gymmate Bunny, aunque siga siendo él. Se le ve como si el amor le hubiera caído encima… y le pesara demasiado. Y yo no soy nadie para decirlo. Y yo qué sé de relaciones amorosas. Sólo sé que no se parece al Conejito que entonces me salvara de perderme en el pasado.

Hablando de pasado, pasé por encima de él. ¿Querrá decir que estoy cuasi curada? No canto victoria. Fueron apenas cinco días en el mismo territorio. Pisé el suelo de La Ciudad de Origen casi de puntitas, sin hacer ruido, como para pasar desapercibida. Pero me alegra saber que por primera vez, no miré de reojo, no sentí presión, no giré con miedo de encontrarme al Conejillo de Miura a la vuelta de cualquier esquina.

La ví a ratos. Como siempre estuvo cuando no esperaba que estuviera y no estuvo donde hubiera pensado que iba a estar. Seguro por eso la quiero. Por impredecible. Creo que a Bombón Bunny le gusta esa parte suya que nadie puede interpretar. Aunque yo haga como que sí.

-Es de esas cosas tan bonitas que no puedes decir nada más, dijo Beautiful Bunny justificando la falta de respuesta a mi último mail hablando de la física y de la química. No hacía falta, pensé. No esperaba una respuesta a un mail que sólo dijo la verdad: hubieramos sido una gran pareja, pero prefiero quedarme con lo que tenemos.

Está tan viejita como esperaba. Aunque menos mal de lo que esperaba. La Coneja Abuela lloró mucho al tenerme entre sus brazos. Quizá más que otras veces, pero yo sentí menos inminente aquello de su partida. Será porque me lo invento, será porque quiero creer que ella va a estar aquí siempre. Será el sereno. Yo la ví con ganas de quedarse mucho tiempo más.

Empezaron a proyectarse en la pared. Imágenes de unos rollos de película de 8mm. Apagaron la luz y poco a poco fuimos guardando silencio. Aparecieron casi todos: los viejos que entonces no lo eran, los chicos que ahora son grandes, los que ya no están. Muchos de los que estábamos ahí sentados se vieron proyectados en ese cuadrito en blanco y negro en la pared: portando una corona o un vestido de novia o cargando recién nacidos o luciendo un embarazo o soplándole a las velitas o caminando sin la ayuda de un bastón o besando a su bienamado o así nomás, soltándo carcajadas sin sonido. Cuando todos acabaron de despedirse pusieron una última película, un poco más moderna: apareció esta Conejita. También en medio de una fiesta toda suya, también con el pelazo cayéndole en la espalda, también sintiendose la reina de la pista. Por única ocasión luciendo un vestido de novia, abrazando a un bien amado y jurándo amor eterno. Aunque el amor eterno, siempre lo he dicho, dure sólo seis meses.

NO ME PREGUNTEN POR ÉL (Playlist: Crystal)

Hoy oficialmente volví a fumar… y a llorar.

Heme aquí, en el balcón de un apartamento en el Paraíso Tropical, con velitas perfumadas, vinito y una cajetilla de cigarros. Hay un vientecillo suave que apenas si mueve este calor infernal y a mi la tristeza se me estacionó suavecito al lado. ¿Dónde están Las Conejitas que responden veloces siempre a este estado de ánimo lamentable y, condescendientes, aceptan pasar la noche a mi lado escuchando estas lamentelas? ¿Dónde están esos Conejitos Varios que en una noche -y con el empiernamiento correcto- borraban a besos mis ausencias?

Creo que venía aguantándome las ganas. Haciendo como que todo andaba bien, sin andar. Pero volvió a pasar. Y tengo que volver a convencerme de que las decisiones tomadas son las mejores. Que vivir en este lugar tiene sentido a futuro. Que haber dejado mi espacio -y los fantasmas que él habitaban- me daría un nuevo respiro. Que tener un personal trainer, un mail de la Empresa de Medios Más Grande del Mundo Mundial y un novio artista eran parte de mi nueva vida. Joder. ¿Y si me equivoqué?

Hoy trabajé un turno extra. Esos que trabajan en sábado todos los que no tenemos nada mejor que hacer. Escribí sin descanso de uno que se murió, del que todos hablan y que -estoy segura- estaba más solo que una ostra con el mundo entero mirándole la cara. Seguro que él fumaba y lloraba.

Y pensar que apenas esta mañana había subido unas fotos a mi Egoteca que me mostraban radiante. Iluminada de sepia con una carita de enamorada recarcitrante. Y pensar que abriendo mi computadora me encontré con unas letritas que -en cualquier otro momento- le subirían el ánimo a cualquiera:

“lo siento pero es inevitable… demasiada tentacion… egoteca ergo que la naturaleza haga su parte… y si, destilas Mujer… dichoso aquel que te espulga el cabello… y escarba en la mirada llena de luz… y te rasca la nariz con ese percing puberton… y te muele los labios a costa de darle y darle… y te consume el sudor como elixir de vida… y te come el pescuezo languido, como la medula… bla bla bla… de cierto es que son legión… no, no son las chelas las que inspiran… quizas el efecto de la luz… y ese tono sepia tan sensual.. tan humano… tan tu… cada vez aprendo mas y entiendo menos… eso no importa… voyeur versus egocentrica… viva la diferencia!… en contexto, Vanessa Rubyn interpreta una rolita de Sting (Seven days)… muy a su manera… perfecto! nada concuerda…”

y no, nada concuerda. Ni mis grandes planes a futuro. Ni mi vida en el Paraíso Tropical. Ni la muerte del famoso. Ni guardar las fotos en una caja y meterlas en el fondo del cajón. Ni el novio artista que se deja vencer bajo el peso del pasado.

Bonita.. decía un mensaje en mi teléfono esta tarde.

El Buen Conejo Pluma Blanca aparece intermitente. Yo sonrío desde lo pronfundo cuando veo sus mensajes y no sé qué contestar. Me pesa tanto su no-presencia y mi falta de palabras.

También apareció El Editor.

Sólo dime que no es mexicano… habría dicho tajante, tal y como acostumbra.

Que no.. contesté.

Pero eso tampoco resuelve gran cosa. Yo que juraba que todo era un asunto de nacionalidad. O de ideología. O de cultura. Resulta que es un asunto de elección.

-Toma un avión inmediatamente y ven acá, habría dicho Miss Bussines Bunny hace apenas unas horas al teléfono.

-El problema, le dije, es que no es la locación sino los protagonistas de la obra.

Y bueno, de cierto, la locación no ayuda. Aquí lo más emocionante que me ha pasado es el impacto de un fruto tropical sobre el parabisas de mi Fat Red Boy en movimiento.

Pero los protagonistas tampoco. Sigo siendo la estrella principal de esta obra de la que ya, parece, me sé el final.

Aquí el tiempo pasa lento, el vientecillo sigue sin mover el calor infernal y yo he vuelto a fumar y a llorar.

Mañana es mi dia libre y tengo tanto miedo de amanecer conmigo.

REALMENTE NO ESTOY TAN SOLO (Playlist: Arjona)

Esta mañana fui al dentista. Mi doc es un superstar. Está rodeado de señoritas rubias, en bata blanca y que sonríen mucho. Me tuvieron dos horas preparándome, tomándome radiografías, haciéndome preguntas y finalmente apareció la estrella. Pelo engominado, bronceado perfecto y obvio, dentadura impecable. Me sonrió muy cerquitita de la cara, revisó mis dientes durante 32 segundos, escribió algo en una hoja y dijo:

¿A quién llamamos en caso de emergencia?

Lo ví. Arrugé el entrecejo y conteste:

A nadie.

Ayer pasé el primero de dos exámenes para conducir. Contesté con mucho cuidado, con el corazoncito en la mano, como si con la licencia aquí uno se jugara la deportación. Y casi. En 25 minutos ya tenía yo un bonito sello de aprobado en el documento. Salí sonriente.

Hoy choqué.

Y no no. No pasó nada. El señorcito que le pegó a mi Red Fat Boy seguro era un poco más ilegal que yo porque prefirió darme US$200 y salir corriendo en dirección contraria. Obvio, yo alargué la manita, me embolsé el dinerito y subí temblando al auto. Entonces pensé que no tenía a quién llamar.

Ahora ya pasó el susto. Estoy dejando que las  horas se me escurran encima. Anoche en una larga sesión de pasta y vino el tema siempre fue el mismo: un Paraíso Tropical que no es ni tan paraíso ni tan tropical (a no ser por aquello de las lluvias).

-Hay que reducir nuestras expectativas, dije optimista.

Y juro que estoy intentándolo.

PD. Escribió el Conejito Tan Campante. Me reí. Dice que ando enamorada, yo le digo que no. Extrañaba sus letras.

PD2. Dos botellas de vino sirven sólo para que a mí se me suelten los deditos. Rápida como soy tecleé: ¿Sabías que eres tremendamente sexy?. Joder. Soy una auténtica letra-suelta.

pD3. Tengo un pendiente muy pendiente: el Buen Conejo Pluma Blanca. Sobre todo porque está jugando a que no pasa nada y yo sé que pasa y que no pregunta y que yo quiero decirle y que, aunque lo dude, le pienso.

WELCOME TO MIAMI, BIENVENIDA A MIAMI (Playlist: Will Smith)

Todo estaba tal y como lo había dejado. Abrí la puerta y me sentí en ¿casa? ¿Será que este pequeño flat playero está logrando meterse en mi corazoncito?

Minutos antes había visto al Conejito Chairo Ché. Apareció exactamente igual que la última vez que lo ví. Con esa sonrisa tan blanca por encima de la piel quemada por el sol, el pelo que le cae desordenado sobre los ojos y los cargo verde seco de quien viene de explorar algún paisaje inhóspito (aunque eso sea una zona chic de la península) y una sonrisa que, sin decirlo, yo interpreté como una bienvenida.

Debo decir que se le extrañó. No sé por qué. ¿Será que ante la soledad que permea una ciudad como ésta, una va estableciendo lugares importantes para los primeros que me dieron una palmadita en la espalda? ¿Será porque mantuvimos comunicación epistolar, útil para no despegar los pies de la tierra? ¿Será por que compartimos -sin decirlo- la historia del Conejito Tan Campante y mi Una Noche De Copas, Una Noche Loca como bien diría la Doña María Conchita de los Cascos Ligeros Alonso? Será el sereno. Gracias.

En cambio, el que apareció sin aparecer fue El Buen Conejo Pluma Blanca. Quizá es que yo pensaba en algo más eufórico, más desgarrador… pero se limitó a los primeros mensajes de bienvenida en la blackberry. Y párale de contar. Tic, tac, tic, tac. Me quedé esperando.

Hoy, dos días después de mi llegada, un domingo cualquiera con el silencio pesado de la casa y el ambiente húmedo de esta zona tropical, caigo en la cuenta de que Benedetti no podía haber escogido mejor día para dejarme con mi soledad tan concurrida, tan llena de nostalgias… y de rostros de vos.

BUENOS DIAS, SENIOR SOL (Playlist: Juan Gabriel)

Es sabado, Londres sonrie soleadito y…

Grrrr. No tener regadera en la habitacion puede ser un pequenio detalle, que se soluciona luciendo una linda bata de banio, havaianas y coqueto turbante por los pasillos. Pero cuando una despierta ojo papujo, pelo enredado y muriendose de ganas de hacer pipi, lo menos que uno quiere encontrarse corriendo empijamada por la escalera es un bombon italiano hospedado en el mismo hotel.

Buongiorno, dijo con esa sonrisa reluciente que solo tienen los italianos.
Ehhh, hmmm… buenas, conteste casi echandome a correr en sentido contrario.

Darse cuenta que una desperto a las 11.30 cuando el desayundo del hotel ya se habia acabado, no es una buena idea a la hora de hacer cuentas. Literal, esas son unas libritas menos.

Caminar rumbo a un dia de turisteo y sentir -a seis estaciones de metro del hotel- el dolorcito del zapato que aprieta justo en el dedito chiquito del pie izquierdo, es la senial que una no quiere entender. A menos que signifique que urge detenerse en la primera tienda y comprarse unas ballerinas divinas cueste, literal, lo que cueste.

Llegar a un cafe internet y enterarse -despues de una noche entera de esperar la llamada- que una le dio mal el telefono al Conejo con Onda para estar en comunicacion, que no tienes acentos ni los mails que tanto prometio el Buen Conejo Pluma Blanca y en cambio, tener un seniorcito junto que te quiere ligar en lengua arabe… eso… pone muy mal a cualquiera.

Ash ya. Quiero desayunar.

Buenos dias, Londres.