HIGHLIGHTS DE UN VIAJE RELÁMPAGO (Playlist: Karaoke ochentero)

Desembarqué en La Ciudad de Origen. Me gusta. Me gusta su aire contaminado y su Condesa de miles de cafecitos. Me gusta mi abuela. Me gusta sentirme en casa y no perderme en las calles. Me gusta porque me recuerda que salí por gusto y siempre, siempre se puede regresar.

Desayunar con un Cocodrilo es una de mis mejores experiencias. Lo busqué, lo planté, lo recuperé y me embarqué en una de esas pláticas interminables, arrebatándonos la palabra, haciendo bromas duras e inclementes. Me gusta mirarlo. Tiene la piel bronceada que rodea una sonrisa de blanco inmaculado, los ángulos del rostro perfectos, la figura erguida e interminable y camina con vaivén, moviéndo los brazos con seguridad. Y sí, tiene charm. Ese encanto de los que se saben que se comen al mundo con sólo una sonrisita de lado.  Yo lo quiero. Y me gusta aún más que cuando entra al lugar, con las miradas que lo siguen, moviéndo el aire y caminando directito y sin prisas hacia mí.

Nos vimos, como dicta la tradición, para desayunar. Así lo hicimos los últimos siglos. Llegó con una camisa nunca antes vista. Me abrazó por años. Y me concedió horas para hablar sin pausa. Sin prisas. Me escucha como nadie, con interés, con ánimo, mirándome a los ojos, preguntándome aunque no le interese un comino lo que le cuento. Es tan fácil enamorarse de él. Tras el café, me llevó de regreso a casa. Un pretexto cualquier sirvió para seguirme detrás de la puerta. Cerré los ojos pidiendo que no lo hiciera. Sin embargo sentí su aliento cerquitita, sus dedos que me dan escalofríos, sus besos suavecitos.

No, porfa, dije queditito.

Me hizo caso. No sé por qué.

Lo ví en el evento. Ya no se parece a Gymmate Bunny, aunque siga siendo él. Se le ve como si el amor le hubiera caído encima… y le pesara demasiado. Y yo no soy nadie para decirlo. Y yo qué sé de relaciones amorosas. Sólo sé que no se parece al Conejito que entonces me salvara de perderme en el pasado.

Hablando de pasado, pasé por encima de él. ¿Querrá decir que estoy cuasi curada? No canto victoria. Fueron apenas cinco días en el mismo territorio. Pisé el suelo de La Ciudad de Origen casi de puntitas, sin hacer ruido, como para pasar desapercibida. Pero me alegra saber que por primera vez, no miré de reojo, no sentí presión, no giré con miedo de encontrarme al Conejillo de Miura a la vuelta de cualquier esquina.

La ví a ratos. Como siempre estuvo cuando no esperaba que estuviera y no estuvo donde hubiera pensado que iba a estar. Seguro por eso la quiero. Por impredecible. Creo que a Bombón Bunny le gusta esa parte suya que nadie puede interpretar. Aunque yo haga como que sí.

-Es de esas cosas tan bonitas que no puedes decir nada más, dijo Beautiful Bunny justificando la falta de respuesta a mi último mail hablando de la física y de la química. No hacía falta, pensé. No esperaba una respuesta a un mail que sólo dijo la verdad: hubieramos sido una gran pareja, pero prefiero quedarme con lo que tenemos.

Está tan viejita como esperaba. Aunque menos mal de lo que esperaba. La Coneja Abuela lloró mucho al tenerme entre sus brazos. Quizá más que otras veces, pero yo sentí menos inminente aquello de su partida. Será porque me lo invento, será porque quiero creer que ella va a estar aquí siempre. Será el sereno. Yo la ví con ganas de quedarse mucho tiempo más.

Empezaron a proyectarse en la pared. Imágenes de unos rollos de película de 8mm. Apagaron la luz y poco a poco fuimos guardando silencio. Aparecieron casi todos: los viejos que entonces no lo eran, los chicos que ahora son grandes, los que ya no están. Muchos de los que estábamos ahí sentados se vieron proyectados en ese cuadrito en blanco y negro en la pared: portando una corona o un vestido de novia o cargando recién nacidos o luciendo un embarazo o soplándole a las velitas o caminando sin la ayuda de un bastón o besando a su bienamado o así nomás, soltándo carcajadas sin sonido. Cuando todos acabaron de despedirse pusieron una última película, un poco más moderna: apareció esta Conejita. También en medio de una fiesta toda suya, también con el pelazo cayéndole en la espalda, también sintiendose la reina de la pista. Por única ocasión luciendo un vestido de novia, abrazando a un bien amado y jurándo amor eterno. Aunque el amor eterno, siempre lo he dicho, dure sólo seis meses.

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DICEN QUE TIENES VENENO EN LA PIEL (Playlist: Radio Futura)

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Tuve una gran despedida. Bebí y canté Almohada de José José y a todo pulmón de la mano de Beautiful Bunny.

Tienen una gran químicaSólo les falta la física.

Sabias palabras de algún borracho que preferí no interpretar.  Queriendo lo de la física lo resolvemos en un minuto. Je. Hubo quién también preguntó si yo era La Cazadora del Cool, alimentándo muchísimo mi ego y no supe cómo empezar cuando preguntaron sobre mis próximos planes. ¡Son tantos! Apenas unos días antes había salido finalmente con el Conejito 2T. Contuve el aliento cuando me habló tan cerca que su nariz tocaba la mia. Me sentí culpable pero regresé con una sonrisa estúpida a casa.

Todo eso fue suficiente para olvidar la mala llamada telefónica de unas horas antes. Era el Conejito de Siempre. Si la vida sí quiere conmigo, ¿por qué seguir intentando con quién no tiene ninguna intención de hacerlo? le pregunté a Bombón Bunny con los ojitos vidriosos.

Déjalo ya, contestó tajante. El Conejito Lorenzo puso una pulserita azul en mi muñeca—como lo hizo ya alguna vez— para liberarme de un mal enganche.

Esa noche, estaba exorcisando a mis demonios.

BUENA VIDA ES… (Playlist: Eros Ramazzotti)

Y sí. Las cosas buenas estan a la vuelta de la esquina. Faltan dos segundos para que esten perfectamente convertidas en realidad en la palma de mis mano. Juro que en cuanto suceda, lo cuento con detalle.

posing_canape.jpgEn tanto, hoy tuve mi primera sesión del Club de Lectura Light y lo que comenzó con el recuento de La Suma de los Días terminó con el analisis tormentoso de nuestros últimos encuentros amorosos: Conejita Judia y Soltera, Miss Bussines Bunny, Conejito Politizado y Conejito Sonrisa Perfecta. Todos tan guapos, tan interesantes, tan armados, y al mismo tiempo, tan solos. Un verdadero desastre, joder. Pero terriblemente divertidos a la hora de buscarnos en el pasado.

En el pasado que, de mi parte, incluye al Conejito PR, al mismo que ayer me topé en un antro en buena compañía y mucho nervio de no saber cómo decirmelo… ja. Incluye también a Mr. Peruvian Bunny que después de meses se aparece en mi teléfono pero me advierte que soy peligrosa para su estabilidad, al Conejillo de Miura y sus misterios y por supuesto, a My Stress Rabbit del que, a estas alturas, no termino de contestarme cómo es que un día comenzó la historia más triste de los últimos tiempos.

El presente en cambio, me pone por ahí al Conejito Tenista, perfecto para subirme la autoestima, el ego y refrescarme la plática de viernes por la noche. Y a Beautiful Bunny para no perder la práctica en la conquista. Poco a poquito, entrenándome a ratos en el arte de tomarnos una botella de vino en pleno lunes, reír sin parar y jurarnos que entre nosotros nunca pasará nada aunque ninguno de los dos se lo crea.

Tras varias horas de repasar aquellos dates que parecen perdidos en un pasado remoto y los nuevos perfectamente metidos en una caja de seguridad, me siento más estable que nunca. Más tranquila. Más zen. Más sana. No sé si es la ausencia del cigarro, del alcohol, el celibato —a punto de concluír— o los proyectos de una vida nueva, pero me gusta esto que miro cada noche en el espejo.

Ilustraciones: Arthur de Pins

NUM PAÍS TROPICAL (Playlist: Jorge Ben)

Ok bueno, no es Brasil, pero tras los fríos aquellos, a ésto sólo le falta el Carnaval.

El regreso no fue fácil pero sí reconfortante. Ésta Conejita viene más cargada que nunca de maletas, ropita nueva y energía desbordantes. Tengo tantas tantas cosas por hacer que voy apuntando en mil papelitos por ahí para no olvidarlo.

Primer punto: soy feliz. inmensamente feliz de haberme ido y reencontrado con aquella mini-conejita de orejitas temblorosas. Y no que hoy las orejas nos tiemblen menos, lo cierto es que por lo menos están más grandes, peludas y entrenadas para esquivar los trancazos de la vida. Regresé convencida de que vivir hartos años en rumbos europeos me enseñó a vivir bien. A gozarme la vida. A preferir calidad a cantidad. A hacerme de pocos pero buenos amigos… y a cada que me agarre la tristeza, tomar una maleta, subirme a un avión y llorar copiosamente mientras miro mi reflejo en la ventanilla.

nocesdef26prev.jpgEl segundo punto (y aquí oigo llegar las carcajadas) es mi firme apuesta al celibato —nubilato, vamos—. Y antes de que terminen de desternillarse de risa, les juro que voy por buen camino. Nada de empiernamientos por ahora (y hasta la llegada de la primavera). Y no es que no me gusten, joder. Es que tengo ganas, muchas ganas de meterme a la cama con alguien que no saldrá corriendo en la madrugada. Quiero un empiernamiento que dure hasta la mañana siguiente… y la que sigue y la que sigue de preferencia. Quiero saber qué se siente eso de comerse a besos y quedarse un poco con las ganas.

El tercero incluye mi nueva buena disposición por refinarme el oído —y las orejitas de paso—. Eso incluye un nuevo idioma, una nueva música, más melodías, voces de otros extremos de la tierra y si se puede, hasta unos pasitos de samba. Estamos, si chiquillos, con ánimos exóticos.

El cuarto, va de libros. Y un grupo de buenos pocos lectores que se animen a participar. Eso que otros llaman Club de Lectura. Tardecitas de domingo, una vez al mes, para hablar de letras e intenciones del que escribe. Un pretexto nomás, para oir a otros hablar de lo mismo pero diferente.

El quinto y último —y este es un secretito— ha sido mi último agradable descubrimiento: Beatiful Bunny. Que me dio una de las cenas más divertidas de mi vida. Que va de música, de letras y de dates fallidos como una Conejita servidora. Que habla tanto como yo y se le va el santo al cielo aún más seguido. Que se nos escurrió la noche en un ratito e hizo que esta mañana despertara con una sonrisa en la boca.

Ilustraciones: Arthur de Pins