NO ES SERIO ESTE CEMENTERIO (Playlist: Mecano)

Que vienen y que me hacen una propuesta, un futuro pintadito como a mí me gusta. Y yo que me la creo y que me emociono muchísimo. Y que empiezo a hacer planes en el aire, esos que a mí me salen facilito. Y que incluyo a más personajes en el proyecto. Y que construyo una vida en mi cabecita. Y que, como suele suceder, que me la venden y que yo se las compro.

Ay ajá, te la creíste Conejita.

No contabas con la vida y sus reveses. Y las casualidades que ponen todo en el bordecito. Y la causalidad que ya te hubiera enseñado que las cosas no suceden cuando uno quiere, si no como diría La Coneja Abuela “cuando tienen que pasar”.

DÉJALO IR (Playlist: Benny Ibarra)

Estoy a punto de irme al cine pero no quería dejarlo pasar. Ayer me despedí de Conejo de Abolengo. Pasó por aquí antes de iniciar una de las aventuras más importantes de su vida. Justo ahí, en El Pueblo de mis Orígenes. Y yo no quería llorar ni hacer ojito remi ni ponerme de mamá, así que me hice la fuerte, le di dos palmadas y se alejó.

Ahora lo pienso. Lo sabe. Lo quiero.

Nos embarcamos juntos en esto hace más de un año y el destino nos ha llevado a los tres integrantes de La Pandilla a lugares distintos, por razones distintas, lo que sigue será encontrarnos de vez en cuando en algún lugar del mundo y casi por casualidad.

Mientras tanto, hemos organizado un Consejo de Sabios para dentro de unos meses. Mientras tanto yo le paso mis trucos de sobrevivencia en El Pueblo de mis Orígenes. Mientras tanto, yo me siento en esta habitación pensando en lo afortunada que soy de ir dejando regada buena gente por ahí. Para que otros la disfruten.

ACOMPAÑAME A ESTAR SOLO (Playlist: Arjona)

Mis días empiezan a solearse. Ya volví a usar tacones y la agenda se me va llenando: un fin de semana por allá, una fiesticilla por aquí, otra reunioncilla por acullá, unos tres que cantan conmigo al gran Ricardo el Poetilla Arjona a todo pulmón (en todos lados se cuecen habas) y una visita que me hace un hoyito en la panza mientras le voy quitando hojitas al calendario.

Y es que no sé si lo dije pero tengo un novio. Bueno no uno sino EL novio de la Conejita: el Conejo Novio como Dios Manda.

Uno se quedó lejos, casi a un océano de distancia. Y que yo hago como que no extraño pero un poco sí. Uno que me llama todos los días, a veces hasta dos, que me manda flores de-las-de-a-de-veras por encima del Atlántico y que me dice (y trata) como princesa.

Uno que bien dice La Coneja Jefa llegó calladito y así se ha ido instalando, muy a sus anchas, abriéndose camino en mis planes futuros y haciendo que a mí hasta me pasen desaparcibida las esporádicas re-apariciones del Conejillo de Miura.

Yo creo, señoras y señores, que suavecito, despacito y sin arranques pasionales, me enamoré.

SENTIRME VIVO (Playlist: Emmanuel)

Había pensado que twittear me quitaba las ganas de postear. (Ah estos nuevos vocablos!).

Había también pensado que soy tan moderna y tan de redes sociales y tan de las nuevas tecnologías y tan empleada de la Empresa de Medios Más Grande del Mundo Mundial, que ser una Conejita con orejas y colita ya no estaba tan bien visto.

Había pensado que ya no tenía mucho que escribir, que mis aventuras exageradísimas de mi paso diario por el mundo no le importaban ni un reverendo comino a nadie más que a mí y que luego, a final de cuentas, que hacía yo aquí contando mis intimidades si, vamos, ínitmas eran.

Había yo pensado que al fin que ya casi nadie pasaba por aquí y que los comentarios eran menos y que quizá nomás era yo lo que al día siguiente me volvía a leer, con más afán de buscar erratas que seguidores.

Andaba yo en todas esas cuando re-descubrí a la que solía (y suele nomás que la distancia no ayuda) ser mi mejor confidente Bombón Bunny que a su vez se redescubrió de casi 35 y no de 25 como ella pensaba.

Y lo mejor de ese descubrimiento fue re-descubrir su espacio bloguero, que nació por ahí en las épocas de esta madriguera, y que no tenían mayor aspiración que esa: dejarnos escribir a mano suelta de lo que nos viniera en gana, sin corrector de estilo y por las purititas ganas de que sí.

Y que regreso.

Disculparán ustedes pero no tienen nada que ver en mi decisión de irme o volver. Es nomás porque me acordé que sólo tengo una pasión que no son ni mis zapatos, ni mis compras, ni mis revistas, ni mis redes sociales. Son estas letritas, una puesta delante de la otra, acomodadas con precisión.

Y disculparán ustedes si les pido un favor pero si un día ven que dejo de escribir nomás verifiquen que no me he muerto.

SEGUNDA VERSIÓN DEL NENE, NENE ¿QUÉ VAS A SER CUÁNDO SEAS GRANDE? (Playlist: Miguel Mateos)

Tengo una prima coneja que fue mi Prima Coneja inseparable desde los primeros años y que, confieso, siempre, siempre quise ser como ella.

  • A los 5 por atrevida y mentir sin remordimientos y saber desde entonces que podían “no cacharte”.
  • A los 8 por precoz y descubrirme los primeros secretos malísimos en cigarros fumados en un baño, revistas debajo la cama de gente que hacía cosas malísimas y amiguitos malísimos que se dejaban toquetear.
  • A los 11 por ser malísima en la escuela y que le importara un pepino sus cincos que hacían que a mí mis dieces me ocasionaran un vergüenza calladita.
  • A los 13 por espigada, bronceada, piernilarga y desinhibida paseandose en bikini en la alberca de su casa mientras yo luchaba por encontrarme una forma, siquiera una, que no fuera infantilmente redondita.
  • A los 15 por chica-cascos-ligeros y hacer esas cosas para las que a mí me faltaban años, agallas y galanes.
  • A los 16 por conseguirse un novio extranjero más guapo que todos los extranjeros jamás vistos (aunque en ese momento, de cierto, habíamos visto pocos extranjeros)
  • A los 17 por tener el guardarropa más extenso imaginable para una adolescente y que me hiciera jurarme, en ese entonces, que yo tendría el clóset más amplio, variado, chic y repleto de zapatos jamás visto.
  • A los 19 por casarse con ese mismo extranjero más guapo que todos los extranjeros jamás vistos a la redonda (aunque en ese momento la redonda no era tan extensa).

A los veintitantos dejé de querer ser como ella.

La Prima Coneja se volvió una señora que luchaba contra su peso, vivía en el extranjero, hablaba con acento y tenía un hijo rubio como el más rubio de un extranjero que ya no era el más guapo de todos los extranjeros.

La distancia entre nosotras, además de físicamente kilométrica se hizo practicamente infinita.

Hace meses la reencontré. Justo cuando llegué a vivir en el Paraíso Tropical. Volvió a ser maravillosamente cercana y distinta.

Ninguna quería ser la otra. Yo tenía mi guardarropa de envidia y ella su matrimonio de siglos.

El mes pasado mi Prima Coneja se inscribió a la escuela a estudiar eso que siempre quiso  ser y que nunca se dio cuenta por andar consiguiendo novio extrajero a cortísima edad.

Ahora mi Prima Coneja dejó de luchar con su peso, ya no es solamente la mamá y esposa extranjera de dos rubiecitos locales, se cambió el look y empezó a sacar todos los dieces posibles que no le dan ni la más mínima vergüenza y que hacen que yo hoy quiera ser como ella.

Sólo por descubrir en sus treinta pasados —y mis treinta pasados— qué quería ser de grande.

TENGO MUCHO QUE APRENDER DE TÍ (Playlist: Emanuelle)

–¿De verdad crees que yo lo quiero? le puse en el chat a La Conejita Jefa refiriéndome a su comentario sobre mi relación con el buen Conejo Latino-Tropical.

Pensó. Escribió y borró. Mientras yo veía el cursor ir adelante y atrás.

Sí lo creo, tecleó lentamente.

Entonces me explicó como nunca lo había hecho antes refiriéndose a mis amoríos:

–Él no es uno de tus amores de tormenta. No es de esos que bien conoces… que llegan, arrasan contigo, te arrollan pero igual, cuando se van, te dejan en pedazos…  Él es uno de esos amores que echan raíces.

¿Y si tiene razón?

VENI, VIDI, VICI

Empaqué de todo: botas, tacones, pantuflas, bufanda, guantes, nada de plumas ni lentejuelas, faldita-abajo-de-la-rodilla, pijama de franela y bonita ropita interior. Uno nunca sabe lo que puede ocurrir en la primera visita a los Conejos Suegros.

Y así, del Paraíso Tropical volé hasta tierras congeladas para visitar a los papás del Conejito Latino Tropical: un fin de semana para presentarles a la “recién adquirida” Conejita Nuera de Indias y que, tras minuciosa revisión, dieran el visto bueno.

Mi primera impresión fue una vieja impresión: se me hace que yo ya los conocía… o más bien, se parecían tanto a otros suegros de tiempos remotos de cuyo nombre no logro acordarme. Entonces concluí que los suegros son suegros todos iguales en cualquier latitud: padre prudente y tolerante, madre hiperactiva y consentidora. Y las nueras tienen de dos. Adivinen cuál fui entonces y cuál ahora.

Supongo que varios miles de años de experiencia sirvieron de algo: me aparecí con bonitos regalitos para papá suegro y mamá suegra -envueltitos y con moño, me comí hasta el último bocado de todo lo que me dieron (al mejor estilo Mamá de Jon -la de Garfiel), acepté gustosa cualquier referencia curiosa a mi “dialecto chilango”, abracé y besé a todos lo miembros de la familia (desde la abuela hasta el sobrinito recién nacido), no salí del baño en paños menores, evite cualquier conversación que incluyera política, religión y prácticas sexuales, contesté a toda pregunta indiscreta y sorteé todas las trampas que investigaban lo bueno de la buena de mi familia, hice mueca graciosa y discutí los desacuerdos con el susodicho Conejo Latino Tropical sólo al final del día y tras cerrar la puerta de la recámara y, finalmente, mandé notita de agradecimiento apenas de regreso en casa .

Ah verdad! y quién dijo que esta Conejita no podía ser una buena nuera?