ACOMPAÑAME A ESTAR SOLO (Playlist: Arjona)

Mis días empiezan a solearse. Ya volví a usar tacones y la agenda se me va llenando: un fin de semana por allá, una fiesticilla por aquí, otra reunioncilla por acullá, unos tres que cantan conmigo al gran Ricardo el Poetilla Arjona a todo pulmón (en todos lados se cuecen habas) y una visita que me hace un hoyito en la panza mientras le voy quitando hojitas al calendario.

Y es que no sé si lo dije pero tengo un novio. Bueno no uno sino EL novio de la Conejita: el Conejo Novio como Dios Manda.

Uno se quedó lejos, casi a un océano de distancia. Y que yo hago como que no extraño pero un poco sí. Uno que me llama todos los días, a veces hasta dos, que me manda flores de-las-de-a-de-veras por encima del Atlántico y que me dice (y trata) como princesa.

Uno que bien dice La Coneja Jefa llegó calladito y así se ha ido instalando, muy a sus anchas, abriéndose camino en mis planes futuros y haciendo que a mí hasta me pasen desaparcibida las esporádicas re-apariciones del Conejillo de Miura.

Yo creo, señoras y señores, que suavecito, despacito y sin arranques pasionales, me enamoré.

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ESTÁS QUE TE VAS Y TE VAS Y NO TE HAS IDO (Playlist: José Alfredo Jiménez)

Disculpen pero sí. He estado ocupada cursileando, haciéndonos arrumacos y dándome todos los besos disponibles para darse.

Si cuando dije lo del enamoramiento no era broma.

Como tampoco es broma que me quedan exactamente siete días en El Paraíso Tropical. Tic, tac, tic, tac. Y cada noche veo esas maletas listitas para irnos, los mejores tacones empacados y mis botas de hule para arrasar con La Ciudad de la Eterna Llovedera.

Y cada noche me repito que lo estoy haciendo bien, que fue una buena elección, que otro cambio de casa-país-continente-vida no puede ser menos que para bien, que tengo muchas calles aún por ver, gente por conocer y cielos por volar, que bla, bla, bla hasta quedarme dormida.

Y cada mañana despierto con un hoyo en el estómago porque las ganas de mirar el mundo de primera mano se me están haciendo chiquitas.

Y DECIMOS ADIÓS Y PEDIMOS A DIOS (Playlist: Mecano)

Suele suceder. Cada año, uno va a haciendo sus listitas de propósitos y al final, ni nos acordamos, ni cumplimos, ni nada

Este año no podía ser diferente.

La diferencia, quizá, será que este año será pública y hasta me arriesgo a hacer un check-list el próximo diciembre. Ahí les va:

  1. aventarme de un trapecio y realizar mi sueño frustrado -aunque sea parcialmente- de ser cirquera, con obvio, harta pluma y lentejuela.
  2. tomar clases de baile, de todos los bailes de salón permitidos y unas danzas privadas también.
  3. aprender portugués, oír más bossa, conocer Brasil y no arderme con el trasero de las susodichas.
  4. homenajear la comida de mi abuela: publicándola, cocinándola y reinventándola.
  5. correr una carrera, un medio maratón o en la corredora como ratoncito tras su queso, lo importante es correr sin huir.
  6. aprender a patinar en línea para divertirme como Pajaro Patinador por Ocean Drive.
  7. escribir más y más seguido.
  8. leer almenos doce libros. y conste que ya llevo uno.
  9. escribir cartas: largas misivas de amor, de desamor, de recuento, crónicas apasionadas… el remitente, siempre el mismo.
  10. iniciarme en un deporte nuevo a escoger: windusurf por las costas de Key Biscayne, capoeria en las comunidades brasileñas de la zona o finalmente, tenis y a la grande.
  11. redondear mi pasión por las letras: caligrafía. aprenderla, estudiarla, practicarla. poner letras, letritas y letrotas en cuanto espacio en blanco me lo permita.
  12. visitar almenos 10  nuevos destinos: punta del este, washington, las vegas, nueva orleans, chicago, boston, buenos aires, sao paulo, lisboa y calcuta.

He dicho.

OTRA VEZ EL CHAMPÁN Y LAS UVAS Y EL ALQUITRÁN… (Playlist: Mecano)

Si tuviera que hacer un recuento de este año, no cabe duda que sería uno de los más ajetreados de mi pequeñita historia personal. Y curiosamente, uno de los que menos escribí.

Resulta que en sólo un año sufrí de amores como una condenada -que vamos, esa no es una novedad-, por los mismos de siempre y por algunas nuevas inclusiones en el ranking:

Me creí que la historia con el Conejillo de Miura iba a amarrar (ay ajá), me la descreí… me emocioné con el Buen Conejo Pluma Blanca, me desemocioné por las mismas razones de siempre… me enamoré hasta el cogote y con la misma fuerza me harté de un Conejo Artista que resultó estar más loco que una cabra… y terminé refugiada en los brazos de un Conejito Latino Tropical pensando que no pasaría de un fin de semana. Vaya, vaya. Y resulta que no, que han pasado los meses y me tiene una cajita azul de moñito blanco esperando debajo el árbol de Navidad.

Del trabajo: empecé el año creyendo que me consagraría en una bonitilla revista de ciudad a la que le había invertido varios años de mis letritas y en menos de lo que canta un gallo ya estaba yo fuera y en menos de lo que el mismo gallo volvía a cantar ya estaba yo haciendo mis pininos en un programa de radio armado, pensado, estructura, inventado y puesto en la práctica como a mí -y obvio, al respetable conductor- nos diera la gana.

Y estaba yo emocionandome mucho con mi vida “al aire” cuando La Empresa Más Grande del Mundo Mundial me puso enfrentito la oferta de un nuevo trabajo, viaje, casa, coche, ciudad y horizonte en la ventana.

Y ahí te voy: vuelo directo y sin escalas al mismísimo Paraíso Tropical. Y no había yo terminado de acomodarme a mis anchas como vieja gorda y con canasta, cuando llega la noticia de una nueva partida. Europa será, en unos mesecillos, mi nuevo destino. Más precisamente Londres.  En tanto yo ya empecé a comprar por comprar mis botas Hunter para la lluvia. Uff.

Del resto: a casi todos les llegó el amor o a mí la edad -tardía- de las bodas.

La Conejita de las Playas hizo la boda más bonita que yo recuerde, Bombón Bunny está dejándose atrapar, mi hermana que agarra y que dice me caso y se casó (hoy por cierto) y que mi hermano anda en los mismos pasos y listo como agua para chocolate. Descubrí, cierto, que los amo a los dos como si fueran mis orejas: imposible concebirme sin ellas.

La Coneja Abuela sigue en pié, a tropezones pero en pié. Y yo le estoy preparando por ahí una sorpresa bloguera.

Me descubrí con ganas de hacer ejercicio y con aptitudes para la cocina. Que el Paraíso Tropical puede ser un lugar menos hostil de lo imaginado y que mi inglés mejor a ratitos. Que cambiar de aires me hizo caer en la cuenta de que he tenido en la vida muchos enamorados pero pocos comprometidos. Y que pasar de uno a lo otro era sólo cuestión de reglas. Que ser La Novia tiene su encanto. Y que me gusta ser La Princesa del Cuento.

Y si de recuentos se trata, en mi libretita de amigos en lugar de restar, sumé. Tengo tres nuevos números de teléfono con código de la Florida a los que sé que puedo llamar en medio de la noche y, tarde pero seguro, llegan. Con eso me doy por bien servida.

Mientras tanto aquí estoy. Hoy la montaña rusa parece estar en las puras rectas. Tantas que ya hasta me desacostumbré.

En unas horas llega La Conejita Jefa para pasar conmigo el fin de este año.

Y yo, estoy feliz de mí.

Tengo ganas de burbujas, de fiesta, de baile y de que el que viene -el año, el trabajo, la casa, el estatus amoroso- sea al menos tan chispeante como éste.

Ajá. Que de esto se trata la vida, chingao!

FIESTA EN AMÉRICA (Playlist: Chayanne)

Tengo cansancios varios y atrasados. Entre Michael Jackson, Zelaya y mis últimas actividades ligadoras nomás no he podido dormir bien.

El Fat Red Boy ya está en su mejor momento. Logramos encontrar un mecánico que no me vio la cara, lo de las piernas no lo sé. El caso es que por sólo 214 dolarucos lo dejó como nuevo. Y yo voy radiante cantando en mi cochecito chaparrito y muy rojo.

Y esta noche, ya de viernes, tenemos cenita y yo todavía una humanidad que producir porque tras una semana larga, la belleza natural cuesta trabajo.

Bienvenido este fin de semana que en el Paraíso Tropical es festivo, sigo sin entender bien por qué, pero de plano lo aprovecho y me voy fuera. Ya tengo empacadísimo eso de short, shanclas y shampoo. Agregue usted un bikini y lo que sigue es puritito relax al lado de la piscina, entre las olas del mar y con un ejemplar latino-tropical de campeonato. Ja.

Ah! qué bonito es lo bonito.

YO NO SÉ MAÑANA (Playlist: Luis Enrique)

Que una es de espíritu tropical y piesecito bailarín, siempre se ha sabido.

Ahora lo digo yo, de cierto.

Bastó despegarme de la pantalla por unos días, deshacerme de las complicaciones y volver a sentirme libre.

Flojita y cooperando, dirían por ahí.

Y así es como me suceden las cosas siempre a mí.

Tiempo: dos minutos y yo ya estaba haciendome de nuevos encuentros. Estoy sí, en cuerpo y alma, en esto del dateo. Y me la paso bomba.

Porque ninguno de los Conejitos es mejor que el otro, porque es una práctica inocente, porque me divierte conocer gente, porque me caigo bien jugando a gustarle a los demás. Porque ya lo dijo un viejo Conejito del Pasado Remoto, tu deporte favorito es enamorar.

Eso sí, apegándome estrictamente a Las Reglas -como bien recomendaría La Coneja Judía y Soltera.

Ja. Ya no me acordaba qué divertido que puede ser: una mirada, un flirteo, un encuentro. Tardar tres horas en decidir el outfit. Superproducirse y terminar la cita media hora después. Caminar gloriosa mientras te abren la puerta del auto. Dejarse tomar de la cintura. Escapar sutilmente. Despedirse con un beso en la mejilla. Bailar la mejor salsa del mundo muy juntitos, con el calor de las noches en el Paraíso Tropical y la ropa pegada al cuerpo. Dejar caer la mirada aleteando las pestañas. Mirar el teléfono en continuación. Mentir sobre la verdadera edad.. y omitir el pasado. Recibir flores, de las de a deveras. Reírse con ganas ante la torpeza propia de la atracción…. Y esperar que el próximo encuentro suceda.

Estoy renovada. Con ganas de apostarme a lo que venga, a lo que sigue. Porque estoy libre de equipaje y no tengo nada, absolutamente nada que perder.

LLEGAREMOS A TIEMPO (Playlist: Rosana)

“Ahí voy” es mi frase favorita de los últimos días. La repito en continuación. Podría ser mi estatus mental:

ahí voy, de regreso a casa, al pueblo, al nido. por un cumpleaños más. por una nueva fiesta. por un mejor festejo rodeada sólo y nada más de los que se quedan conmigo aunque yo no esté.

(de fondo suena eso de “Si te anclaran las alas, en el muelle del viento, yo te espero un segundo en la orilla del tiempo…”)

ahí voy encontrándole el gusto al Paraíso Tropical, aferrándome al barco aunque algunos piensen en eso de desertar. y me repito constantemente aquello que me dijo El Gran Conejo Editor antes de partir, mirándome directito a los ojos: ponte una fecha y no regreses antes, pase lo que pase, no regreses antes.

(“…Si te caes te levantas… No te rindas, no te sientes a esperar”)

ahí voy, con un piso que ya empieza a tener cara de casa. de mi casa. con un sillón mullidito y rojo, una lámpara de cuentas de cristal y un baúl traído desde más allá de la frontera.

(“…No te quedes aguardando a que pinte la ocasión, que la vida son dos trazos y un borrón”)

ahí voy, empujando despacito la puerta de la Empresa de Medios Más Grande del Mundo Mundial después del primer portazo en las narices, dándole la vuelta, buscándole el resquicio, metiéndo el hombro, haciéndome espacio porque siempre he sido de cadera ancha. porque de aquí nadie me saca hasta el día que yo me quiera ir.

(“…Sólo pueden contigo, si te acabas rindiendo, si disparan por fuera y te matan por dentro”)

ahí voy, con casi cien días eternos en la cuenta de mi recuperación. de mi “sólo por hoy”. de haber quemado las naves del Conejillo de Miura que nos llevaron de un continente a otro, navegándo entre las nubes con el solecito cálido pero también naufragando irremediablemente en un torbellino de dolorosísimo desamor. una, otra, una y otra vez. hoy lo miro sin tantitita nostalgia, desde la otra orilla, en tierra firme y con un horizonte distinto de por medio.

(“… Si te abrazan las paredes desabrocha el corazón.. no permitas que te anuden la respiración”)

ahí voy,  haciendo planes para el futuro al lado de un Conejo Artista. no sé si cercano o lejano pero futuro al fin y al cabo. abriéndo el buzón -y el corazón-, encontrando una carta de amor. de a deveras. de esas de amor de verdad, con timbre, sobre y mi nombre en el remitente. llegada directito -y literal- del fin del mundo. y ahí voy, cartita en mano y suspirando y muerta de miedo de un futuro que por primera vez se ve distinto. por un amor toditito mío, comprometido y con todas las ganas no de volar libre -ay sí estoy cursi- si no de amarrarse a mis alas.

(“…llegarás cuando vayas más allá del intento. Llegaremos a tiempo, llegaremos a tiempo”)