Ella baila sola (Playlist: Pensándolo bien)

¿Quién hubiera dicho que lo más complicado de esta nueva Era sería hacer cosas sola?

Tras años de viajar, vivir, resolver y entenderme sola, resulta que el tiempo acompañada me volvió absolutamente incapaz de hacerme cargo de mí.

Que el Bebé Tortugo esté presente siempre no ayuda a identificarme en el silencio. Se me olvida que hacía yo conmigo siglos antes del Fin de la Era.

Como designio divino, este fin de semana los astros se acomodaron para dejarme cuatro días sin hijo, niñera ni amigas cercanas. Sin escapes ni pretextos.

Ahora si, “arréglatelas sola Conejita”, me dijo mi loca interior.

Y la Conejita se las arregló. Bienvenida a los festejos de la Independencia, me repetí mientras los fuegos artificiales iluminaban el cielo de 4 de Julio.

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TENGO MIEDO

En pocas palabras nos lo dijo: los hijos vienen a acabar con tu matrimoino. Ennumeró la historia de decenas de sus conocidas, con los mismos niños llorando por las noches, los mismos maridos trabajando hasta tarde y las mismas señoras dándose permiso de ver con aleteo de pestañas al maestro de yoga.
Mientras la escuchaba contarme su propia versión del mismo cuento, en el teléfono llegaba la foto de la pequeñita Violeta, acabadita de nacer.
Su mamá, la Conejita Aguerrida la sostenía con las manitas y los ojos cerrados, mientras que su papá lucía esa bata verde horrenda y una mirada de estúpido enamorado. Sus vidas, su matrimonio ese divertido y campechano y su historia amorosísima acababa de cambiar. No sé en qué dirección y cruzo los deditos por ellos.
Entonces me vino a la cabeza que dos días antes me había hecho la prueba de ovulación. Ese palito blanco que tiene que pintarse de dos rayitas rosas para indicarme que “estoy en mi punto”. Que me toca empiernamiento llueve truene o relampaguee. Y que estoy convencida que quiero tener uno de esos chiquitos semi inofensivos en mis brazos.
Alguien que me diga que no siempre es así, aunque lo sea.

Y LA FIESTA COMENZÓ (Playlist: Timbiriche)

No es que una se las sepa de todas todas, pero tampoco es que va adolescentear a estas alturas.

El evento pintaba lo suficientemente bien como para dejar correr el alcohol. La música sonaba en un barecito casi vacío. Y por ahí se veían llegar un montón de historias paralelas de las que parecía que sólo yo me daría cuenta. Bastaba mirar un poquito más detenidamente. Tardarse dos ratitos más con la copa en la mano. Y voilá…

Hubo uno que se miraba guapo como no se le veía hace muchos meses. Hubo quien se lo recordó en un bailecillo provocador. Bastó para rememorar una escena de hace siglos atrás de la cual los actores prefieren no acordarse.

Hubo quien iba como ya es costumbre a la caza de carne fresca con los resultados fallidos de cada noche. Y como diría la buena Business Bunny: “Sin cambiar el proceso, no cambian los resultados”.

Hubo quien había atizado las antenas esperando que esta noche se le viera con ojos distintos, entre los que por desgracia son todos terriblemente conocidos y terminan por ver siempre lo mismo.

Hubo quien, como en cada ocasión, no termina de entender mis dichos de La Coneja Abuela y me mira directito a los ojos tratando de descifrar si soy real o la mejor interprete de mí misma ( y puede que tenga razón).

Hubo quien buscó ahogar una tristeza infinita, arrastrada desde hace varios días, en una felicidad alcoholizada que ya no aguanta una borrachera más.

Hubo quien vigilaba desde lo lejecitos los pasos de otros, enredaditos en el pretexto de la salsa, sólo esperando un traspié.

Hubo quien soltó una frase fuera de lugar, un adjetivo de más, un comentario casi inocentón. Suficiente para armar el rompecabezas de historias de oficina.

Hubo quienes conspiraban en grupo. Hubo quienes solitos se la arreglaban.

Y hubo uno, atrevido, que soltó un beso de despedida, cerca muy cerquita de la boca, que duró tres segundos más de lo debido y con ese riesgo adrenalínico de ser mandado directito al carajo.

Hubo quien como respuesta le correspondió.

MOSAICOS DE UN BUEN FIN DE SEMANA

Me miró mientras escogía el outfit para el reventón y me dijo con voz profunda:

-Estoy muy orgullosa de tí.

Giré y miré a Miss Bussines Bunny con sorpresa.

-¿Y eso? dije

Entonces me habló del brillo en mis ojos, de la nueva vida, de lo lejos que quedaron mis historias sombrías de desamor y de mi acertada decisión de venirme a vivir al Paraíso Tropical.

Yo también lo estoy, pensé.

—–

Se veía guapo, con unos kilitos de más, sonriente. Llegó caminando hasta nuestra mesita al aire libre en pleno Paraíso Tropical. Así eramos casi los mismos de siempre. Parecía que nunca había sucedido el truene aquel con el Conejito Gurú que nos removió a todos en los cimientos. Platicamos, reímos, se miraron con esa complicidad que sólo existe entre dos que mucho se quisieron y nunca supieron cómo fue que se acabó. Varias horas después, el Conejito Venejolano se levantó, se despidió y se fué. Se dieron un abrazo enorme mientras los demás confirmabamos eso de que el amor eterno no existe. Joder.

—–

-Traíganos otra botella de champagna, dije a la mesera alrededor de las 4 de la mañana.

No supe cuántas llevábamos, luego de abrir la primera a las 2 de la tarde. Nos sobraba alcohol en la sangre, ganas de bailar con coreografía, micrófonos iluminados de leds, grandes éxitos del OTI del 78 por cantar, historias de amor y desamor por contar.

Amaneció y nos faltó tiempo para seguirnos extrañando.

—–

-Estoy lista, dije.

Me aparecí con un suetercillo, una minifalda (mejor conocida como falda-cola) de mezclilla, unas botas de tacón kilométrico y el pelo que ya me llega a la mitad de la espalda.

Me miraron con los ojos abiertos como platos e hicieron bromas sobre la longitud de mi faldita, posible sólo en estas latitudes del planeta, dijeron. O por lo libre que te sientas.

Creo que estoy en la segunda posibilidad.

—–

Comimos baguettes mientras hablamos de la posibilidad de un negocito, un consultorio, un departamento, unas cirugías, una vida en el Paraíso Tropical.

-La Conejita quiere traernos a todos al Paraíso Tropical, dijo Miss Bussines Bunny.

¿Y por qué no?

—–

-Es un bombón, dijeron casi como veredicto final.

El Conejito Latino-Tropical había pasado una de las pruebas más difíciles. Mis locos chiquitos le dieron el visto bueno. Y a mí me gusta que les guste.

¿ES ELLA MÁS QUE YO? (Playlist: Yuri)

Vamos, no es que yo sea una santa, pero llevo días, semanas.. ¡meses! portandome tendecialmente bien. Muy bien, vamos. Pero parece que algún demonio oculto (o más bien con la negligencia más absoluta) quiere jugar con fuego. Y miren que yo soy mechita de pólvora.

Yo, vamos, ya lo sé: soy una “ex” indeseable. Indeseabilísima, joder. Porque creo fervientemente en que de los buenos hombres, una no se debe alejar. Y para malafortuna de muchas, en mi lista, he ido acumulando puros buenos Conejitos.

Y ahí está la historia. Que ha sido tantas veces la misma que ya hasta me la sé —cambia el personaje, cambia la susodicha—, pero siempre igual:

1. El primer drama llega porque seguimos “en contacto”. Y yo río, mucho, lo juro. Un café nomás para ponernos al tanto de los últimos acontecimientos se vuelve una tortura con mil llamadas al celular cada minuto. Entonces sí, ni tranquilas ellas ni tranquilos nosotros.

2. Luego viene la media prohibición. El clásico sí, pero no. Una especie de amenaza velada. Y así, como de secu, los muchachos deciden seguir presentes intermitentemente y de lejitos: sms, llamadas a escondidas, citas jurando que están en otro lado. Todo, pa’ que no se enoje la Señora. Y a mi se me borra la sonrisa viéndolos jugar a Caperucita y El Lobo.

3. Luego, viene la “interacción” cordial. ¿Qué tal que nos “encontramos”? El absurdísimo «quiero verla actuar de cerca». Y ahí estamos, con la presión de que ellas descifren un código secreto entre su jovenazo y esta Conejita. Y obvio, ese código existe. No por nada pasamos meses, años o siglos juntos. Repito: que sí, señoras, que el Conejito y yo nos entendemos sin decir palabara pero también, repito señoras, que el Conejito y yo ya no tenemos nada que decirnos. Si así fuera.. mm.. no hubieramos terminado.

4. Y cuando la cosa se pone peor, viene la interacción insistente. Entonces ellas aparecen, me sonríen, se le cuelgan del cuello al susodicho y juran que salieron vencedoras. Sonrisa congelada. Me pregunto ¿si el Conejito ya no es parte de mi vida, por qué yo sigo siendo parte de la suya?

5. Ya en el colmo del estrés: ¡Objetivo alcanzado! Conejito y Conejita dejarán de verse por “el bien de su relación”. Charros. ¿En serio para que una relación funcione hay que desaparecer el pasado completito? Y me viene la tristeza.

En fin, ya casi me acostumbro. A acumular Conejitos de orejitas caídas. A recibir -de cuando en cuando- comentarios de una ex en crisis, deshaciéndose de ex-eses como si fueran peligrosas damas de garras afiladas. Resulta que para que haya historias de príncipes y princesas, hay que tener a la “bruja” del cuento. Y esa, invariablemente, siempre soy yo.

¿Será por mi parecido con Jessica Rabbit? Ja.

NO ME PREGUNTEN POR ÉL (Playlist: Crystal)

Hoy oficialmente volví a fumar… y a llorar.

Heme aquí, en el balcón de un apartamento en el Paraíso Tropical, con velitas perfumadas, vinito y una cajetilla de cigarros. Hay un vientecillo suave que apenas si mueve este calor infernal y a mi la tristeza se me estacionó suavecito al lado. ¿Dónde están Las Conejitas que responden veloces siempre a este estado de ánimo lamentable y, condescendientes, aceptan pasar la noche a mi lado escuchando estas lamentelas? ¿Dónde están esos Conejitos Varios que en una noche -y con el empiernamiento correcto- borraban a besos mis ausencias?

Creo que venía aguantándome las ganas. Haciendo como que todo andaba bien, sin andar. Pero volvió a pasar. Y tengo que volver a convencerme de que las decisiones tomadas son las mejores. Que vivir en este lugar tiene sentido a futuro. Que haber dejado mi espacio -y los fantasmas que él habitaban- me daría un nuevo respiro. Que tener un personal trainer, un mail de la Empresa de Medios Más Grande del Mundo Mundial y un novio artista eran parte de mi nueva vida. Joder. ¿Y si me equivoqué?

Hoy trabajé un turno extra. Esos que trabajan en sábado todos los que no tenemos nada mejor que hacer. Escribí sin descanso de uno que se murió, del que todos hablan y que -estoy segura- estaba más solo que una ostra con el mundo entero mirándole la cara. Seguro que él fumaba y lloraba.

Y pensar que apenas esta mañana había subido unas fotos a mi Egoteca que me mostraban radiante. Iluminada de sepia con una carita de enamorada recarcitrante. Y pensar que abriendo mi computadora me encontré con unas letritas que -en cualquier otro momento- le subirían el ánimo a cualquiera:

“lo siento pero es inevitable… demasiada tentacion… egoteca ergo que la naturaleza haga su parte… y si, destilas Mujer… dichoso aquel que te espulga el cabello… y escarba en la mirada llena de luz… y te rasca la nariz con ese percing puberton… y te muele los labios a costa de darle y darle… y te consume el sudor como elixir de vida… y te come el pescuezo languido, como la medula… bla bla bla… de cierto es que son legión… no, no son las chelas las que inspiran… quizas el efecto de la luz… y ese tono sepia tan sensual.. tan humano… tan tu… cada vez aprendo mas y entiendo menos… eso no importa… voyeur versus egocentrica… viva la diferencia!… en contexto, Vanessa Rubyn interpreta una rolita de Sting (Seven days)… muy a su manera… perfecto! nada concuerda…”

y no, nada concuerda. Ni mis grandes planes a futuro. Ni mi vida en el Paraíso Tropical. Ni la muerte del famoso. Ni guardar las fotos en una caja y meterlas en el fondo del cajón. Ni el novio artista que se deja vencer bajo el peso del pasado.

Bonita.. decía un mensaje en mi teléfono esta tarde.

El Buen Conejo Pluma Blanca aparece intermitente. Yo sonrío desde lo pronfundo cuando veo sus mensajes y no sé qué contestar. Me pesa tanto su no-presencia y mi falta de palabras.

También apareció El Editor.

Sólo dime que no es mexicano… habría dicho tajante, tal y como acostumbra.

Que no.. contesté.

Pero eso tampoco resuelve gran cosa. Yo que juraba que todo era un asunto de nacionalidad. O de ideología. O de cultura. Resulta que es un asunto de elección.

-Toma un avión inmediatamente y ven acá, habría dicho Miss Bussines Bunny hace apenas unas horas al teléfono.

-El problema, le dije, es que no es la locación sino los protagonistas de la obra.

Y bueno, de cierto, la locación no ayuda. Aquí lo más emocionante que me ha pasado es el impacto de un fruto tropical sobre el parabisas de mi Fat Red Boy en movimiento.

Pero los protagonistas tampoco. Sigo siendo la estrella principal de esta obra de la que ya, parece, me sé el final.

Aquí el tiempo pasa lento, el vientecillo sigue sin mover el calor infernal y yo he vuelto a fumar y a llorar.

Mañana es mi dia libre y tengo tanto miedo de amanecer conmigo.

HOY PUEDE SER UN GRAN DÍA… (Playlist: Joan Manuel Serrat)

La alegría se tarda muy poquito en llegar. Y la vida en ponerme las cosas en el mejor lugar.

Anoche soñé con el Conejito de Siempre. En el sueño, nos despedimos de la mejor manera. Supongo para olvidar lo chafa de la ruptura en un Starbucks en medio de una plaza comercial. Fue el último paso de un día lleno de eventos contundentes.

Por la mañana había desayunado, en nuestro lugar de siempre, con El Buen Conejo Puma Blanca.

¿A quién tenemos que golpear? dijo al verme llegar con los ojos papujos de una noche llena de llanto. No voy a dejar que te hagan daño.

Sonreí y me dejé querer. Tiene, no-sé-cómo, esa única manera de hacerme sentir la mujer más deseada del mundo. Y a mí, esa sensación me gusta.

ercan_accueil2Más tarde, en sede alterna, se me fueron varias horas hablando con Conejita Te Pareces Tanto a Mí. Y sí, es cierto eso que alguien dijo alguna vez: nos parecemos tanto. Así que no pude más que hacerle caso cuando, al verme —siempre con ojo papujo— dijo:

No te dejes golpear emocionalmente.

Junto con la Conejita de las Playas y Miss Business Bunny, era la cuarta persona que ese día hablaba de violencia… y sobre mí. No pude hacer como que no oía. Si me miro al espejo, no tengo el ojo morado, pero sí tremendos moretones en el corazón. Y ni cómo ponerles un bistec encima.

Pero hay un Dios —como diría mi gurú Yuri Cristo Redentor— y me mandó un SMS esa misma tarde.

“FELICIDADES” decía

“¿POR?” contesté.

“POR TENER UN EMPLEO”

El cielo se abrió. Conseguí otro nuevo triunfo. Iba a estar en el lugar y con quien quería estar. Y vaya caso, con personas que me querían A MÍ. Brinqué de gusto.

Mi nueva vida estaba por comenzar.