Impronunciable

Creo que es hora de decir eso que me he negado a siquiera pensar con la férrea convicción de que si no lo digo, no sucede.

Aunque he pasado los últimos 50 días sentada junto a la cama de un hospital, no he permitido que esa idea se convierta en palabras. Algunos lo han sugerido:

-“Creo que es tiempo de que lo consideres”, dijo su hermana desde la silla de junto mientras ambas mirábamos la cama de metal.

-“No”. No sé si lo dije o lo pensé. No lo pienso, quiero ni intento considerar.

-“Dejemos que la naturaleza siga su curso”, me dijo un doctor en un cuartito con una mesa, una lámpara y una caja de Kleenex. En mi interior se desataron todas las furias de los océanos. ¿Qué coños dice? Llevamos siete si-e-te años haciendo que la naturaleza no siga su curso y eso no va cambiar ahora.

Otros lo han sugerido sutilmente con la consabida frase “que se haga la voluntad De Dios”. Yo en tanto no sé siquiera cómo creer en ese Dios, su voluntad y su manera de amar.

Pero esta mañana, esa idea maldita se posó suavemente en mi entrecejo. Justo cuando le tomé la mano mientras se estrujaba con fuerza la cabeza y arrugaba los párpados haciendo que una lagrima se escurriera lenta desde la comisura. Así no, pensé. Así me quedan menos herramientas, menos argumentos, menos alientos para aferrarme a nuestra lucha. Así no te quiero. Así no nos quiero. Así si quieres, te dejo.

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TODOS SOMOS MULTICOLORES (Playlist: Ricky Martin)

—¿Raza?

—Blanca… ¿o qué no? Pregunté levantando una ceja ante la señorita detrás de la ventanilla.

En el amplio espectro de mi concepto sobre los colores de piel entran el blanco, el negro y el amarillo. Y si me miro el reverso de la muñeca, yo lo veo más parecido al primero que a los otros dos.

Y es que, disculpen mi falta de variedad étnica, pero esos eran los dibujitos que recuerdo de mi libro de primaria.

—Hispanic, me contestó.

Esa sí que no me la esperaba. A partir de mi ingreso a este país y si lo que quiero es obtener una visa y un bonito número de social security para pagar mis impuestos (que la verdad no), resulta que soy hispana.

Y que la raza, se define por lo que sale de mi boca. En fin, no me molesta. El español lo hablo, mucho y sin faltas de ortografía, diría yo.

—¿País de origen?

—México

—Ah mexican, dijo ahora alzando ella la ceja.

Puso el sellito y me dio el permiso sólo por un añito porque “that’s the way” con los mexicanos, aseguró.

Salí caminando despacito de la oficina, sin dejar de sonreírle al de la entrada. Esa sí no me había pasado.

Nunca me habían visto feo por mi origen, ni formaba parte de ninguna minoría. No sé mucho de “la comunidad”, no mezclo dos idiomas al hablar, no me defino como latinou cuando me preguntan por mis movimientos de cadera, no crucé la frontera sin permiso de trabajo, no tengo parientes ni perro que me ladre en este país, no voy a ir a ver al gran Buki de todas las Cárceles en concierto y vivir aquí estaba lejos de ser mi sueño americano.

Tampoco es que me sean indiferentes las luchas sociales de mis paisanos ni que les llame “ilegales” a los que no les pusieron sellito en el pasaporte pero que trabajan igual –o más- que los otros.

Y quizá lo único que me dejó mi entrevista con la señorita de la ventanilla es que me toca reinterpretar mi propia definición de origen, raza y comunidad. O que acá me puedo reinventar por otra, más latina, más hispana y más minoría. O presentarme como la misma para que se les vayan olvidando los clichés. O que este país me enseñe a pelear por los derechos que yo siempre tuve y que mí me dieron sólo por el gustito de haber nacido donde nací.

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RE-WELCOME TO MIAMI (Playlist: Will Smith)

–¿País de residencia? –dijo el señorcito de migración  con la mirada fija en los innumerables sellos de mi pasaporte.

–México –contesté segura y con una sonrisa de oreja a oreja. No estaba dispuesta a tener problemas el día de mi triunfal regreso al Paraíso Tropical.

–Pero tiene más de 260 días fuera de México… o sea que ahí no reside…

-Ah sí mire.. es que soy reportera…– contesté para justificar el ir-y-venir de los últimos años.

-¿Dónde vive?

-Mmm bueno, en realidad ahora estuve en La Ciudad de la Eterna Llovedera trabajando para La Empresa de Medios Más Grande Del Mundo Mundial, pero en realidad mi oficina está en El Paraíso Tropical… pero la verdad es que mi familia están todos en el Pueblo de Mis Orígenes… ¿sabe? yo ahí dejé un departamento.. sí.. todo mío…

Y estaba yo en esa retahíla de explicaciones para armarle al señorcito de migración el rompecabezas  de mi vida en siete maletas, cuando me interrumpió ligeramente hastiado.

–¿Dónde está su casa? –dijo por primera vez levantando la cabeza y mirándome a los ojos.

Por dos segundos, el estómago se me hizo chiquitito, se me armó un nudo enorme en la garganta y el agua me rebasó los ojos….

–¿Mi casa? –repetí.

Y cómo le explico a este señor no sé dónde vivo, ni dónde está mi casa y que tengo sólo un domicilio….

que vengo a iniciar una nueva historia, con toda mi vida guardada en las mismas siete maletas con las que salí del Pueblo de Mis Orígenes hace más de dos años… que ahí llevo arrastrando varios pares de zapatos de tacón, unos jeans, una serie de libros por los que he pagado tantas veces exceso de equipaje que me convendría más volverlos a comprar en el país al que llegue, varios años invertidos en  amores que nunca terminaron por cuajar y la memoria de los dos únicos hombres que se animaron a compartir casa conmigo, mis difuntos Manolo y Vicente, mis pececitos de Cabecera

que mi contrato en La Empresa de Medios Más Grande del Mundo Mundial me dio el mejor pretexto para salir corriendo (otra vez) e inventarme una nueva vida en La Ciudad de la Eterna Llovedera… que de eso tiene ya un  año y yo aún no sé si me la inventé tan bien… le sumé a la maleta los correos electrónicos de nuevos amigos entrañables y le resté las ganas de vivir como estudiante extranjero en un cuarto de 2×2.

que aún no tengo casa, coche ni dirección pero sí un Novio Como Dios Manda que me juró amor eterno como los otros, pero que lo quiere poner por escrito (no como los otros).. y aunque yo siempre haya creído que ese dura unos seis meses, estoy viviendo con serenidad mis tiempos extras… que yo no sé si me gusta tanto El Paraíso Tropical (bueno no, sí sé que no me gusta tanto) pero que vengo dispuesta a intentar vivir entre mar, mall y reggaeton  sin dejar que se me consuma el cerebro…  que después de todo… ¿qué tan mal le puede ir a una Conejita Chilanga en los States?

–Sí señor, en El Paraíso Tropical. Aquí está mi casa.

SEGUNDA VERSIÓN DEL NENE, NENE ¿QUÉ VAS A SER CUÁNDO SEAS GRANDE? (Playlist: Miguel Mateos)

Tengo una prima coneja que fue mi Prima Coneja inseparable desde los primeros años y que, confieso, siempre, siempre quise ser como ella.

  • A los 5 por atrevida y mentir sin remordimientos y saber desde entonces que podían “no cacharte”.
  • A los 8 por precoz y descubrirme los primeros secretos malísimos en cigarros fumados en un baño, revistas debajo la cama de gente que hacía cosas malísimas y amiguitos malísimos que se dejaban toquetear.
  • A los 11 por ser malísima en la escuela y que le importara un pepino sus cincos que hacían que a mí mis dieces me ocasionaran un vergüenza calladita.
  • A los 13 por espigada, bronceada, piernilarga y desinhibida paseandose en bikini en la alberca de su casa mientras yo luchaba por encontrarme una forma, siquiera una, que no fuera infantilmente redondita.
  • A los 15 por chica-cascos-ligeros y hacer esas cosas para las que a mí me faltaban años, agallas y galanes.
  • A los 16 por conseguirse un novio extranjero más guapo que todos los extranjeros jamás vistos (aunque en ese momento, de cierto, habíamos visto pocos extranjeros)
  • A los 17 por tener el guardarropa más extenso imaginable para una adolescente y que me hiciera jurarme, en ese entonces, que yo tendría el clóset más amplio, variado, chic y repleto de zapatos jamás visto.
  • A los 19 por casarse con ese mismo extranjero más guapo que todos los extranjeros jamás vistos a la redonda (aunque en ese momento la redonda no era tan extensa).

A los veintitantos dejé de querer ser como ella.

La Prima Coneja se volvió una señora que luchaba contra su peso, vivía en el extranjero, hablaba con acento y tenía un hijo rubio como el más rubio de un extranjero que ya no era el más guapo de todos los extranjeros.

La distancia entre nosotras, además de físicamente kilométrica se hizo practicamente infinita.

Hace meses la reencontré. Justo cuando llegué a vivir en el Paraíso Tropical. Volvió a ser maravillosamente cercana y distinta.

Ninguna quería ser la otra. Yo tenía mi guardarropa de envidia y ella su matrimonio de siglos.

El mes pasado mi Prima Coneja se inscribió a la escuela a estudiar eso que siempre quiso  ser y que nunca se dio cuenta por andar consiguiendo novio extrajero a cortísima edad.

Ahora mi Prima Coneja dejó de luchar con su peso, ya no es solamente la mamá y esposa extranjera de dos rubiecitos locales, se cambió el look y empezó a sacar todos los dieces posibles que no le dan ni la más mínima vergüenza y que hacen que yo hoy quiera ser como ella.

Sólo por descubrir en sus treinta pasados —y mis treinta pasados— qué quería ser de grande.

NENE NENE ¿QUÉ VAS A SER CUANDO SEAS GRANDE? (Playlist: Miguel Mateos)

—¿Dónde te ves en 5 años?, le habían preguntado a Bombón Bunny en una entrevista de trabajo utilizando la más clásica de las preguntas de, obvio, una entrevista de trabajo.

Si ambas fuéramos de esas personas normales hubieramos dado la respuesta más institucional posible: “en un alto puesto dentro de esta corporación”.

Sin embargo, Bombón Bunny respondió como era de esperarse en ella: que no tenía la más remota idea.

Así de plano y sin remordimientos.

Y yo, hace un año hubiera hecho lo mismo.

Pero, curiosamente, los últimos meses esa  misma pregunta me ronda la cabeza:

—¿Dónde diablos vas a estar, Conejita? o mejor dicho ¿Dónde diablos quieres estar, Conejita?

Y no sé si me preocupa más la respuesta o el hecho de quererla responder.

Porque yo no sé si quiero una casa-un coche-un perro -y un jardin, una ciudad definitiva, un trabajo que me deje explorar las tendencias (en esa formita particular que tengo de verlas), una tarjeta de viajero frecuente platino o un amor que me reciba a besos todas las noches.

No sé si un día lejano lejanísimo me va a nacer ese amor materno maternísimo y llenaré la casa de flores y conejitos.

No sé si puedo tenerlo todo o tengo que seguir escogiendo uno a costo del otro.

No sé si podré escribir eternamente un blog absolutamente catártico  sobre cosas que me pasan aunque no me pasen.

No sé si quiero soltar todos esos amores imposibles de los cuales respiro para quedarme con uno solo.. cierto.. que me da agua para beber.

Sólo sé que quiero parecerme más a Bombón Bunny y responder que no tengo la más remota idea.