Y la fiesta comenzó… (Playlist: De festejos y guateques)

Estaba por llegar el cumpleaños más importante de los últimos tiempos. Por la situación, por la concurrencia, porque sería yo, otra vez (como en tiempos inmemoriables) festejando sola mi maravillosa vida.

Y así fue. Vestido rojo. Piel luminosa. Ánimo por los cielos. Estuvieron todos los que tenían que estar. Pero como buena Conejita que soy, me tenía que pasar lo inesperado.

En la lista de invitados estuvo el Conejo Caballero. No dudó un segundo en aceptar. Ofreció llevarme al lugar. Y no faltó su regalo. Es sin duda, el Señor que dice ser. Con un único pero: somos radicalmente distintos. Y eso no es de poco.

Y cuando todo parecía predecible, lo distinguí entre el movimiento y las personas que obstruían la puerta. Era el Conejo Emocionalmente Unavailable. Llegó de algún lugar lejano a festejarme. Y a mí, se me sumió el estómago, contuve el aliento y sentí esa silenciosa explosión de corazón que tenía tanto sin sentir. Joder. Yo que juré que lo había dejado guardado en el puesto de ‘un conocido sin importancia’.

Estuvo pocos minutos en el lugar. Aprovechó para ponerse al tanto y enterarse que las últimas semanas habían sido emocionalmente complejas para mí. Se fue igual que llegó. Con una sonrisa y sin dejar huella.

Una vez más Conejita: pon a cada persona en el lugar que le corresponde.

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