Carta de amor amorosísima

Hace casi 20 años decidí buscar el amor en internet -que era de esperarse visto que llevo casi una vida trabajando en este medio. Tuve muchas experiencias divertidas, enriquecedoras y hasta un blog de peripecias. Pero fue solo hace menos de 10 años que recibí tu guiño en mi perfil. Un guiño, solo eso. No podía imaginar todo lo que eso desembocaría. Y no es que te escriba para hacer un recuento de nuestra historia de amor: a final de cuentas tanto tú como yo la sabemos a pie juntillas.

Te escribo en cambio para reconocerte como ‘el amor de mi vida’. No sé si te lo dije en la primera cita, en algún encuentro precipitado cuando vivíamos en distintos países, en nuestra boda amorosísima, en la luna de miel o cuando nació Jerónimo. Quizá ahora me doy cuenta que no te lo había dicho nunca con estas precisas palabras: eres el amor de mi vida y sin duda el hombre que necesitaba.

Eres quien me enseñó a pensar más allá de mí, el que me demostró que una enfermedad no es el fin del mundo y que cuidar de quién amas es un privilegio. Eres el hombre que me confirmó que se cambia, se evoluciona y se negocia por el bienestar de los dos. El que me hizo cambiar el norte, el rumbo y desear por una única ocasión irrepetible e inigualable tener un hijo. Eres tú el que, contrario a todas las predicciones, me hizo detenerme, echar raíces y darle tiempo al tiempo. Y eres tú, también, quien nunca nunca me impidió volar.

Y sé también todo lo que refunfuñé y discutí contigo por nuestras diferencias. No ha sido fácil. Ha sido una travesía. Exactamente como lo dijiste aquel día cuando me pediste que fuera no solo tu esposa, si no tu compañera de viaje. Eso soy. Esos somos. Compañeros de vida. De aventuras. De viaje.

Empezamos esta travesía juntos y aquí seguimos, caminando de la mano. Como aquel día en París. Con el mejor equipaje posible. Bien comidos, bebidos, bailados y enamorados. Y ahora sí, ni quién nos lo quite.

Te amo profundamente. Te amo hoy, ahora, en este instante. Te amo, Juan Fernando Duque, hasta que la muerte nos separe.

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