Lo que no sabía de mí

Esta vez se trata de mí: no sabía cuántas canas tenía, no sabía cuántos días era capaz de resistir sentada en un cuarto de hospital, no sabía que podía usar los mismos zapatos más de un mes, no sabía que así era el amor después del enamoramiento, no sabía del agradecimiento eterno a quien cuida de ti. No sabía tampoco que era capaz de sentir ternura, compasión y coraje. No sabía tampoco de la rabia y la impotencia ni de cómo se sienten dos minutos de vacío. No sabía que creía en los milagros (los de Dios, del Universo o de la medicina -qué importa). No sabía que podía convertirme en una roca, un fuerte, una estatua de sal, un rompeolas para cuidar de los míos, de mi tribu, de mi clan. Así mis 48 días de “para qué” y no “por qué”. Aquí vamos de nuevo.

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