El corazón en la maleta (playlist: Fonsi y otras cursilerías)

“Y yo me voy, adiós, me fui y no me importa

Nada me detiene aquí

La vida es corta”

Quien conoce a la Conejita de Indias sabe por qué lo digo. En marzo de hace cinco años boté todo, vendí en garage mis pertenencias –incluidas las orejitas- y me subí a un avión jurando que ‘voy-vengo’.

Y que no. Que sigo acá.

El pretexto entonces fue emplearme en La Mejor Empresa de Medios del Mundo Mundial, situada en el Paraíso Tropical. Pero la verdadera razón no la vine a conocer si no hasta ahora que el horizonte no se parece ni tantito al que tenía planeado.

“Lo mejor que me ha pasado es despedirme”.

Reconocida en el Pueblo de Mis Orígenes por mi adicción al drama, mi fama es tal que el ahora mejor conocido Conejo Dueño de Mis Quincenas asegura que soy un personaje sacado de una (mala) telenovela mexicana.

No se equivoca.

El enredo, el drama y los sube y baja alimentaron mi vida amorosa –y la no tan amorosa- durante años que duraron siglos.

“Me marcho en paz

Te dejo con locura”.

¿Cómo me liberé? No lo sé. Aún no canto victoria.

Pero quiero pensar que es el superado karma de los treinta. Y que hoy, a meses de tocar los cuarenta (aunque me vea de 29), no puedo estar más que feliz de haberlos dejado atrás.

Los disfruté. Los gocé y los lloré con ganitas.

“Soy feliz de haber perdido la pelea

Yo me llevo al corazón en la maleta”.

Nunca hubiera imaginado que esa despedida, tan dolorosa entonces, me habría puesto en donde estoy. Feliz y con un lejano recuerdo de los sinsabores.

Aunque mis nuevos dramas no son para menos, incluyen a un Bebé Tortugo que llora a deshoras en mi recámara –que ya no se parece en nada a esa mejor conocida por su (amplia) variedad de empiernamientos.

Ahora toparme en la cama con uno de los cuatro muñecos de peluche que decidieron mudarse a la habitación, servir a ojos cerrados en medio de la noche un biberón y cruzarle la pierna por encima al Conejo Dueño de mis Quincenas son parte de mi nueva chick-flick particular. Y a mí me gusta esta nueva tranquilidad hasta soporífera.

Bienvenidos a la historia de la Conejita del Cuarto Piso (aunque parezca de 29).

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