Cinco de mayo o del por qué (no me) importa la batalla de Puebla

Me había negado.

Durante los poquito más de cuatro años que llevo viviendo en Estados Unidos miré siempre con desdén los festejos del Cincou de Mayo. Sí, esos con “u” al final de la primera palabra.

Soy una especie de grinch. Me fastidian las ideas de Martha Stewart para organizar una “Fiesta” –que debe incluir guacamole y papel picado. Me hacen levantar una ceja esas tiendas de decoración que aprovechando el mes se ponen folclóricas, me repelen estas ofertas latinosas y hasta las app para localizar shots de tequila. En fin, siento que me revienta esta mexicanidad mal calendarizada.

Soy chilanga y la batalla de Puebla me es medio inclusive, vamos, por más que la televisión en español intente vendérmela como mi mayor fiesta nacional.

Esta mañana recibí una nueva invitación.

Quería regalarte unos pases VIP para este domingo de evento de Cinco de Mayo Brickell Fest. El pase VIP incluye acceso a una carpa especial, donde te darán un sombrero, tarro y una bebida de cortesía…”, decía.

Estaba yo a punto de sacar toda mi mala leche imaginándome deambulando con sombrero de Speedy González y un tarro de margarita aguada en la mano, cuando recapacité.

La ocasión no puede seguir siendo sólo una oportunidad para aventarle mi cátedra de DíadelaIndependencia a cuanto colega extranjero se me acerque con una felicitación en la boca por “el cinco de mayo”.

Es más, la ocasión ni siquiera es muy distinta de mis quinces de septiembre patrioteros comiendo pozole en Coyoacán o gritando Vivas en el zócalo o cantando el himno mexicano a todo pulmón –ojo Remi incluido- en la embajada del país que me albergue.

Y aunque me asfixie esta sensación de inmigrante, de hispana, de latina, de minoría y de cuanta etiqueta me vayan colgando, va siendo hora de asumir que aunque vivo cerquita, estoy en el país de junto. Y que aunque vuelvo cada que puedo, mi casa es donde duermo cada noche.

Y que aunque una se niegue, soy parte de las estadísticas: soy una de los 11.4 millones de mexicanos inmigrantes que vivimos acá –somos más que los chinos pues, una de las poquitas afortunadas (11%) con permiso de residencia legal y escogí el mismo destino que el 96% de los que nos fuimos del país. Vamos, hasta le ajusto a la edad promedio –sí sí, 38 aunque parezco de 29.

Así las cosas, aunque me encante el alboroto del quince, el domingo me da un buen pretexto para evaluar mi integración al entorno, mi desempeño en calidad de inmigrante por puritito gusto y de redescubrir el verdadero significado de mi mexicanidad en este ya no tan extranjero –aunque me niegue a ponerme sombrero y a tomar margarita en tarro.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s