¿YA PASÓ O VA A PASAR?

Bueno, ya pasó. La Boda, al menos.

A ratos, el novio se sintió cansado. Era de esperarse, visto lo que nos dijo el especialista que vimos unos días antes de la boda: la anemia es seria y la altura de la Ciudad de los Palacios no estaba ayudando.

La única recomendación: nada de permitir que cargaran al novio y lo lanzaran por los aires en medio del clasico festejo “a la mexicana”. Una caída podía ser fatal en estos casos.

No hizo falta.

Tal y como lo planeamos, hubo fiestas previas, amigos íntimos, pastel de calaveritas, charro, mariachi y un gran vestido de novia. Y hasta un sermón alternativo con un padre súper cool. Todo (casi) perfecto: el DJ olvidó algunas de nuestras recomendaciones más férreas.

Reímos y lloramos con la misma intensidad y de manera intermitente durante toda la noche.

Estabamos auténticamente felices.

Lo demás ha pasado con una velocidad estúpidamente más rápida que el año que tomó la planeación del evento: el viaje a la Playita, el regreso a la Ciudad de los Palacios, la despedida con algunos cuantos amigos, el regreso al Paraíso Tropical, la cancelación de la operación, las llamadas, las visitas, las actualizaciones de estatus, los nuevos análisis, la búsqueda incansable de una nueva fecha en el quirófano y las idas y vueltas al hospital en un trámite burocrático interminable. Uf!

Falta exactamente una semana para que a mi “nuevo” marido lo metan a un quirófano. La cosa no es sencilla y el tumor en el riñon no perdona.

-“No se conoce uno que sea benigno”, había dicho el médico mexicano.

-“Auch”, exclamó la enfermera filipina en el hospital mientras fruncía el ceño y hojeaba los resultados de los análisis.

-“Tiene todo a favor”, dijeron otros expertos europeos refiriéndose a su edad, condición física, ánimo y alimentación.

La única diferencia de aquel día que recibí el mensaje con la noticia es que ya no tengo ganas de llorar.

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