UNA BUENA Y UNA MALA

Tengo cáncer, decía el mensaje en la Blackberry.

Lo releí seis veces. Muda. Faltan exactamente 10 días para nuestra boda.

Yo estoy en La Ciudad de los Palacios afinando los últimos detalles. Él sigue en el Paraíso Tropical esperando su primer día de vacaciones para viajar y decir “Acepto”.

Pero antes de que todo eso suceda, escribió la fatídica frase que me hizo brotar tremendos lagrimones por las mejillas.

Han pasado 17 horas desde que recibí el mensaje. Tengo los ojos hinchados, la mirada cansada y el aliento consumido. En estas 17 horas ya me enojé, me reí, me desesperé y volví a llorar abrazada de La Abuela que dice “por algo pasan las cosas”.

Le creo y ahora me toca descubrir esa razón.

Algo bueno, seguro, está por llegar.

 

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