TODOS SOMOS MULTICOLORES (Playlist: Ricky Martin)

—¿Raza?

—Blanca… ¿o qué no? Pregunté levantando una ceja ante la señorita detrás de la ventanilla.

En el amplio espectro de mi concepto sobre los colores de piel entran el blanco, el negro y el amarillo. Y si me miro el reverso de la muñeca, yo lo veo más parecido al primero que a los otros dos.

Y es que, disculpen mi falta de variedad étnica, pero esos eran los dibujitos que recuerdo de mi libro de primaria.

—Hispanic, me contestó.

Esa sí que no me la esperaba. A partir de mi ingreso a este país y si lo que quiero es obtener una visa y un bonito número de social security para pagar mis impuestos (que la verdad no), resulta que soy hispana.

Y que la raza, se define por lo que sale de mi boca. En fin, no me molesta. El español lo hablo, mucho y sin faltas de ortografía, diría yo.

—¿País de origen?

—México

—Ah mexican, dijo ahora alzando ella la ceja.

Puso el sellito y me dio el permiso sólo por un añito porque “that’s the way” con los mexicanos, aseguró.

Salí caminando despacito de la oficina, sin dejar de sonreírle al de la entrada. Esa sí no me había pasado.

Nunca me habían visto feo por mi origen, ni formaba parte de ninguna minoría. No sé mucho de “la comunidad”, no mezclo dos idiomas al hablar, no me defino como latinou cuando me preguntan por mis movimientos de cadera, no crucé la frontera sin permiso de trabajo, no tengo parientes ni perro que me ladre en este país, no voy a ir a ver al gran Buki de todas las Cárceles en concierto y vivir aquí estaba lejos de ser mi sueño americano.

Tampoco es que me sean indiferentes las luchas sociales de mis paisanos ni que les llame “ilegales” a los que no les pusieron sellito en el pasaporte pero que trabajan igual –o más- que los otros.

Y quizá lo único que me dejó mi entrevista con la señorita de la ventanilla es que me toca reinterpretar mi propia definición de origen, raza y comunidad. O que acá me puedo reinventar por otra, más latina, más hispana y más minoría. O presentarme como la misma para que se les vayan olvidando los clichés. O que este país me enseñe a pelear por los derechos que yo siempre tuve y que mí me dieron sólo por el gustito de haber nacido donde nací.

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