HUELE A PELIGRO

Si yo tuviera diez años menos, ya habría caído en tu estrategia… suelo decirle.

Es el Conejo Bello y Peligroso. Y lo digo de cierto, tiene ese irresistible encanto de los chicos que van dejando que la vida les pase encima sin darse por enterados. Tranquilo, sin vueltas ni recovecos. Que se levantan por la mañana sin dejar promesas. Uno de esos que me daban esa sensación de irremediable tranquilidad a la hora de cerrar la puerta.

DistinTo a mi target, cierto. Yo me la pasé enredada con Conejos densos,  atormentados y, en pocas palabras, unos cabrones.

Pero lo miro y sonrío. Me gusta su pelo inquieto, su figura alargada, el espacio pequeñito de piel blanca que se asoma a veces entre el final de su suéter y el inicio de su pantalón, su juego entre tímido y discreto, su acentito ese con el que me cuenta historias  y la sonrisa abierta cuando me mira. Sobre todo esa.

A veces me provoca, a veces me contengo.

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Una noche de copas, una noche loca

Bueno sí, me lo dí. Y?

El cuento es casi predecible y medio decadente: borrachera navideña de oficina, frío jodido de invierno a punto de despuntar la madrugada, cansancio infinito y un sólo taxi.

-¿Me puedo quedar en tu casa? sugirió el Conejo Bello y Peligroso.

No dudé siquiera en la respuesta. Y no es que una vaya de inocente por la vida, pero sólo al estar subiendo el tercero de los cuatro pisos de casa, caí en la cuenta. Respiré profundo, sacudí la cabeza y abrí la puerta, mientras justificaba obsesivamente la falta de orden en el apartamento.

No hubo arrebatos pasionales de entrada. Pijamas, cepillos de dientes, risitas nerviosas y nos metimos a la cama con un firme hasta mañana.

Eso no sucedió.

Sus pies largos y fríos tocaron los míos. Pasó el brazo bajo mi cabeza y rozó mi cara con su nariz. Su aliento cerquita derritió cualquier buen propósito.

Será cosa de la borrachera pero recuerdo la noche en fragmentos. Pequeñas escenas fijas. Cuadros de una película. Close ups de piel. Tiempos fuera y vueltas a iniciar. Pocas palabras. Muchos recovecos.

Y un momento interminable. Detenido en el tiempo. Su cara arriba de la mía. Lo suficientemente lejos para distinguir sus bordes, lo suficientemente oscuro para no entender el gesto. Silencio. Corrieron los segundos lentitos.

-¿Qué pasa pregunté?

-Nada. Te estoy mirando.

Sólo ahí me sentí desnuda, abierta y transparente. En medio de la oscuridad y sin saber a bien si logró distinguirlo, le regresé la mirada con esas ganas infinitas de perderme en sus ojos. Lo mismo que entre sus piernas. Al menos por esta noche, sí.

SIN DAÑOS A TERCERO (Playlist: Arjona)

“Conejillo de Miura quiere ser tu amigo..”

Me apareció el mensaje en Facebook hace ya varias semanas. Me sorprendí. Ignoré el mensaje como las grandes. A final de cuentas, ya sabía lo que venía y pa’ que ponernos a abrir cajitas de Pandora.

Confieso, fallé. Ayer por la noche apreté el botón de “aceptar”. Y como una avalancha, se desplegó frente a mí una historia armada en mi ausencia: fotos, mensajes, sonrisas, abrazos, viajes.

Miré detenidamente algunas de las imágenes. Inútil sacar cuentas. Inútil buscar fechas y coincidencias. En gran parte de las fotos sonreía, miraba fija la pantalla y la abrazaba a ella. No la reconocí. Era una Conejita nueva (o no tanto), lo cierto que para mí desconocida. Por primera vez en siglos de historia, había una Conejita en la vida del Conejillo de Miura que no había pasado por mi cruel hilvanar de ires y venires.

Joven, linda, sin señas particulares. Sonríe tranquila. Escribe mensajes amorosísimos. Muy probablemente ni siquiera sabe quién soy, ni porque la miro con más curiosidad que envidia.

Repasé decenas de imágenes tratando de entender lo que sentía o si a estas alturas una ya está curada de espantos y pasados. No lo sé.

Lo cierto es que sería presuntuoso decir que a ella se le ve más amor que a él. Pero así es. Sería atrevido decir que la toma de la cintura como ya lo he visto millones de veces más. Sería canalla decir que no la mira como me miraba a mí. Sería esto nomás parte de mi cabrona interior que se siente más tranquila diciéndolo.

Cerré la ventana y cancelé mi acceso a sus fotografías. Después de todo, ahí no hay nada que yo tenga que ver.

PROVÓCAME (Playlist: Chayanne)

Si siempre lo he dicho, lo difícil de ser infalible es cuando a una se le presenta la irresistible oportunidad de fallar…. y con ganitas. Ah!

En estos días, he tenido demasiadas apariciones… de esas que a una le mueven la tierra, le apachurran el corazón y le hacen chiquitito el estómago sólo de contener el aliento… apariciones nuevas, otras del pasado remoto y unas del más cercanito, todavía fresquito de recuerdos.

Como buena Coneja me la he pasado brincando los obstáculos con gran proeza. Sorprendida de mí misma. Aunque a veces, tengo miedo de aburrirme de mí, de mis buenas intenciones y mis ganas de ir por el camino correcto. Con el gusto que me dabe irme siempre “por la libre”.

Sin embargo, no he tenido tiempo de poner en la balanza a la “nueva” Conejita con la otra, cuya historia es más pública que el diario matutino. No quiero hacer cuentas, ni ponerme a sumar y restar, ni sacar resultados inmediatos.

Por hoy, nomás, me voy a dormir con la conciencia tranquila.

 

UPS!

Cambio de fecha. De locación. De planes. Pero seguimos con el mismo novio.

Aunque lo cierto es que lo que más nos preocupa es eso de la convivencia diaria. Esta Conejita, soltera, solterita, solitaria que no sola, ha pasado los últimos muchos, muchísimos años de su vida haciendo y deshaciendo sin hacer muchas preguntas. Y yo no sé.. no dejemos que el miedo ataque.. pero yo no sé.