Y LA FIESTA COMENZÓ (Playlist: Timbiriche)

No es que una se las sepa de todas todas, pero tampoco es que va adolescentear a estas alturas.

El evento pintaba lo suficientemente bien como para dejar correr el alcohol. La música sonaba en un barecito casi vacío. Y por ahí se veían llegar un montón de historias paralelas de las que parecía que sólo yo me daría cuenta. Bastaba mirar un poquito más detenidamente. Tardarse dos ratitos más con la copa en la mano. Y voilá…

Hubo uno que se miraba guapo como no se le veía hace muchos meses. Hubo quien se lo recordó en un bailecillo provocador. Bastó para rememorar una escena de hace siglos atrás de la cual los actores prefieren no acordarse.

Hubo quien iba como ya es costumbre a la caza de carne fresca con los resultados fallidos de cada noche. Y como diría la buena Business Bunny: “Sin cambiar el proceso, no cambian los resultados”.

Hubo quien había atizado las antenas esperando que esta noche se le viera con ojos distintos, entre los que por desgracia son todos terriblemente conocidos y terminan por ver siempre lo mismo.

Hubo quien, como en cada ocasión, no termina de entender mis dichos de La Coneja Abuela y me mira directito a los ojos tratando de descifrar si soy real o la mejor interprete de mí misma ( y puede que tenga razón).

Hubo quien buscó ahogar una tristeza infinita, arrastrada desde hace varios días, en una felicidad alcoholizada que ya no aguanta una borrachera más.

Hubo quien vigilaba desde lo lejecitos los pasos de otros, enredaditos en el pretexto de la salsa, sólo esperando un traspié.

Hubo quien soltó una frase fuera de lugar, un adjetivo de más, un comentario casi inocentón. Suficiente para armar el rompecabezas de historias de oficina.

Hubo quienes conspiraban en grupo. Hubo quienes solitos se la arreglaban.

Y hubo uno, atrevido, que soltó un beso de despedida, cerca muy cerquita de la boca, que duró tres segundos más de lo debido y con ese riesgo adrenalínico de ser mandado directito al carajo.

Hubo quien como respuesta le correspondió.

NO ES SERIO ESTE CEMENTERIO (Playlist: Mecano)

Que vienen y que me hacen una propuesta, un futuro pintadito como a mí me gusta. Y yo que me la creo y que me emociono muchísimo. Y que empiezo a hacer planes en el aire, esos que a mí me salen facilito. Y que incluyo a más personajes en el proyecto. Y que construyo una vida en mi cabecita. Y que, como suele suceder, que me la venden y que yo se las compro.

Ay ajá, te la creíste Conejita.

No contabas con la vida y sus reveses. Y las casualidades que ponen todo en el bordecito. Y la causalidad que ya te hubiera enseñado que las cosas no suceden cuando uno quiere, si no como diría La Coneja Abuela “cuando tienen que pasar”.

ANDO VOLANDO BAJO (Playlist: José Alfredo Jiménez)

Hace unos años, un día todo se me desmoronó.

Llegué a la oficina después de una noche de terror y no sé que cara me vió el Gran Conejo Editor que me mandó directito a buscar ayuda.

Supongo que la hallé y me salvé de tirarme por un paso peatonal en Constituyentes o quedarme enganchada otros mil años del Conejillo de Miura. Muerte segura tanto una como la otra.

Anoche me sentí igual. Lloré y lloré desconsolada ante una incertidumbre que me satura el depa cuadradito de 2×2 y con cocineta.

–¿Pero qué te pasa?, me pregunta al teléfono el Conejo Novio como Dios Manda con toda la buena intención.

Y yo me enojo y le respondo mal y me cierro y me encierro y bajo las persianas y duermo 48 horas seguidas y quisiera despertar con la vida resueltita.

Porque yo, lo anuncio oficialmente, ya me cansé y no sé bien de qué.

BIG BROTHER (Playlist: Kabah)

Llevaba apenas unos días aquí cuando todo reventó.

¡No puedo más! le grité entre lágrimas al Conejo de la Guarda de Mi Dulce Compañía mientras nos sentabamos a comer. Y solté una retahila de reclamos, dolores, guardaditos y pendientes que traía estrujados en el corazón.

Supuse que pensaría que yo estaba loca, pero por el contrario, rompió en llanto.

–La vida se me está desmoronando, sollozó.

A los lados de una mesa con pizza y fish&chips inició una conversación desgarradora, de esas que se pasan directito de las tripas a la boca, sin pasar por la cabeza.

Los otros comensales nos miraban con curiosidad.

Dos en una mesita del centro se hablaban, balbuceaban, reían histéricamente, lloraban, se miraban con cariño profundo y mordiqueaban lo que había en el plato del otro. Todo en español rapidito y cantado.

Tras dos horas de un proceso catártico en pleno restaurancillo del centro de La Ciudad de La Eterna Llovedera nos levantamos y salimos sonriendo. Queriéndonos profundamente como desde que lo conozco, que si hacemos cuentas ha sido desde siempre. Resueltos los desencuentros y la distancia de los últimos tiempos. Cómplices sin remedio para lo que venga, tan bueno o tan malo como tenga que ser. Y convencidos de que estaremos uno para el otro, así se nos pongan en la vida un montón de acompañantes más.