HOY TENGO QUE DECIRTE MAMÁ (Playlist: Timbiriche)

Agh soy un asco. Porque bien sabemos que si a alguien quiero, profunda, certera y absolutamente es a La Coneja Jefa.

Y no porque sea La Jefa. Si no porque  desde aquel lejano día, por ahí de mis 18 cuando me fuí de casa, hemos aprendido a querernos, a tolerarnos y a llevarnos todo lo bien que no pudimos cuando vivíamos juntas. O yo con ella, más bien.

Y como me suele suceder en los últimos meses. Estoy lejos. De ella y cuando me necesita.

Y yo me siento todo lo mal que se puede (que no es mucho pero sí bastante) cuando me entero de sus cosas, de las importantes no porque le llamé por teléfono o porque me haya dado tiempo de encontrarmela en skype.

Si no porque ante mi continua ausencia, ella envía un correo electrónico. Escrito todo en mayúsculas porque no sabe usar bien “eso de la computadora” y escrito desde lo más profundo de sus dificultades tecnológicas para comunicarme su estado de salud.

Ash ya. Alguien dígame qué estoy haciendo mal.

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COLGANDO EN TUS MANOS (Playlist: Baute)

¿Qué dijimos, chingau? Esta Coneja que va jugando a hacerse la feliz y que el futuro se le cae justito a la mitad (amo las frases hechas jeje).

A ver, es cierto yo repetí –y bien convencida– la famosísima frase del señor Baute. Y no me rajé. Y lo cumplí. Y como en pocas ocasiones me puse flojita y cooperando. Que me suelto, que me aviento y que no me caigo. Estaba el gran Conejo Novio como Dios Manda esperandome abajito para cuidarme los huesitos. Y todo pintaba bien. Y todo parecía perfecto.

Pero sucedió una vez más: me fuí.

Me fuí, sí. Como siempre me voy. A otra casa-país-continente-vida. Y juro que hago mi mejor esfuerzo. Extraño como se extraña a los amores dejados en otro lado del océano. Tengo skype y mando mensajes a las tres de la mañana. Pero vivo como viviría cualquiera que estuviera instalado en La Ciudad de la Eterna Llovedera.

Y ahora me pesa. Y no el amor dejado allá, eh. Aclaro. Me pesa la resonsabilidad, todititia, de hacerlo feliz. A la distancia. Me pesa no saber partirme en dos. En dos vidas, con dos horarios distintos, con amigos y fiestas en las que sólo puede estar uno. Me pesa estar aprendiendo a ser feliz acá. Conmigo. Como siempre.

Me pesa ser yo. Porque bien lo sé (¡joder Coneja!), que quererme a mí siempre me ha dejado tan poquito tiempo para querer a alguien más.

Snif.

WAKA-WAKA (Playlist: Shakira)

Ayer salí con El Primo del Amigo de la Prima de una Amiga que, al igual que esta Coneja nomás anda buscando pretextos para aprovechar los días en La Ciudad de la Eterna Llovedera y regresar a El Pueblo sintiéndose todo cosmopolita y viajado y conocedor y cool y jurándo que estar aquí no es lo mismo que estar allá metidos en cualquier callecita condesera.

En fin, en ese ánimo explorador, el chico en cuestión se hizo de su TimeOut y se puso a comprar boletos de cuanta cosa sonara más o menos divertida.

El primer intento resultó fatal: se quedó dormido en pleno espectáculo. El siguiente, el de ayer, lo vivió en compañía de esta Coneja. Y la experiencia fue espectacular.

Terminamos bailando una cumbia que es como electrónica que a mí me recuerda a Chica Rara Amandititita que es para gente toda hipster como esa que no soy pero que me encantaría poder serlo. Que es colombiana, que se llama Bomba Stereo y que al parecer sólo yo –y El Primo del Amigo de la Prima de una Amiga–no sabíamos quien era.

Salímos felices ya entradita la noche, riéndonos nos acomodamos en el autobús de dos pisos, sintiéndonos un poquito más con onda y un poqutio más so british. (Aunque lo cierto sea que a él y a mí nos gusta el waka-waka de Shakira, no somos hipsters y combinamos los colores al vestir. Ups.)

DICES QUE TIENES 20, CUANDO TIENES 23 (Playlist: Arjona)

Va a ser mi cumpleaños.

Cosa rara, por primera vez no estoy organizando La Fiesta como el evento del siglo.

Será porque estoy lejos de El Pueblo y no regreso para ello,  porque no ando estrenando visitas en la cama, o que no tengo hartísima concurrencia, será porque todavía no “me hallo”, será porque no conozco un lugar donde toquen grandes éxitos del OTI del 78 o será nomás porque no.

Yo no sé si esto es una mala señal.

AMANECÍ OTRA VEZ (Playlist: José Alfredo Jiménez)

Fin de semana de fiesta. De fiesta de la buena. De esos que acaban a las cinco y media de la mañana caminando por una ciudad que apenas se va a despertar cuando uno apenas se va a dormir.

Bailé de todo y mucho. Reí con todos los dientes. Conté mis mejores chistes. Bebí para que pareciera mucho aunque fuera poco. Y salí con el alba y sin nada de qué arrepentirme.

Lo disfruté un montón y al día siguiente repetí: cena, pub, antro, caminata al salir el sol.

En el recuento total de la factura obtuve ganancias: terminé descubriendo que mi compañera de juerga, la Conejita Todo Terreno, me recuerda tanto a mí —pero hace cinco años. Y que el Conejo Alfa se sabe lindo pero juega a que no.

ACOMPAÑAME A ESTAR SOLO (Playlist: Arjona)

Mis días empiezan a solearse. Ya volví a usar tacones y la agenda se me va llenando: un fin de semana por allá, una fiesticilla por aquí, otra reunioncilla por acullá, unos tres que cantan conmigo al gran Ricardo el Poetilla Arjona a todo pulmón (en todos lados se cuecen habas) y una visita que me hace un hoyito en la panza mientras le voy quitando hojitas al calendario.

Y es que no sé si lo dije pero tengo un novio. Bueno no uno sino EL novio de la Conejita: el Conejo Novio como Dios Manda.

Uno se quedó lejos, casi a un océano de distancia. Y que yo hago como que no extraño pero un poco sí. Uno que me llama todos los días, a veces hasta dos, que me manda flores de-las-de-a-de-veras por encima del Atlántico y que me dice (y trata) como princesa.

Uno que bien dice La Coneja Jefa llegó calladito y así se ha ido instalando, muy a sus anchas, abriéndose camino en mis planes futuros y haciendo que a mí hasta me pasen desaparcibida las esporádicas re-apariciones del Conejillo de Miura.

Yo creo, señoras y señores, que suavecito, despacito y sin arranques pasionales, me enamoré.

NO, NO, NO (Playlist: Aventura + Thalía)

-Ciao bella! me gritó cuando yo salía medio adolorida de mi fisioterapia.

Volteé y lo ví. Era un clásico Señorcito Italiano y Lisonjero que me saludaba. Sonreí, aleteé las pestañas y salí por las puertas de cristal. Apenas estaba yo dando vueltas tratándo de reconocer la zona y encontrar un lugar donde comer a las 3 de la tarde (que ya no son horas), cuando lo ví de nuevo haciéndome señas. Con largo delantal a la cintura y camisa negra me invitaba a sentarme en una de las mesas vacías de su restaurante.

Volví a sonreí enseñando todos los dientes y me senté. No era mala idea comer una buena pasta hecha por un italiano de a de verás.

Ni tardo ni perezoso, el Señorcito Italiano y Lisonjero en cuestión me sirvió un plato abundante de pasta con la salsiccia, otro de verdure “a la griglia” y un vasito de vino.

Estaba en esas de meterme a la boca el bocado más grande de bucatini que pudiera imaginar cuando se instaló en la mesita de junto. Entre una comanda y la otra no dejó de platicar. Que si había estado en El Pueblo, que si yo conocía su ciudad, que si llevaba 20 años en La Ciudad de La Eterna Llovedera, que si las motos, que si shalala.

Y a mí que no me gusta la platicada, aproveché para practicar mi italiano, contarle de mis andanzas por El Paraíso Tropical y preguntarle por el banco más cercano. Presuroso decidió acompañarme hasta la institución.

Al salir del banco, agradecí amablemente sus servicios y entonces preguntó lo inevitable.

-¿Cuándo nos vemos?

Ash no! Había sucedidio otra vez. Había yo llevado la conversación hasta este punto en el que ya no sé qué decir. Ya no me sé salir del embrollo. Lo miré suplicante tratando de hacerle entender que no, pero no. Soy incapaz de decir que no, que no quiero verlo más, que en realidad había sólo sido cortés, que no tengo interés romántico alguno por ahora, que… todo eso pasó por mi cabeza a velocidad infinita cuando abrí la boca y solté un:

-Cuando quieras, con la sonrisa congelada.

¡Demonios! pero ¿qué diablos me pasa? ¿por qué parezco una adolescente cualquiera?

-Viernes a las 5 en este pub. Ciao! y se alejó agitando la mano.

Joder.