LLEGAS CUANDO ESTOY A PUNTO DE OLVIDARTE (Playlist: Camila)

La conversación fue absolutamente sin sentido o muy sentida. Según yo, absolutamente distinta a las de estos últimos siglos.

Dijo por primera vez estar dispuesto a responder a mis preguntas y yo, entonces, me quedé en blanco y me negué a hacer si quiera una. Dijo que las haría él y preguntó justo eso que yo no quería contestar. Dijo cosas hermosas, como nunca las había dicho o quizá sí pero a mí ya se me había olvidado. Dijo estar dispuesto a esperar mi regreso de otros mundos, otros amores, otras historias. Dijo estar arrepentido de sólo una cosa conmigo y yo sabía lo que diría y no quise que lo dijera porque el pasado sigue siempre doliendo en el mismo lugar. Dijo cosas amorosas en un momento en el que hablarme de amor es absolutamente inesperado. Dijo que al día siguiente llamaría.

Ha pasado más de un mes de entonces. Y, como todas las veces anteriores en estos últimos siglos, el Conejo de Siempre no lo hizo.

SEGUNDA VERSIÓN DEL NENE, NENE ¿QUÉ VAS A SER CUÁNDO SEAS GRANDE? (Playlist: Miguel Mateos)

Tengo una prima coneja que fue mi Prima Coneja inseparable desde los primeros años y que, confieso, siempre, siempre quise ser como ella.

  • A los 5 por atrevida y mentir sin remordimientos y saber desde entonces que podían “no cacharte”.
  • A los 8 por precoz y descubrirme los primeros secretos malísimos en cigarros fumados en un baño, revistas debajo la cama de gente que hacía cosas malísimas y amiguitos malísimos que se dejaban toquetear.
  • A los 11 por ser malísima en la escuela y que le importara un pepino sus cincos que hacían que a mí mis dieces me ocasionaran un vergüenza calladita.
  • A los 13 por espigada, bronceada, piernilarga y desinhibida paseandose en bikini en la alberca de su casa mientras yo luchaba por encontrarme una forma, siquiera una, que no fuera infantilmente redondita.
  • A los 15 por chica-cascos-ligeros y hacer esas cosas para las que a mí me faltaban años, agallas y galanes.
  • A los 16 por conseguirse un novio extranjero más guapo que todos los extranjeros jamás vistos (aunque en ese momento, de cierto, habíamos visto pocos extranjeros)
  • A los 17 por tener el guardarropa más extenso imaginable para una adolescente y que me hiciera jurarme, en ese entonces, que yo tendría el clóset más amplio, variado, chic y repleto de zapatos jamás visto.
  • A los 19 por casarse con ese mismo extranjero más guapo que todos los extranjeros jamás vistos a la redonda (aunque en ese momento la redonda no era tan extensa).

A los veintitantos dejé de querer ser como ella.

La Prima Coneja se volvió una señora que luchaba contra su peso, vivía en el extranjero, hablaba con acento y tenía un hijo rubio como el más rubio de un extranjero que ya no era el más guapo de todos los extranjeros.

La distancia entre nosotras, además de físicamente kilométrica se hizo practicamente infinita.

Hace meses la reencontré. Justo cuando llegué a vivir en el Paraíso Tropical. Volvió a ser maravillosamente cercana y distinta.

Ninguna quería ser la otra. Yo tenía mi guardarropa de envidia y ella su matrimonio de siglos.

El mes pasado mi Prima Coneja se inscribió a la escuela a estudiar eso que siempre quiso  ser y que nunca se dio cuenta por andar consiguiendo novio extrajero a cortísima edad.

Ahora mi Prima Coneja dejó de luchar con su peso, ya no es solamente la mamá y esposa extranjera de dos rubiecitos locales, se cambió el look y empezó a sacar todos los dieces posibles que no le dan ni la más mínima vergüenza y que hacen que yo hoy quiera ser como ella.

Sólo por descubrir en sus treinta pasados —y mis treinta pasados— qué quería ser de grande.

NENE NENE ¿QUÉ VAS A SER CUANDO SEAS GRANDE? (Playlist: Miguel Mateos)

—¿Dónde te ves en 5 años?, le habían preguntado a Bombón Bunny en una entrevista de trabajo utilizando la más clásica de las preguntas de, obvio, una entrevista de trabajo.

Si ambas fuéramos de esas personas normales hubieramos dado la respuesta más institucional posible: “en un alto puesto dentro de esta corporación”.

Sin embargo, Bombón Bunny respondió como era de esperarse en ella: que no tenía la más remota idea.

Así de plano y sin remordimientos.

Y yo, hace un año hubiera hecho lo mismo.

Pero, curiosamente, los últimos meses esa  misma pregunta me ronda la cabeza:

—¿Dónde diablos vas a estar, Conejita? o mejor dicho ¿Dónde diablos quieres estar, Conejita?

Y no sé si me preocupa más la respuesta o el hecho de quererla responder.

Porque yo no sé si quiero una casa-un coche-un perro -y un jardin, una ciudad definitiva, un trabajo que me deje explorar las tendencias (en esa formita particular que tengo de verlas), una tarjeta de viajero frecuente platino o un amor que me reciba a besos todas las noches.

No sé si un día lejano lejanísimo me va a nacer ese amor materno maternísimo y llenaré la casa de flores y conejitos.

No sé si puedo tenerlo todo o tengo que seguir escogiendo uno a costo del otro.

No sé si podré escribir eternamente un blog absolutamente catártico  sobre cosas que me pasan aunque no me pasen.

No sé si quiero soltar todos esos amores imposibles de los cuales respiro para quedarme con uno solo.. cierto.. que me da agua para beber.

Sólo sé que quiero parecerme más a Bombón Bunny y responder que no tengo la más remota idea.

AGÁRRATE MAMÁ (Playlist: Gloria Trevi)

La historia salía de los labios del Conejo Novio como Dios Manda sin darse tiempo siquiera para respirar. Al mejor estilo de los discursos emocionados del Chavo del Ocho.

Yo, como toda Coneja Embelesada del Novio como Dios Manda lo miraba con los párpados a medio abrir.

Y voy a visitarte a La Ciudad de la Eterna Llovedera… y luego pasamos las próximas vacaciones juntos… y nos comunicamos por todos los medios informáticos del mundo mundial… y luego en un año regresas…   y qué tal que nos casamos… y vivimos juntos en un pisito… y que ponemos un negocio… y luego que tenemos hijos…

Brrttt.

El sonido de la aguja chirriando sobre el LP retumbó en mi cabeza al oír esa última palabra. Contuve el aliento. Abrí los ojos como platos.

Tic, tac, tic, tac. Quise ser prudente.

Está todo increíble…. Mmmm… Pero...  —dije como no queriendo la cosa, con la mirada desviada hacia el otro lado de la mesa, respirando profundo y dando un sorbo largo a mi copa de vino español

Y si… mmm… yo… ¿no quisiera tener hijos?

El silencio cayó de sopetón en el lugar. Parecía que el restaurante entero había decidido callar la boca y mirarme con ojos desbordados. Me faltó sólo contar los dedos acusadores que me señalaban.

Mala mujer, pensé.

Lo que siguió no vale la pena contarlo: la discusión fue tremenda. Dura. Dolorosa. Esgrimí todos los valiosos argumentos construidos en años de feliz soltería sobre el derecho a decidir sobre mi cuerpo, mi realización personal, la falta de instinto maternal, los muchos planes por venir, el famoso libre-como-gaviota-pero-felina-como-una-leona de la Gurú Lupita la Fiera D’Alessio y todo ese infinito bla, bla, bla que en este momento sonaba tan absolutamente hueco y vacío.

Mis argumentos, todos, fueron contrarrestados con una serie de razones igual de valiosísimas y cursilonas sobre el amor, el futuro, la pareja y la imagen de una bonita Mini-Conejita Regordeta con mis piernas y mi trasero correteando por la casa.

Joder.

Lo peor fue ver los ojos de profunda tristeza del Conejo Novio como Dios Manda al ver desquebrajados, ahí mismito en esa mesa, sus sueños de familia perfecta. El último golpe fue bajo y certero.

—¿Y entonces, a quién le vas a enseñar a creer en todo eso —valiosísimo, intenso y maravilloso— que has aprendido en estos años? dijo.

No supe contestar.

MUDANZAS (Playlist: Lupita D’Alessio)

Bueno, bueno. No tiene caso explicar lo sucedido, porque las novedades por venir son varias.

Me voy.

Otra vez.

A justo un año de aterrizar en el Paraíso Tropical, montar pisito con hamaca en la terraza, trabajar como hormiguita en La Empresa Más Grande de Medios del Mundo Mundial, comprar toda la ropa y zapatucos imaginables en la tierra de los “mols”, aprender a mantener el pelo en su lugar a pesar de la humedad y (sí, sí) hacerme de un bonito novio… me voy.

El destino: La Ciudad de la Eterna Llovedera.

Y yo no quepo entre la emoción y la tristedera de dejar la vida más bien montadita en toda mi conejil historia.