NO SOY DISTINTA DE AQUELLA IDIOTA (Playlist: La Quinta Estación)

Apenas enterada de esto de las apariciones, la Conejita de las Playas no tardó en ponerse en contacto.

Ya no te importa el Conejito de Siempre¿o sí? dijo enfatizando esta última sílaba casi con un ligero tono de recriminación.

Era evidente que mi respuesta tendría que ser un “no” rotundo, un gesto de hartazgo, una contestación desilusionada. Sin embargo, tuve que ser sincera.

Y se lo dije: que cada que aparecía… y aparecía… y volvía a aparecer… intermitente como desde hace tantos años que los cuento en siglos, yo sabía —acá arriba en mi cabeza— que era otra de esas llegadas llenas de promesas no cumplidas, de planes fragilitos, de futuros caídos a la mitad, de grandes noches de empiernamientos y débiles amaneceres sin arrumacos. Que yo sabía, siempre, irremediablemente, más temprano que tarde que se iría. Que yo sabía que habría que colgar el teléfono, cancelar los correos, vetar las comunicaciones.

Pero que también —acá abajo en el esternón— irremediablemente, intermitente como desde hace tantos años que los cuento en siglos, yo me preguntaba:

—¿Y si esta vez, sí?

Aunque en esta ocasión, prefiera no darme una respuesta.

Y LLEGASTE TÚ (Playlist: Banda El Recodo)

Estamos en época de apariciones.. y acuérdense que a mi siempre me ha costado trabajito lidiar con el pasado. La memoria me traiciona, el estómago se me hace chiquito, la piel se me eriza y no puedo evitar volver a sentir.

Aparición 1. Estaba yo en la cama, bien acompañadita cuando se escuchó el “toing” de un correo entrante. 12.45am. Mi curiosidad natural me hizo girar la cabeza, sacar mi brazo por debajo de su nuca y tomar mi celular de la mesita. El respiro se me detuvo un segundo. Era él: el Conejito de Siempre. Leí sólo la primera línea: hablaba de viajes, de ausencias… y de mujeres. El estómago se me revolvió exactamente igual que en todos esos siglos atrás y exactamente igual que con todas esas ‘otras’ mujeres.

Joder, hay cosas que nunca cambian.

Apagué el teléfono y giré la cabeza. El Conejito Latino-Tropical dormía profundamente, tranquilo, su celular brillaba del otro lado de la cama, en la otra mesita de noche y yo no tenía duda, ahí no había rastro de otras conejitas. Con él, mi estómago no sufría ningún vértigo. Le pasé el brazo por debajo de la nuca, subí mi pierna izquierda sobre su pierna derecha, acerqué mi nariz a la suya y le respiré el aliento. Cerré los ojos y me dormí.

Cuenta saldada 1.

Aparición 2. Había soñado con él hace unas semanas. Y esta noche estaba yo contestando millones de mails cuando “toing”, se abrió una ventanita y Mr. Perfect Bunny escribió un saludo cualquiera.

Es mi oportunidad, pensé. No pude hacer más que contarle del sueño, de lo que significaba y de mis cuentas pendientes.

Él escribió y escribió. Dijo esas cosas que halagan (me sentí muy atraído por tí), que distraen la atención (en el País de la Eterna Llovedera vas a ser “la rabbit”?), que duelen (no me solté, no te dí la oportunidad), que joden (pretendimos hacerlo, pero nunca cruzamos la puerta), que nostalgean (me acuerdo la primera vez que te conocí: estabamos esperando el café), que mariposean en el estómago (nos quedamos con mucho), que apaciguan el corazón (tenemos una bonita historia, a fin de cuentas).

Tras muchas de sus letras, escribí unas cuántas de las mías:

—Hoy que tengo un novio, una historia, muchos kilómetros de distancia y que ésto no es una insinuación, debo decirlo: me hubiera encantado enamorarme de tí.

Cuenta saldada 2.

CORAZÓN DE PIEDRA (Playlist: Lucía Mendez)

Estábamos como si nada, terminando una comidita cualquiera, risa y risa, come y come.

De pronto, el Conejito Latino-Tropical me abrazó fuerte fuerte y puso su boca sobre mi oído, me puso el pelito atrás de la oreja y dijo suavecito, despacito y por primera vez:

Conejita, estoy enamorado de tí.

Cerré los ojos y sentí que el estómago se me hizo chiquitito. Un cosquilleo rarito, como nunca antes lo sentí se me acomodó entre la costilla izquierda y el corazón. Intenté articular palabra, decirle lo más honesto jamás dicho en mi vida, contestar como se debe. Juro que quise decir “yo también”. Sin embargo no pude. El miedo me paralizó. Moví la boquita como pececito, cerré los ojos y lo abracé fuerte fuerte.

Otra vez será.