YA LO PASADO, PASADO (Playlist: José José)

Me senté en la mesa a esperar. Tardó casi 20 minutos en llegar. Me pregunté cómo sería verlo luego de tantos meses.

De pronto apareció caminando a lo lejos: el pelo un poco más largo, varios kilitos de más, la barba crecida, gafas de sol.

Y yo no sentí nada.

Aquel viejo Conejito PR que en su momento me robó noches enteras de sueño y no pocas lagrimitas, se sentó a mi mesa en el Paraíso Tropical y hablamos de todo y de nada.

En algún momento, hablando de amores -los míos, los suyos-, me dijo casi con orgullo:

—Yo ya compré el anillo.

Sonreí y abrí los ojos muerta de la curiosidad. Entonces me contó la historia, como si nada, como si hablara de alguien más, casi como relatándome una travesura de niño o una anécdota de un amigo lejano:

No, no. Aún no tengo novia. Pero hubo oferta en Tiffany’s… así que escogí uno más grande, mejor y más lindo… Infalible.Le gustaría a cualquiera… Porque ahora sí, a la que sigue es a la que “le toca”.

Joder. Prueba infalible de que lo prefiero como amigo.

TENGO MUCHO QUE APRENDER DE TÍ (Playlist: Emanuelle)

–¿De verdad crees que yo lo quiero? le puse en el chat a La Conejita Jefa refiriéndome a su comentario sobre mi relación con el buen Conejo Latino-Tropical.

Pensó. Escribió y borró. Mientras yo veía el cursor ir adelante y atrás.

Sí lo creo, tecleó lentamente.

Entonces me explicó como nunca lo había hecho antes refiriéndose a mis amoríos:

–Él no es uno de tus amores de tormenta. No es de esos que bien conoces… que llegan, arrasan contigo, te arrollan pero igual, cuando se van, te dejan en pedazos…  Él es uno de esos amores que echan raíces.

¿Y si tiene razón?

MOSAICOS DE UN BUEN FIN DE SEMANA

Me miró mientras escogía el outfit para el reventón y me dijo con voz profunda:

-Estoy muy orgullosa de tí.

Giré y miré a Miss Bussines Bunny con sorpresa.

-¿Y eso? dije

Entonces me habló del brillo en mis ojos, de la nueva vida, de lo lejos que quedaron mis historias sombrías de desamor y de mi acertada decisión de venirme a vivir al Paraíso Tropical.

Yo también lo estoy, pensé.

—–

Se veía guapo, con unos kilitos de más, sonriente. Llegó caminando hasta nuestra mesita al aire libre en pleno Paraíso Tropical. Así eramos casi los mismos de siempre. Parecía que nunca había sucedido el truene aquel con el Conejito Gurú que nos removió a todos en los cimientos. Platicamos, reímos, se miraron con esa complicidad que sólo existe entre dos que mucho se quisieron y nunca supieron cómo fue que se acabó. Varias horas después, el Conejito Venejolano se levantó, se despidió y se fué. Se dieron un abrazo enorme mientras los demás confirmabamos eso de que el amor eterno no existe. Joder.

—–

-Traíganos otra botella de champagna, dije a la mesera alrededor de las 4 de la mañana.

No supe cuántas llevábamos, luego de abrir la primera a las 2 de la tarde. Nos sobraba alcohol en la sangre, ganas de bailar con coreografía, micrófonos iluminados de leds, grandes éxitos del OTI del 78 por cantar, historias de amor y desamor por contar.

Amaneció y nos faltó tiempo para seguirnos extrañando.

—–

-Estoy lista, dije.

Me aparecí con un suetercillo, una minifalda (mejor conocida como falda-cola) de mezclilla, unas botas de tacón kilométrico y el pelo que ya me llega a la mitad de la espalda.

Me miraron con los ojos abiertos como platos e hicieron bromas sobre la longitud de mi faldita, posible sólo en estas latitudes del planeta, dijeron. O por lo libre que te sientas.

Creo que estoy en la segunda posibilidad.

—–

Comimos baguettes mientras hablamos de la posibilidad de un negocito, un consultorio, un departamento, unas cirugías, una vida en el Paraíso Tropical.

-La Conejita quiere traernos a todos al Paraíso Tropical, dijo Miss Bussines Bunny.

¿Y por qué no?

—–

-Es un bombón, dijeron casi como veredicto final.

El Conejito Latino-Tropical había pasado una de las pruebas más difíciles. Mis locos chiquitos le dieron el visto bueno. Y a mí me gusta que les guste.

CASA DE LOCOS (Playlist: Ricardo Arjona)

Este fin de semana tengo visitas.

Vienen, directito de allá donde los dejé, esos cuatro locos con los que me daba por intentar resolver el mundo. O poner un iPod y dejar que Las Grandes del OTI del 78 y un vinito lo hicieran por nosotros.

Vienen directito y sin escalas, los de los desayunos domingueros -que de tan largos se convertían en comida y hasta merienda.

Vienen con el micrófono en la mano, los que no se rajaban ni para las clases de yoga, ni para las de baile, ni para las carreras, ni para las comilonas de la abuela.

Vienen a contarme y a que les cuente, uno a uno, y sin pudor alguno, los detalles de nuestro último empiernamiento.

Este fin de semana tengo visitas.

Vienen, directito de allá donde los dejé, mis mejores amigos y es como si la casa se me llenara de sol.

VENI, VIDI, VICI

Empaqué de todo: botas, tacones, pantuflas, bufanda, guantes, nada de plumas ni lentejuelas, faldita-abajo-de-la-rodilla, pijama de franela y bonita ropita interior. Uno nunca sabe lo que puede ocurrir en la primera visita a los Conejos Suegros.

Y así, del Paraíso Tropical volé hasta tierras congeladas para visitar a los papás del Conejito Latino Tropical: un fin de semana para presentarles a la “recién adquirida” Conejita Nuera de Indias y que, tras minuciosa revisión, dieran el visto bueno.

Mi primera impresión fue una vieja impresión: se me hace que yo ya los conocía… o más bien, se parecían tanto a otros suegros de tiempos remotos de cuyo nombre no logro acordarme. Entonces concluí que los suegros son suegros todos iguales en cualquier latitud: padre prudente y tolerante, madre hiperactiva y consentidora. Y las nueras tienen de dos. Adivinen cuál fui entonces y cuál ahora.

Supongo que varios miles de años de experiencia sirvieron de algo: me aparecí con bonitos regalitos para papá suegro y mamá suegra -envueltitos y con moño, me comí hasta el último bocado de todo lo que me dieron (al mejor estilo Mamá de Jon -la de Garfiel), acepté gustosa cualquier referencia curiosa a mi “dialecto chilango”, abracé y besé a todos lo miembros de la familia (desde la abuela hasta el sobrinito recién nacido), no salí del baño en paños menores, evite cualquier conversación que incluyera política, religión y prácticas sexuales, contesté a toda pregunta indiscreta y sorteé todas las trampas que investigaban lo bueno de la buena de mi familia, hice mueca graciosa y discutí los desacuerdos con el susodicho Conejo Latino Tropical sólo al final del día y tras cerrar la puerta de la recámara y, finalmente, mandé notita de agradecimiento apenas de regreso en casa .

Ah verdad! y quién dijo que esta Conejita no podía ser una buena nuera?

¿ES ELLA MÁS QUE YO? (Playlist: Yuri)

Vamos, no es que yo sea una santa, pero llevo días, semanas.. ¡meses! portandome tendecialmente bien. Muy bien, vamos. Pero parece que algún demonio oculto (o más bien con la negligencia más absoluta) quiere jugar con fuego. Y miren que yo soy mechita de pólvora.

Yo, vamos, ya lo sé: soy una “ex” indeseable. Indeseabilísima, joder. Porque creo fervientemente en que de los buenos hombres, una no se debe alejar. Y para malafortuna de muchas, en mi lista, he ido acumulando puros buenos Conejitos.

Y ahí está la historia. Que ha sido tantas veces la misma que ya hasta me la sé —cambia el personaje, cambia la susodicha—, pero siempre igual:

1. El primer drama llega porque seguimos “en contacto”. Y yo río, mucho, lo juro. Un café nomás para ponernos al tanto de los últimos acontecimientos se vuelve una tortura con mil llamadas al celular cada minuto. Entonces sí, ni tranquilas ellas ni tranquilos nosotros.

2. Luego viene la media prohibición. El clásico sí, pero no. Una especie de amenaza velada. Y así, como de secu, los muchachos deciden seguir presentes intermitentemente y de lejitos: sms, llamadas a escondidas, citas jurando que están en otro lado. Todo, pa’ que no se enoje la Señora. Y a mi se me borra la sonrisa viéndolos jugar a Caperucita y El Lobo.

3. Luego, viene la “interacción” cordial. ¿Qué tal que nos “encontramos”? El absurdísimo «quiero verla actuar de cerca». Y ahí estamos, con la presión de que ellas descifren un código secreto entre su jovenazo y esta Conejita. Y obvio, ese código existe. No por nada pasamos meses, años o siglos juntos. Repito: que sí, señoras, que el Conejito y yo nos entendemos sin decir palabara pero también, repito señoras, que el Conejito y yo ya no tenemos nada que decirnos. Si así fuera.. mm.. no hubieramos terminado.

4. Y cuando la cosa se pone peor, viene la interacción insistente. Entonces ellas aparecen, me sonríen, se le cuelgan del cuello al susodicho y juran que salieron vencedoras. Sonrisa congelada. Me pregunto ¿si el Conejito ya no es parte de mi vida, por qué yo sigo siendo parte de la suya?

5. Ya en el colmo del estrés: ¡Objetivo alcanzado! Conejito y Conejita dejarán de verse por “el bien de su relación”. Charros. ¿En serio para que una relación funcione hay que desaparecer el pasado completito? Y me viene la tristeza.

En fin, ya casi me acostumbro. A acumular Conejitos de orejitas caídas. A recibir -de cuando en cuando- comentarios de una ex en crisis, deshaciéndose de ex-eses como si fueran peligrosas damas de garras afiladas. Resulta que para que haya historias de príncipes y princesas, hay que tener a la “bruja” del cuento. Y esa, invariablemente, siempre soy yo.

¿Será por mi parecido con Jessica Rabbit? Ja.