DUDA EXISTENCIAL N. 1

-¿Cuándo vas a sentar cabeza?

Plop. Ninguna abuela, en ningún caso debería preguntar eso. Ash.

Y ahora yo pienso: será que tengo que empezar a hacerme esa pregunta. Joder.

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EL SECRETO DEL 57 (Playlist: Don’t be cruel)

Y yo que dije que ya no le podía aprender nada a estos gringuetes.

Estaba yo bebiendo un bonito vino tinto en un barcito de barrio americano con mi nuevo Français Lapín o lo que es lo mismo, un Conejito a la francesa.

Ah que bonito y aunque mi interés no es romántico, un chiquillo extranjero, de ojos claros, acento acaramelado, inteligente, divertido y buen mozo siempre, siempre es una oferta de la que esta Conejita no va a huír.

Hasta que claro, una comete el clásico error de principiante, en lugar de una tabla de quesos pedí una enorme -y poco sexy- double cheese burger.

Demonios. Lo recordé hasta que llegó aquel enooorme plato a mi mesa.

Una montaña de carne, queso, jitomate, lechuga coronada por papas -ja a la francesa- que evidentemente no iba a poder comer sin ensuciarme hasta el último peluche de las orejas.

Haciendo uso de mi mejor sonrisa, decidí tomar el toro por los cuernos: puse cada uno de los ingredientes en su lugar y decidí dar un gracioso mordidón al mastodonte.

En eso, el Conejito a la francesa hizo una sabia observación.

¿No le vas a poner catsup? dijo con acentito y aletéandome las pestañas.

Suspiré.

Obvio sí.

Entonces tomé la obligada Heinz (¿hay otra?) de la mesa, le quité el tapón, volteé la botella sobre mi súper-alimento y empezó mi martirio: la catsup nunca, en ningún caso, sale por sí sola.

Mientras lo miraba a los ojos y sonreía seductora, intentaba hacer salir el ¿liquido? aquel de la botella. Nada. Comencé a agitarla ligeramente más fuerte. Nada. Temía que en cualquier momento saliera un chorro a velocidad supersónica. Empecé a fruncir el entrecejo cuando él miró de reojo la botella, mi mano y mis intentos estúpidos por hacer que aquella cosa saliera.

¿Problemas? dijo.

Obvio no, contesté súper segura de mí misma.

Pero en cambio sí. Quería llorar mientras me sentía terriblemente estúpida. En la mesa de junto se escucharon risas. Ash no. No creo que mi performance llegara a tanto.

En cambio sí.

El Conejito a la Francesa alzó la mirada y la guió hasta los vecinos comensales. Sonrío. No tuve más que voltearme y ver al a banda de locales muertos de la risa ante mi insistencia con el producto aquel.

Ja, ja, ja. reían y me señalaban.

¿Que estamos todos locos? pensé.

Uno de ellos, amable a fin de cuentas, se levantó y me dijo casi cómplice.

-Es el secreto del 57.

-¿Del quéeeeee? pensé que estaba a punto de caer en la clásica broma de estudiante de highschool de peli gringa y ochentera. Joder. Paso de los treinta!

Se inclinó sobre mi mastodonte, tomó la botella en la mano y me mostró un “57” en relieve en el vidrio de la botella.

-Ahí está el secreto, repitió.

Volteó la botella y golpeó, delicadamente, sobre el númerito aquel.

-Pluff, plop, plap.

Como por arte de magia, el estúpido aderezo cayó directito sobre mi hamburguesa y en la porción justa. Joder. Lo que una viene a aprender a estas alturas.

NO ME DIGAS QUE TE VAS (Playlist: José José)

Caminé despacito por el pasillo mientras veía su auto -y un enorme ramo de rosas- esperándome a través de la puerta de cristal. Estaba activando todas mis neuronas para soltar de la mejor manera la noticia que me tenía la cara sonriente pero el corazón apachurrado.

-Te tengo una buena y una mala, dije apenas me subí al auto maquinando la genial idea de darle elal tiempo que anunciaba que en unos meses tomaría un avión para vivir un año al otro lado del océano. ¿Estaba yo siendo una tremenda cabrona?

En fin, supongo que lo veía venir. No tuve siquiera que articular más palabra.

-¿Cuándo te vas? dijo el Conejito Latino-Tropical sin expresión en la cara.

Ash. ¿Tan predecible en lo impredecible soy? Joder.

Pronto, contesté.

Entonces le solté toda esa explicación sobre nuestras únicas dos opciones: o nos enfrascábamos en una bonita relación de aquí a que despegara el avión y luego-dios-dirá o asumía que me mandara directito al carajo en ese preciso momento pues pa’ que andarle jugando a los novios a tiempo determinado.

Me miró con los ojos vidriosos y la expresión más triste que he visto en los últimos años.

-Te llamo luego, dijo.

Lo miré alejarse por una de esas calles grandototas del Paraíso Tropical y aunque en mi lema universal de chica ruda siempre he dicho que “todos regresan”, por primera vez en mucho tiempo no tuve la certeza de si él iba a volver.

NO ANDABA MUERTA, ANDABA DE PARRANDA (Playlist: La Cucaracha)

Ay, ay, ay. Sí, lo reconozco. He andado ausente pero juro -bueno, ya no juro- que ya regresé.

El problema es que ahora no sé ni dónde me quedé ni por dónde empezar.

Supongo por los eventos más relevantes: regresé de la vacación (que ya les contaré), de asistir a la boda más esperada del último año (tengo fotos y reseña) y de despertar con el Conejito Latino-Tropical al lado (que también ya les contaré) para encontrarme con una gran, buena, ultra nueva (que les cuento ahoritita mismo).

La Conejita se va, otra vez.

Apenas unos días antes de partir para El Pueblo Natal había visto la oferta: un año en la sede local de La Empresa Más Grande de Medios del Mundo Mundial -Londres. Y yo, ni tarda ni perezosa, que alzo la manita.

Mi Alto Mando sonrió ante mi precipitada reacción.

¿No quieres pensarlo un poco? ¿Consultarlo con alguien? dijo.

Guardé silencio y mantuve fija la mirada.

Obvio no. ¿Qué diablos debería yo pensar para mudarme un año a Londres con trabajo en La Empresa Más Grande de Medios del Mundo Mundial? ¿Qué no era eso justamente -el no pensar las cosas ni tantito para bien o para mal- lo que me había lanzado de aquí para allá y de allá para acá durante toda mi vida? ¿Pensarlo? ¿Consultarlo? ¿Estamos todos locos?

Estoy segura de mi decisión, dije apretándome los labios para no delatar mi sonrisota.

Te doy una respuesta cuando vuelvas de las vacaciones.

Y yo ya volví.

Y la respuesta ya llegó.

Apenas llegué a la redacción en mi primer día tras la vacación, me dirigí a la oficina de Mi Alto Mando. Me miró con esa sonrisa congelada haciéndomela muchisísimo de emoción.

La respuesta es sí… pero no sabemos cuándo.

Esta vez no pude o no quise ocultar la sonrisa que me salió de oreja peluda a oreja peluda.

Gracias, gracias patroncito, estuve a punto de decirle pero me contuve.

Ahora sobra decir lo que Londres significa, lo que me emociona volver a empacar mis miles de pares de zapatos, lo que me mueve una nueva ciudad con nueva gente inventándome una nueva vida, lo que me hizo traer todo el día una sonrisa estúpida en la cara, las ganas que tengo de reinventarme a sólo unos meses de haberme reinventado…

Sin embargo, apenas puse una patita fuera de la oficina caí en la cuenta. Afuera me esperaba un Conejito Latino-Tropical que espera por ser mi “novio”con un enorme ramo de rosas rojísimas en la mano y que yo no había tomado en cuenta para “consultarlo”.

Joder. Lo había hecho de nuevo: había decidido sola, solísima por mi futuro. Y no me sentía ni tantito mal. Agh. Esta Conejita nomás no termina de aprender.

AVISO IMPORTANTE

Estoy de vacaciones. Muchas. Con novedades. Muchas. Visitando a toda esa gente -con relación genética o no- que considero mi familia. Y junto a mí duerme un chiquillo que dice llamarse “mi novio”. Ah verdad! Pero como dejaría yo de ser una Coneja complicada si todo fuera miel sobre hojuelas, todo esto está a punto de dar un auténtico giro de tuerca… O muchos.

Disculpen las molestias que esto ocasiona.