DOS PARAÍSOS QUE A VECES YO ME MONTO EN MI PISO… (Playlist: Mecano)

hoy es uno de esos días donde uno tiene demasiado tiempo para pensar, para recapitular. tengo miedo de mí misma.

0_26d2a_1a165f72_L—Ocúpate! diría La Coneja Jefa

Hasta parece que la oigo gritar desde lejos cuando uno de sus conejitos le daba por tirarse a la introspección.

entonces doy vueltas por la casa, recogiendo un plato, acomodando unos zapatos, dejándo todo al final en el mismo lugar. tengo tanta gente a la que le debo una respuesta, un largo correo, una llamada y todavía no sé que me lo impide.

haré caso de aquella Ana Sabia Torroja de mi adolescencia. es hora de cerrar los ojos y sumergirme lento en la tina llena de agua bien caliente. que me perdonen los ecologistas que hoy quiero ahogar mis pensamientos bajo muchos litros del vital líquido.

glup, glup, glup…

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AL FINAL (Playlist: Emmanuel)

Así. Será porque ganaron Los Pumas y yo lo pensé tanto. Será porque sigo creyendo que hay una conexión entre pensarlo y que me piense. Asi, una vez más, de la nada aparecieron los mensajes en mi computador.

El Conejito de Siempre (también conocido como de Miura) volvió a relucir en el paisaje. Y a mí se me volía a sumir el estómago, a detenerse el respiro, a agitarse el corazón.  Joder. Lo dudé, pensé en no decirlo, me contuve, lo intenté pero no pude más.

Hice lo que algún día My Stress Rabbit me recomendó: quemé las naves. Hecho, Capitán. Ya no hay retorno.

Tengo ganas de vomitar.

CIRCO BEAT (Playlist: Fito Páez)

¡Tengo tantas cosas por hacer! Y no, no. Aquí no sigue una disertación filosófica sobre todas aquellas experiencias que no me puedo perder antes de morir. Si no, sobre la imperiosa necesidad de dejar de pasear por tiendas en mis días libres y dejar de parecer estampita pegada al piso blanco blanco de este departamento blanco blanco.

-Es momento de entrar en acción. me dije. Y así di rienda suelta a eso que sí se hacer bien: redes sociales.

Como consecuencia lógica, mandé una serie de mensajes al conocido del primo del hermano de un amigo que vive en esta Ciudad Tropical. Y ya empezaron a darse los primeros resultados: vuelvo a mi habitual corre-corre que me hace sentir viva y feliz.

Estaba en eso de la relación social cuando decidí regresar a mi viejo hobbie: hacer algo. lo que sea. el punto es hacer.

En tiempo dos horas, ya tenía una larga lista de actividades posibles. Faltaba sólo decidir.

Quiero regresar al baile de tubo y/o striptease, o por fin iniciar las lecciones de tango que tanto me prometí con El Conejito de Siempre, o las de baile de salón pendientes con Conejito Gurú, continuar con el portugués o aprender de una vez por todas, árabe o quitarme esas ganas de darle a la caligrafía o finalmente entrar al grupo de capoeira, o seguir con las clases de tejido, o no dejar la yoga los domingos, o terminar de aprender a windsurfear, o seguir con la natación, o re-iniciarme en el buceo, talvez sea buen momento de meterme en la cocina thai, de encontrar otro grupo que juege scrabble por las tardes, o al dominó cubano, no sé si debo reorganizar otro club de lectura, o buscarme nuevos compañeros para otra carrera de 10k, cambiar aquella mi membresía de todo-el-cine-que-quiera por la credencial de un video club o de plano, sacar mi acreditación como socio de los 3 museos de la ciudad…  ya de plano, inscribirme al master of arts in liberal studies de la hh. universidad de esta Ciudad Tropical…

Mientras trataba de entender cómo hacía para hacer tanto de todo, de pronto, así como si nada, saltó en la red. Detras de uno de esos links a los que uno les pica y nunca sabe qué se puede encontrar.

El estómago se me hizo chiquito y se me enredo en las tripas esa misma sensación de la infancia.

-Flying Trapeze School, decía.

Yo entrecerré los ojitos antes de mirar las imágenes completas. Deletreé.

fly-ing-tra-pe-ze-scho-ol.

Ja. Ahí en la foto estaban ellos, bien arriba, en mallitas y sosteniendo un trapecio en la mano. Listos para saltar al vacío.

Y yo me ví -como entonces- en medio de la oscuridad, con el estómago pegado. Sentí el aire caliente suspendido bajo la carpa de lona amarilla, el silencio interrumpido sólo por los murmullos, el olor a animales encerrados, el acerrin mojado debajo de los pies, el redoble de tambores, el aliento contenido, el corazón a punto de explotar, la mirada hacia arriba, viéndome las pestañas y detrás, a dos chiquillas en mallas, plumas y lentejuelas… dispuestas a volar.

-Yo quiero ser eso en la vida, resolví con la lucidez de esos años. Trapecista de circo.

No tardé mucho en saber que no pasaría. Quizá un poco más -freud permitiendo- en procesarlo al convertirlo en el tema principal de mi fiesta de treinta. Y finalmente, la única razón justificada por haber llorado viendo El Muy Malito Lado Oscuro del Corazón 2, sintiéndome más alejandra que una enamorada de girondo y benedetti.

Hoy, apareció en la pantalla una vez más: me esperan en mi próximo dia libre, en un parque al aire, para liberarme por siempre de mis sueños de niña. Para aprender a volar.

Cerré la compu, cerré los ojos y suspiré. Tengo un hoyo en la panza. No sé si quiero llorar.

PREGUNTA NO-EXISTENCIAL

Que alguien me explique: ¿es gravísimo no saber quién fue Víctor Jara? ¿Debo condenarme por mi ignorancia? ¿Debo avergonzarme por no conocer gran parte de la historia revolucionario-musical de Latinoamérica? ¿Debo explicar de mi vago recuerdo del LP aquel de Mi Conejo Progenitor que gustaba de Óscar Chávez, me quería en SummerHill y leía El Capital, pero que a mí, no me enseñó de eso si no sólo de ajedrez? ¿O debo seguir en silencio el regocijo y la confirmación de quién me considera una chica demasiado-frívola-para-ser-inteligente? Joder.

AVISO DE ÚLTIMO MINUTO

Tengo un nuevo mejor amigo.

Y desmiéntanme si pueden: no es niña, no me gusta, no le gusto, no venimos al caso, compartimos nostalgias, aburrimiento y cambio de ciudad, ya nos vimos en pijama y sin maquillaje, nos reímos como idiotas de pendejadas del dia a dia, criticamos sin ningún sentimiento de culpa a los que nos rodean, le ayudé a cargar la mesa de su casa, me compró una copa de vino en compensación, andamos buscándole sentido a nuestra nueva vida, me quiere convencer de que tome cerveza y yo de que deje de beber. Y  esta noche, pasamos 1hr. 23 minutos exactos al teléfono.

¿A quién le cabe la menor duda de mi nueva relación?

UN GANCHO AL CORAZÓN (Playlist: Playa Limbo)

hoy estoy oficialmente hipersensible. con un nudo en la garganta. y no, no. ya dije que no voy a llorar.

estaba yo con el outfit equivocado, sin Big Fat Boy que no arrancó, y sin abuelita bloguera, cuando se me para enfrente el Conejito Chairo Che —con toda esa onda que trae cargando, su sonrisota blanca blanca sobre piel quemadita quemadita y su acentito así nomás: barridito— y me suelta de sopetón una de esas verdades grandototas que una, nunca, en ningún caso, está preparada para oírla.

y vamos, no es que me sorprenda por novedosa, si no por cruda. esa verdad es una que ya oí antes.

la misma verdad que me dijeron para correrme de aquella secundaria llena de monjas, o para expulsarme de la otra llena de mujeres militarizadas, o para repudiarme en la otra, aquella donde una no se debe andar enamorando a los directores. La misma esa que me pasó cuando al tercer semestre de la universidad yo nomás no daba pié con bola. Esa que me puso un vestido de novia un dia, para quitarmelo al dia siguiente toda asustada. La verdad aquella que me pasó del tingo al tango, de un avión a otro,  de una vida a otra.

la diferencia es que la dijo distinto: con una cierta paciencia, con esa miradita que he visto sólo algunas veces (en el buen Gran Conejo Editor por ejemplo), menos desconfiado, menos prejuicioso, silencioso ante el torbellino que sale de mi boca, escuchándome aunque haga como que no.

y les juro que ni parpadeé cuando lo dijo (nomás porque estabamos en lugar público y poco apto para las emociones a flor de piel):

—Ayúdanos a entenderte, Conejita.

y a mí, así sin más, con nudo en la garganta, ojo Remi y silencio enmudecedor, me dieron ganas de abrazarlo y ponerme a llorar.

SOMOS AMIGOS DE USTEDES.. AMIGOS DE VERDAD (Playlist: Timbiriche)

No voy a empezar con los lloriqueos, pero estoy aburrida, dando vueltas como una leona en jaulita  y mientras escucho a los insectos  por este depa absolutamente blanco, me doy cuenta de lo esencial: me falta algo.

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Y no, no. No es que una se tire para que la levanten. Es que, por la mañana, hace falta la llamada de Bombón Bunny para darnos un aventón, no por comodidad sino por la hora y media al volante hablando de amores malogrados -y toda la culpa de los astros en eso.

Esta ciudad está llena de tiendas, pero valen para un carajo si no está aquí Miss Bussines Bunny que es capaz de pasar conmigo 7 horas exactas buscando el zapato ideal para el vestido aquel. Esta ciudad está llena de arte, pero no puedo ponerme los calcetines y fumar con Conejita Sicología y mirar como Eva Bunny va desplegando lo mejor de su arte en tamaño mural.

Y acá tengo un mat, pero cómo no va una a extrañar los domingos a las 10am, asistir a una clase de yoga, todavía con los ojos pegados, por el único e irrefutable pretexto de terminar en un desayuno de varias horas compartiendo la mesa con La Conejita de Las Playas, su Conejito Prometido y Mi Conejito Gurú.

Vamos, que el clima es bonito, las calles limpias, el edificio silencioso. Muy. A mí, me falta música. Baile. Movimiento. Acción. Que aquí no tengo un equipo completo de locos, que se tomen 14 botellas de vino en una sola noche, con el pretexto de una preboda, que boda todavía no es. Y sí, bailando a la señora Daniela Pelazo Romo con aquello de Yo no te pido la luna.

Yo doy vueltas y las horas, en este bonito flat, corren muy lentas. Como si no quisieran pasar. Los días se hacen largos. Y no aparece mi Conejo de la Guarda de mi Dulce Compañia -mejor conocido como Andy-Handy con su caja de herramientas en mano- dispuesto a darle los mejores toques a mi casa. Ni su Conejo Shshsh, sonsacándonos para acostarnos todos a ver pelis y no mover un dedo el dia entero. O de plano, correr al cine a ver el peor chic flick de todos los tiempos. Y sí, salir contentos.

Y es que aquí pasan cosas. Y yo lo intento. Busco desesperadamente a alguien que quiera pagar 73 dolarúcos para perder el control conmigo, de frente a los tipos de Fuerza Bruta. Así como lo hicimos hace unos meses allá, entre puras chicas y un jalón. Y nada, cero respuesta.

Me falta mi Exnike Bunny mandándome mails donde jura que tengo mejor cuerpo que Ninel Conde.Y citándome en cualquier lugar en donde acepten amex. De preferencia que sea Le Pain Quotidiane. Y encontrarme ahí seguro, con la Conejita InHipChicCool para pasarnos las útlimas tendencias del mundo mundial, sólo por el gusto de saber en qué anda el otro lado del mundo.

Me faltan las copas de vino con la Coneja Judia y Soltera. Concursándo por quién tiene la peor historia de amor del mes. O la Conejita Mejor Amiga del Mundo Mundial con la que no hace falta vernos para saber que una correría al primer grito de ayuda de la otra.

Que sí da gusto que aquí el celular salga más barato. Y que yo ya tenga una blackberry. Si no fuera porque este maldito teléfono no suena ni por error. No como allá. No con esas llamadas de tres horas, hablando de nada, interrumpidas sólo por el sonidito del chat o las necesidades imperantes de mandarle un mail al de más allá.

Me falta La Condesa -y no por La Condesa que a nadie le importa-, si no por nuestras cenas, a las que siempre llegue tarde tarde pero servían para arreglar el mundo entre nosotros. Aunque no arreglaramos nada.

Y sí, sí. Aquí hay dólares y malls y marcas y ofertas y restaurantes y antro y playa y rascacielos y barbies malibú y…

A mí, sólo me faltan mis amigos.