LA VENTANITA (Playlist: Garibaldi)

No sé exactamente cómo funciona el proceso de “agréguelo usted mismo” al Facebook. Lo cierto es que me he esforzado en no caer en la tentación de tener una lista infinita de “amigos”, los cuáles no tengo ni la más pálida idea de quiénes son. Y ahí voy yo. Muy orgullosa de mi lista no-tan-infinita de amigos, de los cuáles conozco a todos.

Hasta hoy.

“Conejo con Onda quiere que lo aceptes en tu lista de amigos” decía mi mail por la mañana.

El nombre me sonó. Por pura curiosidad —y no dejar— fui de metiche a su página.

Mira nomás, pensé. Conejo con Onda tenía onda. Y en serio. Su foto de perfil parece una foto de pasaporte cualquiera. Pero mira fijamente. Con una sonrisa ligerita, casi imperceptible hacia la izquierda. Más parece una mueca. La barba medio crecida. El pelo despeinado. El look casual, como de recién levantado. No sé si guapo, pero sí sexy. Tiene ese descuido cachondo, ese desparpajo artistoso que me provoca una risita nerviosa. Joder, cosas del Facebook.. me dije.

Cambié de página y regresé. No había demasiada información. Unos cuántos amigos en común, todos en la cosa creativa. Mmm. No, no, si nos hubieramos cruzado en el camino seguro lo recordaría. Mi Conejita del Bien y mi Conejita del Mal empezaron el debate:

—¿Y si lo acepto? Total, seguro ni cuenta se daría.

—No qué hueva, para qué. Quién sabe de dónde salió.

—Ash, ya Conejita, ahora resulta que te da miedo.

—No bueno, pero ni al caso.

—A que no te atreves

—No me provoques

Y obvio, Conejita del Mal ganó la partida. Click. Aceptado. Nada malo iba a suceder.

O por lo menos eso pensé.

Cuarenta y cinco segundos después saltó una ventanita:

Hola. me escribió Conejito con Onda.

1205514931_sexy11Demonios. Lo sabía. Me puse roja. Tartamudeé virtualmente. Igual y sí me conocía y yo aquí pendejeando. Hice como si tuviera la situación bajo control y continué la plática. Tras tres renglones más confirmé que no nos conocíamos.

Ahí inició la debacle. No pregunté por qué me agregó. No hizo falta. Caí. Hablamos de Pessoa. De mis ganas de Portugal. Y su próxima visita. De mi próximo viaje a Londres. De la Barcelona de los dos. De las becas artistosísimas. De los helados italianos. Uff! No sé cuánto tiempo fue. Las palabras salían (se escribían) a borbotones, sucediéndose en un discurso irremediable, predecible, casi como un guión que hubieramos escrito a dos manos. Sentí que el estómago se me hizo chiquito antes de la siguiente frase. No, no. Entrecerré los ojos, arrugué la frente, ahhh! la veía venir…

—¿Entonces nos vemos en Londres o te espero en Porto?

Irremediable. Ahí estaba yo, una mañana cualquiera, a punto de meter la nariz en una de esas historias de las que nunca salgo bien librada. Decide: corre ahora, Coneja o quita las manitas hasta topar con pared, y calla -con la nariz apachurrada- para siempre.

Y sí. Tengo una cita -en once días- en Londres para comer helado. Él en corbata, yo en tacones.

7 comentarios en “LA VENTANITA (Playlist: Garibaldi)

  1. Vicco Castelari dijo:

    Y asi fue como terminé de viaje en MTY, y algo parecido en Londres. JAJAJA

    Tu disfruta, si sales bien librada o no es lo de menos al menos tendras material para tu blog.

    Por cierto, yo soy uno más de esa lista infinita de amigos de tu facebook de los cuales no conoces, no pude ir a tu fiesta de despedida, una lástima en verdad.

    Saludos

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