ME SIENTO VIVO (Playlist: Fobia)

Ampollas… ampollas… ¡AMPOLLAS! Sí, eso: am-po-llas. Mis dulces pies de princesa están llenos de ampollas. Y sí, mañana oficialmente es mi primer día de trabajo. Joder.

arthur-de-pins1Si eso a mí no me había pasado nunca, si después de tanto viaje creía tener todo bajo control, si escogí con detenimiento el outfit. Y hoy, ahora que estoy en el Hotel Victoriano que Todos Quieren. O no, en el que si no hay baño, mucho menos un botiquin, pues nada. No hay ni un rejodido curita para mi talón. Ahora que alguien me explique si presentarme mañana en Empresa De Medios Más Grande del Mundo Mundial en havaianas blancas, con talón al aire y ampollita despellejada? Grrr.

En otras cosas, alguna vez me enamoré en tiempo 3 segundos -bueno varias- pero aquella fue de un Pibe Inseperado y en ese entonces argumenté mi atraccion hacia su ego desbordado. Tan seguro, tan carismático… tan argentino. Y yo, caí. Pues resulta qeu ese Pibe Inesperado hoy vive aquí, en esta ciudad y quedamos, tal vez, de encontrarnos.
No pasa nada. A mi, ya bien sabemos, el corazón me late para otro lado. El izquierdo.

Pero todo este argumento de la nacionalidad, es para decir que debo reconocer que me he topado con otro, que padece del mismo mal: encantador y egocéntrico. Y no, no, no es porque yo tenga el corazón como estación de transborde del Metro Chabacano, si no estoy tratando de ser objetiva. El Conejito Chairo Ché es la onda. Yo sé que las primeras en decirmelo fueron Mis Dos Alegres Visitas a las cuales no les creí mucho. Pero, apenas fue llegar a esta ciudad, para oir puras lisongerías del susodicho. Sin entrar en detalles y -rango aparte- en toda la escala jerárquica de la Empresa Más Importante del Mundo Mundial se le quiere. Y bien. Hubo quien se azardó a decir que es la mejor pluma de éste lugar, en su versión en español (junto a otro que luego les cuento). Coño. Esas son palabras mayores, no?

El caso es que esta mañana, lo leí. Y bueno sí. Confirmo. No es que deje caer anotaciones al margen así suavecito e irrefutables, no es que cuando habla mueve los brazos como para comerse el mundo, no es que camine ligerito con la vida guardada en la maleta, no es que suelte frases como si fueran verdades absolutas, es que es buena persona. Punto. En el sentido más extenso de la palabra. Vale pues ya, es encantador, egocéntrico, guapo y no, de éste yo no me enamoro.

Finalmente, ya turisteé. Hice el recorrido de rigor: vi los monumentos que había que ver, paseé por los parques que había que pasear y hasta, de plano pa’ no dejar, me tomé la foto del recuerdo. Será el sereno pero a mí, me gusta más la gente que los recuerdos.

Pero de pronto, como no queriendo fui a dar a la National Portrait Gallery y, me perdieron. Ahora entiendo por qué lo primero que quise ser en la vida fue fotógrafa (obvio después de Corista de Emmanuel). Caminé rapidito, el corazón se me agitó y me pasé horas y horas ahí sentada.

Luego como si no fuera suficiente, llegué a mi otro nuevo lugar: el mercado de Portobello. Y me perdí otra vez. Y todo será culpa de Bombón Bunny y su in-cre-í-blé naivness playlist, pero mientras la escuchaba y el sol me pegaba en la cara, el frio me entraba por los pies desnudos, y caminaba sin rumbo sabiendo que no tenía ninguna prisa por llegar a nowhere.. entonces, y sólo entonces empecé a llorar.
Despacito. Como aquella vez bajo el agua. A llorar lagrimitas que resbalaron sin ruido ni sollozos. Así de simple: a llorar.

BUENOS DIAS, SENIOR SOL (Playlist: Juan Gabriel)

Es sabado, Londres sonrie soleadito y…

Grrrr. No tener regadera en la habitacion puede ser un pequenio detalle, que se soluciona luciendo una linda bata de banio, havaianas y coqueto turbante por los pasillos. Pero cuando una despierta ojo papujo, pelo enredado y muriendose de ganas de hacer pipi, lo menos que uno quiere encontrarse corriendo empijamada por la escalera es un bombon italiano hospedado en el mismo hotel.

Buongiorno, dijo con esa sonrisa reluciente que solo tienen los italianos.
Ehhh, hmmm… buenas, conteste casi echandome a correr en sentido contrario.

Darse cuenta que una desperto a las 11.30 cuando el desayundo del hotel ya se habia acabado, no es una buena idea a la hora de hacer cuentas. Literal, esas son unas libritas menos.

Caminar rumbo a un dia de turisteo y sentir -a seis estaciones de metro del hotel- el dolorcito del zapato que aprieta justo en el dedito chiquito del pie izquierdo, es la senial que una no quiere entender. A menos que signifique que urge detenerse en la primera tienda y comprarse unas ballerinas divinas cueste, literal, lo que cueste.

Llegar a un cafe internet y enterarse -despues de una noche entera de esperar la llamada- que una le dio mal el telefono al Conejo con Onda para estar en comunicacion, que no tienes acentos ni los mails que tanto prometio el Buen Conejo Pluma Blanca y en cambio, tener un seniorcito junto que te quiere ligar en lengua arabe… eso… pone muy mal a cualquiera.

Ash ya. Quiero desayunar.

Buenos dias, Londres.

NO HAY MARCHA A NUEVA YORK (Playlist: Mecano)

Alguien me dijo que Nueva York era la ciudad más bonita del mundo.  Se equivocó.

Alguien me dijo que las ciudades por arriba no mienten. Si se ven bonitas, es que son bonitas.

Londres no mintió desde la ventanilla del avión. Obvio, todo sonaba perfectísimo si no fuera porque el supuesto taxi que supuestamente llegaría por mí, simple, no llegó.

Y ahí está la Conejita, muy paradita en el aeropuerto con maletón, jeans, botas y plumitas en la cabeza (la discreción, vamos, no es lo mio). Después de tres llamadas y dos insultos uno en inglés y uno en mi mejor español, alguien me hizo caso. Un taxi apareció para llevarme a mi nuevo destino: el Hotel Victoriano Que Todos Quieren. O no.

No quiero parecer naive, pero sí. Todo es exactamente como en Candy Candy. Ja. La casa con escaleras estrechitas, alfombradas y mi cuarto en el último piso. Chiquito con una sola ventana al fondo. Dulce, elegante.. cute.  Se me quitó un poco de glamour, intentando subir tremendo maletón -repleto de abrigos y bufandas- al último piso. Apenas abrí la puerta, me tiré en la cama con esa clásica sonrisa que me moja las orejas. Estaba yo regodeandome de mi buena fortuna cuando decidí que lo mejor era un buen baño.

-Ah! por fin, me dije.

Armada de mi mejor bata de baño y coquetas havaianas blancas, volteé, revisé y no. En ese cuarto no había ni una puertecilla que indicara el elemento esencial de toda habitación. Venga. No, no. No hay baño. ¡No hay baño!  Tras el recorrido de princesa empapada con turbante de toalla por más de tres pasillos, regresé a la habitación para una nueva sorpresa. ¿A alguien se le ocurrió avisarme que cargar con mi secadora de iones de alaciado super acá y mi plancha de cerámica de tecnología de punta de onda  no servía de nada si no traía un convertidor de voltaje?

Demonios. Welcome to London.

Y si -contrario a todo pronóstico- afuera brilla el sol, las inglesas sus dulces pieles blanquísimas con prendas brevísimas y yo sólo traigo bufandones y suéteres.. no, no es para estresarme. La verdadera sorpresa es que aquí ¡no hay internet!.

 Joder. No me pregunten cómo haré para encontrarme con el Conejo con Onda y la bendita idea de los helados, que ya estoy un poco de nervios.

El día terminó con mi primera visita a la Sede Universal de la Empresa de Medios Más Grande Del Mundo Mundial. Supongo que abrí los ojos como platos cuando puse el primer pie. Supongo que el enredadero de tripas fue como aquel del primer día de clases a mis tiernos 5 añitos. Supongo que mi silencio idiota fue tomado como la falta de aire de las misses universo a la hora de recibir la corona. Supongo que mis compañeritos de banca me miran con la ternurita que se ve a la chiquilla recién llegada del pueblo incluída la mordedura de rebozo. Supongo que me dicen que parezco de veintitantos nomás por que las cremas han hecho efecto y no porque miro a todos con suma admiración de principiante. Supongo que este fue el primer paso de una larga, nueva vida laboral.

CENANDO EN PARIS -O EN LONDRES- (Playlist: Mecano)

No lo vamos a creer. Trabajo con un guapo y ¡yo no me había dado cuenta! O por lo menos eso me dijeron Las Dos Alegres Conejitas Visitantes anoche.

Quitándo ese detalle (que no es de poco, pero ahora no tiene importancia), fuimos a cenar  todos juntos (guapo incluído). Y empezó todo: de pronto caí en la cuenta de en lo que me metí. Estaban ahí sentadas por lo menos cuatro nacionalidades distintas, cada uno hablándo a su vez de lo que ha pasado en, por lo menos, tres países distintos, resolviendo el mundo con visión de insider y reinventándose, todos juntos, en una ciudad nueva. Joder. Sentí la tripas hechas un moño.

Ésto es dejar de verse el ombligo, me dije. Es voltear a la venta y ver que el mundo es grande grande. Éste, éste aquí es el periodismo del mundo mundial. Ésto es lo que siempre soñé. Bienvenida a la empresa más grande de medios del planeta.

Después de una tormenta tropical, cervezas, vino, café y spumante, regresamos a casa. La disertación sobre qué tan guapo es mi compañerito de banca y qué tanto lo hace guapo ese noséqué de periodista chairo, culto y encantador que vuelve loca a cualquiera (véase todos los post referidos a Conejitos del Pasado). No llegamos a un acuerdo. Una decía que le faltaban 4 minutos para enamorárse de él. A otra un poquito más. Yo insisto en que lo que tiene es esa personalidad arrolladora de quién se sabe ciudadano del mundo.

Pasado mañana me voy a Londrés. A pasar dos semanas metida en el ombligo del periodismo internacional para aprenderles alguito. Ya tengo mi tarjeta del metro, mi boleto y unos tacones en la maleta. ¡Ah! y una cita de amor.

¿QUÉ ME OBLIGA A QUERERTE, VIDA MIA? (Playlist: Alejandro Fernández)

Demasiado tiempo de bonanza. Casi una semana de felicidad. Pues que no, que no, que esta Conejita ama la tortura sutil.

iphone_loading_widgetY así, hoy, todo el jodido día el Conejito de Siempre me rondó la cabeza. Su presencia-a-ratos-más-bien-ausente debería ser motivo suficiente para que yo estuviese enojada, decepcionada o por lo menos desenamoriscada. Pero no, estuve así, en ese pensando-sin pensar, desde la mañana.

—¿Será que le debo enviar un mail? me dije antes de irme a trabajar.

No tuve tiempo de contestarme a esa pregunta cuando ya estaba sumergida de cosas por hacer.

En esas andaba de revisar fotos de un portal: “Latinoamérica” había tecleado en la búsqueda. Aparecieron cientos de fotos pequeñas, en pequeños cuadritos, con gente aún más pequeña que llenaban mi pantalla. Página 1, 2, 3… 14, 15.. De pronto, lo ví de reojo. El estómago se me hizo chiquito. Una camisa azul podía ser cualquier cosa.

Ash no, Coneja. Estás alucinando, pensé.

Hice click y regresé la página. Esa camisa azul no era cualquier cosa.

Puse el cursor sobre la foto, todavía sin estar segura de lo que iba a encontrar.

Click.

La foto se extendió al tamaño de la pantalla.

Joder.

En el centro, un disidente cubano daba una entrevista rodeado de reporteros. Hace casi diez años. De la esquina inferior izquierda subía el brazo de un reportero. No, no, no de UN reportero, si no de ÉL reportero. Se alcanzaba a ver sólo un cuarto de su cara. Una ceja poblada. Un micrófono de conocida televisora. Y una camisa azul de mezclilla.

Era el Conejo de Siempre. No había lugar a dudas. Hace miles de años. Una eternidad. Casi cuando lo conocí. Y como insisto en recordarlo. Camisa azul y micrófono en mano.

Sentí ganas de llorar. Profundamente. Como sabiamente lo dijo Bombón Bunny, ese de la foto se parecía tanto al conejo aquel… el de Miura… el de Siempre… del que siempre he vivido enamorada. Y que ya no es.

Seguramente yo tampoco me parezco ya a su “lado izquierdo”, del que un día él se enamoró. Y ya no soy