PRINCESA TIBETANA (Playlist: Timbiriche)

«A todo se acostumbra uno» diría mi abuela… «hasta a los malos tratos».

Eso pensé hace unos días. Cuando me dí cuenta de que estaba pagando facturas de los platos rotos… por otros.

«Es que quieres que te trate como una princesa…» me dijo impaciente el Conejito en un reclamo abierto. En ese momento justifiqué mis expectativas: «no, claro que no, estás exagerando, etc etc..» dije.

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Luego lo pensé mejor.
Y sí. si quiero que me traten como una princesa. Única, especial, amorosamente. Por una simple y sencilla razón, porque estoy dispuesta —miren nada más— a dejar de besar sapos. Estoy dispuesta —cómo no— a apostarle a un reino que dure por los siglos de los siglos. Estoy dispuesta—en el intercambio— a tratarlo como el príncipe que he esperado toda mi vida…

Y no. No creo en los cuentos de hadas.

LO QUIERO A MORIR (Playlist: Zayda)

Quiero unos zapatos con la suela roja. Punto. Unos Christian Louboutin.

¿Por qué?

Por frívola, por tonta, por ingenua.

Porque los quiero como quiero un novio que me diga que me querrá para toda la vida (aunque toda la vida nos dure las próximas tres semanas), que me extrañe cuando se vaya de viaje (aunque en realidad se la haya pasado bomba sin mí), que cuando diga «no hay problema» sea realmente, y honestamente un «no hay problema», que tome de la mano cuando caminamos, que me quite la ropa todas, todas, sí, todas las noches y que sepa —también— desaparecerse cuando estoy siendo absolutamente insoportable.

¿Es mucho pedir?