Y AHORA TENGO UN NOVIO… (Playlist: José Cano)

… que hace un metro diez
y no quiero más que que me abrace

y dormir con él.

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Así decía El Mecano Mayor hace algunos años y así digo yo ahora… aunque vamos, el novio mío no pasa de los 7 centímetros y aletea que da gusto en su pecera nuevecita.

Llegó esta mañana, un poco muerto de miedo, escondiendo su rojo esplendor en una bolsita de plástico. Competía con otro más grande, exhuberante y atrevido que saltaba para hacerse notar. Como pasa con los buenos novios, él me vio de reojo, tímido y yo lo escogí de inmediato.

Por un momento, alguien pensó que llegaba con la fría intención de cubrir la ausencia que dejó Manolo, aquel buen pecesito de cabecera, cuando me vio ponerlo con la delicadeza que requiere (cual operación quirúrgica) en su gran pecera reluciente, de agua azul profundo y con cubitos de cristal tornasolado al fondo. Super chic.

En cuanto se apropió del espacio, abriendo con garbo las aletas y mandándome besos indiscretos supe que no era así. Éste es mi nuevo novio, se llama Vicente, mi pecesito enamorado y me mira en silencio desde el otro lado del cristal. Me está conociendo, parece que sonríe. Le cuento alguna que otra confidencia antes de meterme a la cama. Y no quiero más —diría el buen José Cano— que dormir con él.

ACASO ERES TÚ.. O TÚ.. O TÚ (Playlista: Alicia Villarreal)

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¿Cómo lo quieres? dijo Bill Conejito Gates.

Que quiera, contesté muy segura. Esta Conejita está cansada de los típicos conejitos indecisos, atormentados, temerosos y con issues imposibles de resolver.

Y ahí te voy embarcadísima en mi primer blind date oficial. Los generales fueron eso, muuuuy generales: 49 años, puestazo, culto, divertido, divorciado, fuma.

De todo esto, sólo logré deducir que guapo, guapo no era (de lo contrario hubiera estado en primer lugar de los generales!). Todo lo demás no sonaba nada mal.

La gran cita fue el sábado. Pasamos por tí a las 8 dijo Bill Conejito Gates, entendiendo en el pasamos a su nueva Conejita. Me preparé como las grandes: taconazo, jeans ajustados, blusita de seda, depilación rigurosa —porque una nunca sabe—, perfume sutil. Ni un pelo fuera de su lugar. El destino: la Hacienda de los Morales.

Oh, oh, pensé. La Hacienda de los Morales me recordaba alguna cita de trabajo con El Editor.. o con ¡mi familia!

Y tal cual. Al llegar lo ví. De negro de arriba a abajo (típico truco para no desentonar), sentado en una de las mesas centrales.

No, no, noooo. ¡Demonios! me dije— Esto no me puede estar pasando a mí… El Conejito Alto Puesto era un ¡señor! sí. punto. así: un señor en toda la extensión de la palabra. Y yo, joder, no quiero un señor. Le faltaba.. digamos.. “onda”. Eso que no tiene que ver con la edad, el puesto o la jerarquía. Es simple ondita —como esa que le notamos a 2T Rabbit inmediatamente— y por si fuera poco, el susodicho no igual, era i-den-ti-co al esposo de mi hermana.. a ¡mi cuñado! (sobra decir que eso no es precisamente galanura).

Tragué saliva y saludé muy sonriente. La moral se me fue al suelo. Joder. ¿Quién me hizo pensar que en esta noche iba a encontrar a mi conejito ideal?

La cena transcurrió tal y como se pronosticaba: gusanos de maguey, buen vino y música de piano al fondo. Ideal para mi mamá. A esto, le estaba faltando onda. Y eso fue lo que intenté ponerle con la brillante idea de irnos de antro.

Fatal.

¿Te irías conmigo al antro? preguntó. Mientras aparecía en el valet un auto, de esos que van al ras del suelo, decapotable y con miles de botoncitos en el tablero que hizo voltear babeantes a los del valet.

Perfecto, me dije. Ahora pensarán que salgo con “mi jefe” por su dinero. Joder.

Me subí al auto del que por supuesto, nunca logré descifrar la marca —ni el logotipo siquiera—, saqué todo mi repertorio de temas interesantes y llegué despampanante al antro de moda. Justo aquel en el que ese sábado habían decidido todos los pubertos patealoncheras que era buena idea reventar. La diferencia y la incomodidad se notaba a leguas. Y yo estaba a punto de llorar.

Sobre todo, ante la atención constante del Conejito Alto Puesto que para esa hora, todavía no se había dado cuenta de que no era mi tipo. Ahora empiezo a creer en eso que todos me dijeron en la reunión en casa de la Conejita Judía y Soltera: “les haces creer que te interesan y luego no sabes cómo quitártelos de encima”.

Y yo con mi corazón de pollo, por supuesto no cambié la historia en esta ocasión. En la puerta de mi casa y tras el beso de despedida dijo justo lo que no quería oir:

Me encantaría volver a verte… te puedo llamar?

El aliento se me detuvo y supe que en ese momento debía decir aquello que preparé durante toda la noche: no – notienecaso – noerestú – noesnecesario – novaafuncionar… no, no.. no! joder. Sólo eso, aprender a decir ese “no” que estuve ensayando durante horas.

Obvio sí, encantada.…—dije en automático con una gran sonrisa.

Mi teléfono empezó a sonar a la mañana siguiente. Y yo no sé si contestar.

Ilustraciones: Arthur de Pins

PELIGRO DE PERDERME ENTRE TUS BRAZOS (PLAYLIST: FLANS)

Si tuvieramos que escoger una palabra pbubbles3-prev.jpgara mi condición de estos días esa sería: Peligro.

¿Por qué? Porque sí. Porque tengo esa increíble capacidad de irme a meter a la boca del lobo. Porque ya lo sé, aunque nadie me lo diga. Y esta vez, no es nada más TV Bunny con la cita cada vez más cerca, ni del Conejito Jeepero que me asedia. Manda mensajes. Provoca. Y yo no quiero ni pensar en él. Porque me gusta, me mueve, sudo. ¡Demonios! Y sí, vamos lo admito. No me molesta ni tantito.

Pero si hablamos de peligro en serio, el peligro peligrosísimo no está en ninguno de esos dos. Está en otro lado. Es Buen Conejo Pluma Blanca, el Señor Conejo. Así, con todas las de la ley. Culto, propio, inteligentísimo, encantador… controlador hasta la pared de enfrente. Esas, todas, las cualidades que no, yo no debería estar notando en él.

Y mi Conejita Sabia Interior que no para de gritarme:

—Corre, Conejita, Corre. Aún estás a tiempo.

Y mi Conejita Sabia pero No tanto Interior, que se ríe muchísimo e insiste:

—Vas, Conejita , Vas. No pasa nada.

¿Será?

YA LO PASADO.. ¿PASADO? (Playlist: José José)

Yo lo digo y lo confirmo: los astros están conspirando en mi contra (tal vez favor). Tras la aparición de Conejito Jeepero, los otros conejitos y conejitas del pasado salieron de la madriguera para plantárseme enfrente.wombat4.jpg

Empecemos con el TV Bunny. Ahora tan propio frente a las cámaras, tan seriecito que se ve.. y mira nomás, apareciéndo para buscar un encuentro. Por cierto, fallido. Sus horarios, mis compromisos nomás no nos han hecho encontrar la cuadratura. Por ahí apareció después de varios meses la Conejita Comeflores, harto pacheca llegó a mi casa. Y harto pacheca comenzó la conversación: el pasado muy pasado, el pasado apenas pasado, su vida amorosa —rebien resuelta oigame—, mi vida amorosa —hecha un desmadre—, nuestros mundos.. y ahí vino el atorón:

—«Lo que tienes que hacer es salirte de ese mundo aspiracional en el que vives. Buscar en otros ambientes».

Joder. Eso no sonó facil. Años matándome para dedicarme a la cosa de la tendencia, para que ahora me digan que la tendencia es una jodidez. No lo sé de cierto.

Dos días después, reapareció algo mejor aún. La Conejita Mejor Amiga del Mundo Mundial. Ja. Esa misma de hace ¿30? ¿28? años. Esa de la escuela, la barda, la pubertad, la adolescencia y varias dolencias más. Pasamos el dia juntas y con tan poco que reclamarnos. La ví luminosa, linda, tranquila. Fuera de una mala historia. Vamos parejas. Y metida en una que —si no espectacular— es sana. Ella va un pasito adelante. Y con muchos, hartos planes de vida. Iguales.

Y ya como si no bastara, la noche terminó cantineando. Lo primero que vi al cruzar la puerta fue su cara. Se me cortó un poquito la respiración. Ahí estaba My Stress Rabbit. A un año… un año ibamos a sentarnos en la misma mesa. Caminé más despacio. Esbozé mi mejor sonrisa. Saludé y me pegué al hombro de Mr. Perfect Bunny. Estabamos los tres, como en los viejos tiempos, pero sin las viejas historias. ¡Cuánto joder, joder, joder, nos ha pasado a los tres en este año! Salí varias horas después, tres tequilas encima y más tranquila que nunca. La Conejita Jefa diría sabiamente:

—«El tiempo lo cura todo».
Curada estoy. No sé, ahora sí que de cierto, si estos del pasado regresaron para quedarse o nomás para enseñarme algo. Yo, sigo aprendiendo.

CÓMO HEMOS CAMBIADO… (Playlist: Presuntos implicados)

¿Para qué sirven los exnovios? me hubiera dicho La Mejor Amiga, tras colgar el teléfono.

En la línea, sorpresivamente, había aparecido uno de ellos: El Conejito Jeepero. Aquel de la vieja historia “De transbordadores espaciales… y licuadoras”
(contada precisamente el 5 de enero de 2006).

Unos minutos después estaba tocando la puerta. Al abrirla lo encontré: tan igual, tan guapo, tan desgarbado, tan ligerito por la vida. Tan sexy, demonios.

Bastaron unos minutos para que notara la diferencia.

—«Estas distinta» comentó.

—«Es que me parecé un déjà-vu» dije mientras el color se me subia a las mejillas.

Me estaba poniendo nerviosa. Despedía ese olor particular que sólo tienen algunos hombres. Ese que de pronto te pone en un lugar pasado, en un momento pasado, en un instante preciso del pasado. Traté de ignorar la situación. Mantener el control. Servir más vino. Prender y apagar la tele. Ver el WTC tiritando de frío en el balcón. Después de muchos recuentos y recuerdos, sucedió. Se acercó lentamente y respiré su olor. En ese preciso momento recordé por qué se había convertido en uno de los mejores empiernamientos de mi vida del mundo mundial.

Con un beso bastó. Las piernas me temblaron. El Conejito Jeepero es de esos que no había pasado su tiempo ligoneando chiquillas a diestra y siniestra. Se había simplemente aplicado. Perfeccionado la técnica. Descubierto grandes pequeños secretos.

Sólo un beso —infinito, indecente, indescifrable— y apliqué la graciosa huida. Despedí en la puerta a una gran gran posibilidad en la cama.

—«No es momento» pensé tranquila, mientras me deslizaba entre las sábanas. El Conejito Jeepero se había formado en la lista de los que siempre, siempre regresan.