ESO YA LO VIVÍ

Si siempre lo he dicho, cruzar la ciudad tan sólo para encontrarse con un ex es una de las experiencias urbanas a la que ninguna Conejilla debería someterse.

Pero ahí te voy, cómo no, a las siete de la noche en pleno insurgentes para llegar a un starbucks (que ya de por sí, no son los niños de mis ojos). El recorrido desde el profundo poniente hasta esas zonas sureñas incluía, obvio, el tráfico en hora pico. Llegué radiante. Vestido chairo, taconísimos y super pelazo. Y ahí estoy, muy guapa y sentada, espere.. y espere.. y espere.. y espere..

De pronto llegó. Esta vez, hay que decirlo el Conejillo de Miura se retrasó “sólo�? 18 minutos. Practicamente se desplomó en la silla. Me miró y sonrío. ¡Joder! ¿Siempre se habrá sabido encantador?

Habló poco y por supuesto, yo no cerré la boca. Exactamente 43 minutos y un chai latte duró la cita. Después de varios intentos inutiles por mantener una conversación coherente, ofreció una próxima vez.

Terminó mal y cada uno salió por su lado. Lo vi alejarse por la acera con ese ‘tumbao que tienen los guapos al caminar’ cual buen Pedro Navajas.

Abrí la puerta del auto con la firme convicción de que no había más que decir. No hoy, ni una próxima vez… hacía meses –quizá años– que habíamos acabado con las últimas palabras. En ese momento sonó el teléfono.

Te invito a comer la próxima semana.. anda.. ya no te enojes... dijo.

Aseguró que entonces diríamos todo aquello que nos queda por decir.

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CONFUSIONES VARIAS

Digo, no es novedad que la Conejita se confunda, pero lo raro es que esta vez, me lo tome con tranquilidad chicha.

Llevo varios días sola, sola, sola de amores. Digamos que estamos en receso de besos, empiernamientos y cariñitos varios. Y yo, tan tranquila… o casi. Unos van, otros vienen pero no hay uno que quiera que se quede.

Resulta que hasta aquel Stress Bunny, importante de las épocas navideñas, se ha convertido a paso vertiginoso en una reproducción de lo que tanto me temía: chispazos de enamoramiento que desaparecen cuando cierra la puerta detrás de él.

Digo, tampoco es que esté loca, según mi razonamiento más complicado se trata de un simple mecanismo de defensa: él le huye al ‘amarre’ pues lo ponemos bien desamarrado junto a todos los demás. Desapareció pues la ‘dichosa conejita navideña de un sólo hombre’. Ohquela, digo yo!

Será por eso, que encuentro casi cada mañana con gusto el mail del Conejito Vagabundo. Cada vez con líneas más confusas, enredadas y yo divirtiendome en desenmarañar una historia sin pies ni cabeza.. ni futuro. Joder!

Y por si fuera poco… sucedió.
Sí, sí, sucedió. Con el Conejillo de Miura o Forevereado como diría Pepe ¿Cómo fue?.. no quiero ni pensarlo. El punto es que quedamos en una cita, como esas de entonces. Pusimos lugar y hora de un día de una próxima semana. Y yo ya sé cómo sucederá: llegaremos los dos. Yo más puntual que él, como siempre. Y como siempre nos tomaremos un café mirándonos a los ojos. Seguramente empezaremos con el tono frío que pide contarnos un poco de estos meses. Seguramente nos despediremos con un abrazo fuerte, pegará sus labios a mi oido y yo esconderé mi nariz en su cuello. Tardaremos más de tres minutos en separarnos… Lo demás, a más de seis años de repetir la historia, aún no lo sé.

CORRE, CONEJITA, CORRE

En una sobremesa donde abundaron los tequilas aseguré que si Rulo los aguantaba, yo no podía quedarme atrás. Total –pensé ante la propuesta de correr la carrera Nike– ¿cuánto pueden ser 10 kilómetros?

Ya muy apuntada, convencí con dos aleteos de pestañas a Roberto, un maratonista clavado, dispuesto a guiarme en la aventura. Tenía diez semanas para lograrlo. El tiempo suficiente para mi aliento fumador.

Dos días después, a las 5.30am sonó el despertador. Extendí el brazo, tiré el vaso con agua sobre el buró y apagué el tintintin incesante.
¿Estamos todos locos? pensé. Nadie se levanta a esta hora a correr.
Al verme, Roberto abrió los ojos como platos:
¿Así vas a ir?
Mmmm ¿Qué tenían de malo mis pants gris-pijama con resortito en los tobillos, la camiseta holgada rosa bebé y la “donita? en el pelo?

Al llegar obtuve la respuesta. El Sope reventaba de corredores fashion: niñas en perfectas mallas licrosas, tops dri-fit, bandanas ergonómicas y ipod nano en el brazo; ellos se movían en shorts holgados, t-shirts de la última carrera conquistada, Polar en la muñeca y tenis ultratechies. Eso parecía más un desfile de modas mañanero que un lugar para ejercitarse. Y yo, la elefantita de Disney a punto de ponerse de puntitas en la pista.

Ya en movimiento, el aire frío se me metió por la nariz. Después de 13 minutos exactos, escupía el pulmón, tenía la cara roja como un tomate y la cabeza a reventar. Ya por desfallecer, chequé la distancia: 2 kilómetros. Entré en pánico: los diez serían imposibles.
Pero como cada nueva adquisición merecía ser presumida en la pista, continúe el entrenamiento en riguroso desorden. Tres, dos, a veces una o ninguna a la semana en un proceso directamente proporcional a mis visitas a tiendas deportivas.

La noche antes de la carrera me comporté como un atleta: cené pasta, tomé todo el potasio que se me puso enfrente y un antigripal, recomendado por mi doctor en un secreto que me llevaré a la tumba.
Luego acomodé el outfit sobre la cama: camiseta amarilla, short negro XS que me quedaba cual prima hermana de Ninon Sevilla, calcetines que se secan solos, tenis conectados al ipod ultracargado con la música de impacto –Kpaz de la Sierra incluídos–, llaves de mi casa y un billete de 200 pesos. El futuro estaba a punto de decidirse.

Me presenté en la pista. Eran las 6am y llovía. Seguro me estaba volviendo loca. Ocupé una de las primeras filas con los corredores DOC que se empujaban para obtener el mejor lugar en la línea de salida. ¿Pero qué necesidad? Junto a mí Benny Ibarra, Celina, Barbara Mori y Chema Torre, muy tranquilos, calentaban y saludaban a las cámaras.

El disparo de salida sonó. Me pasaron por encima kenianos y chilangos dispuestos a romper sus propias marcas.
Al kilómetro 2 empecé a sentir los estragos del cigarro.
Por ahí del kilómetro 3 el sudor dejaba tremendas marcas en la camiseta mientras a mi lado Bárbara, divina, corría con lentes oscuros, moviendo las caderas como si fuera reaggeton.
Bitch, pensé. Es perfecta hasta en estas condiciones.

“Pero te vas a arrepentir? sonaba en mis oídos cuando llegué al kilómetro 4.
A unos cuantos metros vi la entrada al puente de parque lira. Kilómetro 5. La gente en las banquetas aplaudía. Un dj agitaba el puño mientras mezclaba. Yo estaba a punto de tirar la toalla.

Más adelante estaban los centros de abastecimiento. Cual atleta en maratón decidí hacerlo con estilo. Me acerqué y me entregaron una bolsita con agua. Arranqué una esquinita con los dientes y sorbí desesperada. El agua entró en mi garganta de un chorro, escupí y comencé a toser. Esto no estaba siendo glamoroso.

En el kilómetro 7 las piernas empezaron a fallar. La rodilla rechinaba y las pantorrillas parecían estar en llamas.
-Eso, pensé. Este es el momento en que caigo desmayada y me despegarán como estampita del pavimento.

¡Vamos vamos, campeona, tu puedes! gritaba Roberto mientras me rebasaba. Sonrió, me guiñó el ojo y siguió corriendo.
Apenas un kilómetro después se acabó toda mi buena voluntad.
¡Al carajo la carrera, las metas y los logros!
Bajé el ritmo, abrí la boca y aspiré bocanadas de aire. ¿Pero qué nadie veía que me estaba muriendo?

A punto de desertar, la gente se arremolinaba a los lados de la pista. Cada vez se oían más aplausos. Alcé la vista y ví la Diana, la meta.
¡Guey! estoy a punto de lograrlo.
Besos, manos, gritos. No faltaba más de un kilómetro.
Busqué desesperadamente en el ipod mi powersong. El espíritu popero no me abandonaría ahora..
“empiezo a caer, empiezo a entender que nada vale la pena sin miedo a perder…?
Ahí de frente estaba el reloj. Con dificultad logré distinguir.
1hr. 2min. 56seg… 57seg..
“espérame corazón.. no vueles que sigue siendo hoy..?
58 seg.. dos pasos más.
“para que un día nuestras promesas se hagan verdad todas bajo el sooool.?
59 seg… un paso.
1hr. 3min 0seg.
Alcé los brazos y grité fuerte. Ningún conocido respondió. Me faltó público, pero juro que llegué en un honroso lugar 13,191. Admitámoslo. Pude haber muerto en el intento.

Bridget Jo agradece a K-Paz de la Sierra el invaluable apoyo brindado para cumplir esta meta. Por lo pronto, como ya vio que sí pudo, está a punto de retar a Rulo a una carrerita de 15 (Km, no minutos). 

SI HUBIERA..

Desde que ví esa película, muchas veces me pregunto si mi vida hubiera cambiado radicalmente si la puerta del metro se hubiera abierto-cerrado a tiempo-destiempo. (cuántos hubiera, joder!)

Pues resulta que unos minutos antes de abandonar el Puerto, caminaba por el adoquín, de la playa hacia mi habitación con paso apresurado.

Me falta, le decía a Miss Bussines Bunny, cerrar la maleta, pedir recibos, llamar un taxi, despedirme del guía y shalala..

En esas iba del recuento cuando pasó a mi lado. No lo ví, lo sentí. Giré la cabeza y empecé a escanear: los pies descalzos, la tabla de surf, bronceado intenso, barba crecida… dos segundos después reconocí sus ojos claros que la noche de anoche me miraban desde dentro. El corazón se me detuvo, contuve la respiración y paralicé al cerebro.

Voltée la cabeza y seguí caminando como si nada. En silencio. Escondida tras los lentes oscuros. Dos pasos más adelante, tomé aliento:

Era él, dije
¿Quien? contestó Miss Bussines Bunny sorprendida.
El de anoche
¿Queeé? –atinó a decir– ¿y por qué demonios no lo saludaste?
No lo sé… Creo que no lo reconocí a tiempo.

Di media vuelta y lo vi a lo lejos. Caminaba, descalzo y bronceado, tabla de surf en mano por el adoquín. Demasiado tarde. Estúpida, estúpida, estúpida pensé. Se había cerrado la puerta del metro.

De vuelta a la Ciudad, no volví a pensar en el incidente. Hasta que apareció en mi bandeja de entrada. “You have a mail”. Con la sonrisa estúpida que me caracteriza empecé a leer:

“te diré que fimos víctimas de un desafortunado despiste… fue una situación que me superó por completo, tú pasaste de largo y yo pensé que si habías actuado así, sería por algo”

Aaaaahhhhhhh! Cielos! ¿Pos que no, nomás estas cosas pasan en las pelis? La puerta del metro no se cerró por completo.