CORRE CONEJITA CORRE

En una sobremesa donde abundaron los tequilas aseguré que si Rulo los aguantaba, yo no podía quedarme atrás. Total –pensé ante la propuesta de correr la carrera Nike– ¿cuánto pueden ser 10 kilómetros?

Ya muy apuntada, convencí con dos aleteos de pestañas a Roberto, un maratonista clavado, dispuesto a guiarme en la aventura. Tenía diez semanas para lograrlo. El tiempo suficiente para mi aliento fumador.

Dos días después, a las 5.30am sonó el despertador. Extendí el brazo, tiré el vaso con agua sobre el buró y apagué el tintintin incesante.
¿Estamos todos locos? pensé. Nadie se levanta a esta hora a correr.
Al verme, Roberto abrió los ojos como platos:
¿Así vas a ir?
Mmmm ¿Qué tenían de malo mis pants gris-pijama con resortito en los tobillos, la camiseta holgada rosa bebé y la “donita�? en el pelo?

Al llegar obtuve la respuesta. El Sope reventaba de corredores fashion: niñas en perfectas mallas licrosas, tops dri-fit, bandanas ergonómicas y ipod nano en el brazo; ellos se movían en shorts holgados, t-shirts de la última carrera conquistada, Polar en la muñeca y tenis ultratechies. Eso parecía más un desfile de modas mañanero que un lugar para ejercitarse. Y yo, la elefantita de Disney a punto de ponerse de puntitas en la pista.

Ya en movimiento, el aire frío se me metió por la nariz. Después de 13 minutos exactos, escupía el pulmón, tenía la cara roja como un tomate y la cabeza a reventar. Ya por desfallecer, chequé la distancia: 2 kilómetros. Entré en pánico: los diez serían imposibles.
Pero como cada nueva adquisición merecía ser presumida en la pista, continúe el entrenamiento en riguroso desorden. Tres, dos, a veces una o ninguna a la semana en un proceso directamente proporcional a mis visitas a tiendas deportivas.

La noche antes de la carrera me comporté como un atleta: cené pasta, tomé todo el potasio que se me puso enfrente y un antigripal, recomendado por mi doctor en un secreto que me llevaré a la tumba.
Luego acomodé el outfit sobre la cama: camiseta amarilla, short negro XS que me quedaba cual prima hermana de Ninon Sevilla, calcetines que se secan solos, tenis conectados al ipod ultracargado con la música de impacto –Kpaz de la Sierra incluídos–, llaves de mi casa y un billete de 200 pesos. El futuro estaba a punto de decidirse.

Me presenté en la pista. Eran las 6am y llovía. Seguro me estaba volviendo loca. Ocupé una de las primeras filas con los corredores DOC que se empujaban para obtener el mejor lugar en la línea de salida. ¿Pero qué necesidad? Junto a mí Benny Ibarra, Celina, Barbara Mori y Chema Torre, muy tranquilos, calentaban y saludaban a las cámaras.

El disparo de salida sonó. Me pasaron por encima kenianos y chilangos dispuestos a romper sus propias marcas.
Al kilómetro 2 empecé a sentir los estragos del cigarro.
Por ahí del kilómetro 3 el sudor dejaba tremendas marcas en la camiseta mientras a mi lado Bárbara, divina, corría con lentes oscuros, moviendo las caderas como si fuera reaggeton.
Bitch, pensé. Es perfecta hasta en estas condiciones.

“Pero te vas a arrepentir” sonaba en mis oídos cuando llegué al kilómetro 4.
A unos cuantos metros vi la entrada al puente de parque lira. Kilómetro 5. La gente en las banquetas aplaudía. Un dj agitaba el puño mientras mezclaba. Yo estaba a punto de tirar la toalla.

Más adelante estaban los centros de abastecimiento. Cual atleta en maratón decidí hacerlo con estilo. Me acerqué y me entregaron una bolsita con agua. Arranqué una esquinita con los dientes y sorbí desesperada. El agua entró en mi garganta de un chorro, escupí y comencé a toser. Esto no estaba siendo glamoroso.

En el kilómetro 7 las piernas empezaron a fallar. La rodilla rechinaba y las pantorrillas parecían estar en llamas.
-Eso, pensé. Este es el momento en que caigo desmayada y me despegarán como estampita del pavimento.

¡Vamos vamos, campeona, tu puedes! gritaba Roberto mientras me rebasaba. Sonrió, me guiñó el ojo y siguió corriendo.
Apenas un kilómetro después se acabó toda mi buena voluntad.
¡Al carajo la carrera, las metas y los logros!
Bajé el ritmo, abrí la boca y aspiré bocanadas de aire. ¿Pero qué nadie veía que me estaba muriendo?

A punto de desertar, la gente se arremolinaba a los lados de la pista. Cada vez se oían más aplausos. Alcé la vista y ví la Diana, la meta.
¡Guey! estoy a punto de lograrlo.
Besos, manos, gritos. No faltaba más de un kilómetro.
Busqué desesperadamente en el ipod mi powersong. El espíritu popero no me abandonaría ahora..
“empiezo a caer, empiezo a entender que nada vale la pena sin miedo a perder…”
Ahí de frente estaba el reloj. Con dificultad logré distinguir.
1hr. 2min. 56seg… 57seg..
“espérame corazón.. no vueles que sigue siendo hoy..”
58 seg.. dos pasos más.
“para que un día nuestras promesas se hagan verdad todas bajo el sooool.”
59 seg… un paso.
1hr. 3min 0seg.
Alcé los brazos y grité fuerte. Ningún conocido respondió. Me faltó público, pero juro que llegué en un honroso lugar 13,191. Admitámoslo. Pude haber muerto en el intento.

Bridget Jo agradece a K-Paz de la Sierra el invaluable apoyo brindado para cumplir esta meta. Por lo pronto, como ya vio qu sí pudo está a punto de retar a Rulo a una carrerita de 15 (km, no minutos).

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