El viernes el pasado tocó a mi puerta. La primera vez, se trataba de La Conejita Mejor Amiga del Mundo Mundial. Se apareció como si no hubiera estado ausente todo este tiempo. Llegó tal cual era, con la sonrisa, los cigarros en la mano y el cúmulo de historias por contar. Revisó hasta el último rincón de la casa que no conocía, prometió una plantita para la siguiente visita, se sirvió un café y sin reproche alguno, empezamos con la conversación pendiente. Tras mucho bla, bla, bla no sé si se lo dije. Qué gusto me da que esté, que me entienda sin juzgar y tenerla de vuelta.
Estabamos en medio de la plática cuando sonó el teléfono. En punto de la hora de la comida. En el pasillo apareció Conejito Extranjero. Entró y recorrió la casa como si fuera la suya. Después me comió a besos. El empiernamiento resultó accidentado y en medio de grandes carcajadas. Qué bien se sentía meterme entre sus brazos en silencio, sin preguntar nada. Dos horas después lo miré directito a los ojos (esos verdes que un dia me volvieron loca), y le sonreí. Seguía gustándome endemoniadamente pero no movía ni medio milímetro mi corazón. Tal y como lo esperaba. Estabamos a mano.
Hoy, estaba yo muy tranquila, cerrando el número de este mes, cuando sonó el teléfono. En la pantallita apareció un número desconocido. Al otro lado, escuché esa voz. Reconocí ese acento extranjero que un día me volvió loca. Se me hizo chiquito el estómago. Era
En tanto, hoy tuve mi primera sesión del Club de Lectura Light y lo que comenzó con el recuento de La Suma de los Días terminó con el analisis tormentoso de nuestros últimos encuentros amorosos: Conejita Judia y Soltera, Miss Bussines Bunny, Conejito Politizado y Conejito Sonrisa Perfecta. Todos tan guapos, tan interesantes, tan armados, y al mismo tiempo, tan solos. Un verdadero desastre, joder. Pero terriblemente divertidos a la hora de buscarnos en el pasado.