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COLGANDO EN TUS MANOS (Playlist: Baute)

¿Qué dijimos, chingau? Esta Coneja que va jugando a hacerse la feliz y que el futuro se le cae justito a la mitad (amo las frases hechas jeje).

A ver, es cierto yo repetí –y bien convencida– la famosísima frase del señor Baute. Y no me rajé. Y lo cumplí. Y como en pocas ocasiones me puse flojita y cooperando. Que me suelto, que me aviento y que no me caigo. Estaba el gran Conejo Novio como Dios Manda esperandome abajito para cuidarme los huesitos. Y todo pintaba bien. Y todo parecía perfecto.

Pero sucedió una vez más: me fuí.

Me fuí, sí. Como siempre me voy. A otra casa-país-continente-vida. Y juro que hago mi mejor esfuerzo. Extraño como se extraña a los amores dejados en otro lado del océano. Tengo skype y mando mensajes a las tres de la mañana. Pero vivo como viviría cualquiera que estuviera instalado en La Ciudad de la Eterna Llovedera.

Y ahora me pesa. Y no el amor dejado allá, eh. Aclaro. Me pesa la resonsabilidad, todititia, de hacerlo feliz. A la distancia. Me pesa no saber partirme en dos. En dos vidas, con dos horarios distintos, con amigos y fiestas en las que sólo puede estar uno. Me pesa estar aprendiendo a ser feliz acá. Conmigo. Como siempre.

Me pesa ser yo. Porque bien lo sé (¡joder Coneja!), que quererme a mí siempre me ha dejado tan poquito tiempo para querer a alguien más.

Snif.

ACOMPAÑAME A ESTAR SOLO (Playlist: Arjona)

Mis días empiezan a solearse. Ya volví a usar tacones y la agenda se me va llenando: un fin de semana por allá, una fiesticilla por aquí, otra reunioncilla por acullá, unos tres que cantan conmigo al gran Ricardo el Poetilla Arjona a todo pulmón (en todos lados se cuecen habas) y una visita que me hace un hoyito en la panza mientras le voy quitando hojitas al calendario.

Y es que no sé si lo dije pero tengo un novio. Bueno no uno sino EL novio de la Conejita: el Conejo Novio como Dios Manda.

Uno se quedó lejos, casi a un océano de distancia. Y que yo hago como que no extraño pero un poco sí. Uno que me llama todos los días, a veces hasta dos, que me manda flores de-las-de-a-de-veras por encima del Atlántico y que me dice (y trata) como princesa.

Uno que bien dice La Coneja Jefa llegó calladito y así se ha ido instalando, muy a sus anchas, abriéndose camino en mis planes futuros y haciendo que a mí hasta me pasen desaparcibida las esporádicas re-apariciones del Conejillo de Miura.

Yo creo, señoras y señores, que suavecito, despacito y sin arranques pasionales, me enamoré.

ESTÁS QUE TE VAS Y TE VAS Y NO TE HAS IDO (Playlist: José Alfredo Jiménez)

Disculpen pero sí. He estado ocupada cursileando, haciéndonos arrumacos y dándome todos los besos disponibles para darse.

Si cuando dije lo del enamoramiento no era broma.

Como tampoco es broma que me quedan exactamente siete días en El Paraíso Tropical. Tic, tac, tic, tac. Y cada noche veo esas maletas listitas para irnos, los mejores tacones empacados y mis botas de hule para arrasar con La Ciudad de la Eterna Llovedera.

Y cada noche me repito que lo estoy haciendo bien, que fue una buena elección, que otro cambio de casa-país-continente-vida no puede ser menos que para bien, que tengo muchas calles aún por ver, gente por conocer y cielos por volar, que bla, bla, bla hasta quedarme dormida.

Y cada mañana despierto con un hoyo en el estómago porque las ganas de mirar el mundo de primera mano se me están haciendo chiquitas.

COMUNICADO

Me declaro oficialmente enamorada. Y hasta las manitas. He dicho.

MUDANZAS (Playlist: Lupita D’Alessio)

Bueno, bueno. No tiene caso explicar lo sucedido, porque las novedades por venir son varias.

Me voy.

Otra vez.

A justo un año de aterrizar en el Paraíso Tropical, montar pisito con hamaca en la terraza, trabajar como hormiguita en La Empresa Más Grande de Medios del Mundo Mundial, comprar toda la ropa y zapatucos imaginables en la tierra de los “mols”, aprender a mantener el pelo en su lugar a pesar de la humedad y (sí, sí) hacerme de un bonito novio… me voy.

El destino: La Ciudad de la Eterna Llovedera.

Y yo no quepo entre la emoción y la tristedera de dejar la vida más bien montadita en toda mi conejil historia.

Y LLEGASTE TÚ (Playlist: Banda El Recodo)

Estamos en época de apariciones.. y acuérdense que a mi siempre me ha costado trabajito lidiar con el pasado. La memoria me traiciona, el estómago se me hace chiquito, la piel se me eriza y no puedo evitar volver a sentir.

Aparición 1. Estaba yo en la cama, bien acompañadita cuando se escuchó el “toing” de un correo entrante. 12.45am. Mi curiosidad natural me hizo girar la cabeza, sacar mi brazo por debajo de su nuca y tomar mi celular de la mesita. El respiro se me detuvo un segundo. Era él: el Conejito de Siempre. Leí sólo la primera línea: hablaba de viajes, de ausencias… y de mujeres. El estómago se me revolvió exactamente igual que en todos esos siglos atrás y exactamente igual que con todas esas ‘otras’ mujeres.

Joder, hay cosas que nunca cambian.

Apagué el teléfono y giré la cabeza. El Conejito Latino-Tropical dormía profundamente, tranquilo, su celular brillaba del otro lado de la cama, en la otra mesita de noche y yo no tenía duda, ahí no había rastro de otras conejitas. Con él, mi estómago no sufría ningún vértigo. Le pasé el brazo por debajo de la nuca, subí mi pierna izquierda sobre su pierna derecha, acerqué mi nariz a la suya y le respiré el aliento. Cerré los ojos y me dormí.

Cuenta saldada 1.

Aparición 2. Había soñado con él hace unas semanas. Y esta noche estaba yo contestando millones de mails cuando “toing”, se abrió una ventanita y Mr. Perfect Bunny escribió un saludo cualquiera.

Es mi oportunidad, pensé. No pude hacer más que contarle del sueño, de lo que significaba y de mis cuentas pendientes.

Él escribió y escribió. Dijo esas cosas que halagan (me sentí muy atraído por tí), que distraen la atención (en el País de la Eterna Llovedera vas a ser “la rabbit”?), que duelen (no me solté, no te dí la oportunidad), que joden (pretendimos hacerlo, pero nunca cruzamos la puerta), que nostalgean (me acuerdo la primera vez que te conocí: estabamos esperando el café), que mariposean en el estómago (nos quedamos con mucho), que apaciguan el corazón (tenemos una bonita historia, a fin de cuentas).

Tras muchas de sus letras, escribí unas cuántas de las mías:

—Hoy que tengo un novio, una historia, muchos kilómetros de distancia y que ésto no es una insinuación, debo decirlo: me hubiera encantado enamorarme de tí.

Cuenta saldada 2.

CORAZÓN DE PIEDRA (Playlist: Lucía Mendez)

Estábamos como si nada, terminando una comidita cualquiera, risa y risa, come y come.

De pronto, el Conejito Latino-Tropical me abrazó fuerte fuerte y puso su boca sobre mi oído, me puso el pelito atrás de la oreja y dijo suavecito, despacito y por primera vez:

Conejita, estoy enamorado de tí.

Cerré los ojos y sentí que el estómago se me hizo chiquitito. Un cosquilleo rarito, como nunca antes lo sentí se me acomodó entre la costilla izquierda y el corazón. Intenté articular palabra, decirle lo más honesto jamás dicho en mi vida, contestar como se debe. Juro que quise decir “yo también”. Sin embargo no pude. El miedo me paralizó. Moví la boquita como pececito, cerré los ojos y lo abracé fuerte fuerte.

Otra vez será.

TENGO MUCHO QUE APRENDER DE TÍ (Playlist: Emanuelle)

–¿De verdad crees que yo lo quiero? le puse en el chat a La Conejita Jefa refiriéndome a su comentario sobre mi relación con el buen Conejo Latino-Tropical.

Pensó. Escribió y borró. Mientras yo veía el cursor ir adelante y atrás.

Sí lo creo, tecleó lentamente.

Entonces me explicó como nunca lo había hecho antes refiriéndose a mis amoríos:

–Él no es uno de tus amores de tormenta. No es de esos que bien conoces… que llegan, arrasan contigo, te arrollan pero igual, cuando se van, te dejan en pedazos…  Él es uno de esos amores que echan raíces.

¿Y si tiene razón?

MOSAICOS DE UN BUEN FIN DE SEMANA

Me miró mientras escogía el outfit para el reventón y me dijo con voz profunda:

-Estoy muy orgullosa de tí.

Giré y miré a Miss Bussines Bunny con sorpresa.

-¿Y eso? dije

Entonces me habló del brillo en mis ojos, de la nueva vida, de lo lejos que quedaron mis historias sombrías de desamor y de mi acertada decisión de venirme a vivir al Paraíso Tropical.

Yo también lo estoy, pensé.

—–

Se veía guapo, con unos kilitos de más, sonriente. Llegó caminando hasta nuestra mesita al aire libre en pleno Paraíso Tropical. Así eramos casi los mismos de siempre. Parecía que nunca había sucedido el truene aquel con el Conejito Gurú que nos removió a todos en los cimientos. Platicamos, reímos, se miraron con esa complicidad que sólo existe entre dos que mucho se quisieron y nunca supieron cómo fue que se acabó. Varias horas después, el Conejito Venejolano se levantó, se despidió y se fué. Se dieron un abrazo enorme mientras los demás confirmabamos eso de que el amor eterno no existe. Joder.

—–

-Traíganos otra botella de champagna, dije a la mesera alrededor de las 4 de la mañana.

No supe cuántas llevábamos, luego de abrir la primera a las 2 de la tarde. Nos sobraba alcohol en la sangre, ganas de bailar con coreografía, micrófonos iluminados de leds, grandes éxitos del OTI del 78 por cantar, historias de amor y desamor por contar.

Amaneció y nos faltó tiempo para seguirnos extrañando.

—–

-Estoy lista, dije.

Me aparecí con un suetercillo, una minifalda (mejor conocida como falda-cola) de mezclilla, unas botas de tacón kilométrico y el pelo que ya me llega a la mitad de la espalda.

Me miraron con los ojos abiertos como platos e hicieron bromas sobre la longitud de mi faldita, posible sólo en estas latitudes del planeta, dijeron. O por lo libre que te sientas.

Creo que estoy en la segunda posibilidad.

—–

Comimos baguettes mientras hablamos de la posibilidad de un negocito, un consultorio, un departamento, unas cirugías, una vida en el Paraíso Tropical.

-La Conejita quiere traernos a todos al Paraíso Tropical, dijo Miss Bussines Bunny.

¿Y por qué no?

—–

-Es un bombón, dijeron casi como veredicto final.

El Conejito Latino-Tropical había pasado una de las pruebas más difíciles. Mis locos chiquitos le dieron el visto bueno. Y a mí me gusta que les guste.

VENI, VIDI, VICI

Empaqué de todo: botas, tacones, pantuflas, bufanda, guantes, nada de plumas ni lentejuelas, faldita-abajo-de-la-rodilla, pijama de franela y bonita ropita interior. Uno nunca sabe lo que puede ocurrir en la primera visita a los Conejos Suegros.

Y así, del Paraíso Tropical volé hasta tierras congeladas para visitar a los papás del Conejito Latino Tropical: un fin de semana para presentarles a la “recién adquirida” Conejita Nuera de Indias y que, tras minuciosa revisión, dieran el visto bueno.

Mi primera impresión fue una vieja impresión: se me hace que yo ya los conocía… o más bien, se parecían tanto a otros suegros de tiempos remotos de cuyo nombre no logro acordarme. Entonces concluí que los suegros son suegros todos iguales en cualquier latitud: padre prudente y tolerante, madre hiperactiva y consentidora. Y las nueras tienen de dos. Adivinen cuál fui entonces y cuál ahora.

Supongo que varios miles de años de experiencia sirvieron de algo: me aparecí con bonitos regalitos para papá suegro y mamá suegra -envueltitos y con moño, me comí hasta el último bocado de todo lo que me dieron (al mejor estilo Mamá de Jon -la de Garfiel), acepté gustosa cualquier referencia curiosa a mi “dialecto chilango”, abracé y besé a todos lo miembros de la familia (desde la abuela hasta el sobrinito recién nacido), no salí del baño en paños menores, evite cualquier conversación que incluyera política, religión y prácticas sexuales, contesté a toda pregunta indiscreta y sorteé todas las trampas que investigaban lo bueno de la buena de mi familia, hice mueca graciosa y discutí los desacuerdos con el susodicho Conejo Latino Tropical sólo al final del día y tras cerrar la puerta de la recámara y, finalmente, mandé notita de agradecimiento apenas de regreso en casa .

Ah verdad! y quién dijo que esta Conejita no podía ser una buena nuera?