Archivo de la etiqueta: Conejillo de Miura

SIN DAÑOS A TERCERO (Playlist: Arjona)

“Conejillo de Miura quiere ser tu amigo..”

Me apareció el mensaje en Facebook hace ya varias semanas. Me sorprendí. Ignoré el mensaje como las grandes. A final de cuentas, ya sabía lo que venía y pa’ que ponernos a abrir cajitas de Pandora.

Confieso, fallé. Ayer por la noche apreté el botón de “aceptar”. Y como una avalancha, se desplegó frente a mí una historia armada en mi ausencia: fotos, mensajes, sonrisas, abrazos, viajes.

Miré detenidamente algunas de las imágenes. Inútil sacar cuentas. Inútil buscar fechas y coincidencias. En gran parte de las fotos sonreía, miraba fija la pantalla y la abrazaba a ella. No la reconocí. Era una Conejita nueva (o no tanto), lo cierto que para mí desconocida. Por primera vez en siglos de historia, había una Conejita en la vida del Conejillo de Miura que no había pasado por mi cruel hilvanar de ires y venires.

Joven, linda, sin señas particulares. Sonríe tranquila. Escribe mensajes amorosísimos. Muy probablemente ni siquiera sabe quién soy, ni porque la miro con más curiosidad que envidia.

Repasé decenas de imágenes tratando de entender lo que sentía o si a estas alturas una ya está curada de espantos y pasados. No lo sé.

Lo cierto es que sería presuntuoso decir que a ella se le ve más amor que a él. Pero así es. Sería atrevido decir que la toma de la cintura como ya lo he visto millones de veces más. Sería canalla decir que no la mira como me miraba a mí. Sería esto nomás parte de mi cabrona interior que se siente más tranquila diciéndolo.

Cerré la ventana y cancelé mi acceso a sus fotografías. Después de todo, ahí no hay nada que yo tenga que ver.

ANDO VOLANDO BAJO (Playlist: José Alfredo Jiménez)

Hace unos años, un día todo se me desmoronó.

Llegué a la oficina después de una noche de terror y no sé que cara me vió el Gran Conejo Editor que me mandó directito a buscar ayuda.

Supongo que la hallé y me salvé de tirarme por un paso peatonal en Constituyentes o quedarme enganchada otros mil años del Conejillo de Miura. Muerte segura tanto una como la otra.

Anoche me sentí igual. Lloré y lloré desconsolada ante una incertidumbre que me satura el depa cuadradito de 2×2 y con cocineta.

–¿Pero qué te pasa?, me pregunta al teléfono el Conejo Novio como Dios Manda con toda la buena intención.

Y yo me enojo y le respondo mal y me cierro y me encierro y bajo las persianas y duermo 48 horas seguidas y quisiera despertar con la vida resueltita.

Porque yo, lo anuncio oficialmente, ya me cansé y no sé bien de qué.

ACOMPAÑAME A ESTAR SOLO (Playlist: Arjona)

Mis días empiezan a solearse. Ya volví a usar tacones y la agenda se me va llenando: un fin de semana por allá, una fiesticilla por aquí, otra reunioncilla por acullá, unos tres que cantan conmigo al gran Ricardo el Poetilla Arjona a todo pulmón (en todos lados se cuecen habas) y una visita que me hace un hoyito en la panza mientras le voy quitando hojitas al calendario.

Y es que no sé si lo dije pero tengo un novio. Bueno no uno sino EL novio de la Conejita: el Conejo Novio como Dios Manda.

Uno se quedó lejos, casi a un océano de distancia. Y que yo hago como que no extraño pero un poco sí. Uno que me llama todos los días, a veces hasta dos, que me manda flores de-las-de-a-de-veras por encima del Atlántico y que me dice (y trata) como princesa.

Uno que bien dice La Coneja Jefa llegó calladito y así se ha ido instalando, muy a sus anchas, abriéndose camino en mis planes futuros y haciendo que a mí hasta me pasen desaparcibida las esporádicas re-apariciones del Conejillo de Miura.

Yo creo, señoras y señores, que suavecito, despacito y sin arranques pasionales, me enamoré.

LLEGAS CUANDO ESTOY A PUNTO DE OLVIDARTE (Playlist: Camila)

La conversación fue absolutamente sin sentido o muy sentida. Según yo, absolutamente distinta a las de estos últimos siglos.

Dijo por primera vez estar dispuesto a responder a mis preguntas y yo, entonces, me quedé en blanco y me negué a hacer si quiera una. Dijo que las haría él y preguntó justo eso que yo no quería contestar. Dijo cosas hermosas, como nunca las había dicho o quizá sí pero a mí ya se me había olvidado. Dijo estar dispuesto a esperar mi regreso de otros mundos, otros amores, otras historias. Dijo estar arrepentido de sólo una cosa conmigo y yo sabía lo que diría y no quise que lo dijera porque el pasado sigue siempre doliendo en el mismo lugar. Dijo cosas amorosas en un momento en el que hablarme de amor es absolutamente inesperado. Dijo que al día siguiente llamaría.

Ha pasado más de un mes de entonces. Y, como todas las veces anteriores en estos últimos siglos, el Conejo de Siempre no lo hizo.

NO SOY DISTINTA DE AQUELLA IDIOTA (Playlist: La Quinta Estación)

Apenas enterada de esto de las apariciones, la Conejita de las Playas no tardó en ponerse en contacto.

Ya no te importa el Conejito de Siempre¿o sí? dijo enfatizando esta última sílaba casi con un ligero tono de recriminación.

Era evidente que mi respuesta tendría que ser un “no” rotundo, un gesto de hartazgo, una contestación desilusionada. Sin embargo, tuve que ser sincera.

Y se lo dije: que cada que aparecía… y aparecía… y volvía a aparecer… intermitente como desde hace tantos años que los cuento en siglos, yo sabía —acá arriba en mi cabeza— que era otra de esas llegadas llenas de promesas no cumplidas, de planes fragilitos, de futuros caídos a la mitad, de grandes noches de empiernamientos y débiles amaneceres sin arrumacos. Que yo sabía, siempre, irremediablemente, más temprano que tarde que se iría. Que yo sabía que habría que colgar el teléfono, cancelar los correos, vetar las comunicaciones.

Pero que también —acá abajo en el esternón— irremediablemente, intermitente como desde hace tantos años que los cuento en siglos, yo me preguntaba:

—¿Y si esta vez, sí?

Aunque en esta ocasión, prefiera no darme una respuesta.

Y LLEGASTE TÚ (Playlist: Banda El Recodo)

Estamos en época de apariciones.. y acuérdense que a mi siempre me ha costado trabajito lidiar con el pasado. La memoria me traiciona, el estómago se me hace chiquito, la piel se me eriza y no puedo evitar volver a sentir.

Aparición 1. Estaba yo en la cama, bien acompañadita cuando se escuchó el “toing” de un correo entrante. 12.45am. Mi curiosidad natural me hizo girar la cabeza, sacar mi brazo por debajo de su nuca y tomar mi celular de la mesita. El respiro se me detuvo un segundo. Era él: el Conejito de Siempre. Leí sólo la primera línea: hablaba de viajes, de ausencias… y de mujeres. El estómago se me revolvió exactamente igual que en todos esos siglos atrás y exactamente igual que con todas esas ‘otras’ mujeres.

Joder, hay cosas que nunca cambian.

Apagué el teléfono y giré la cabeza. El Conejito Latino-Tropical dormía profundamente, tranquilo, su celular brillaba del otro lado de la cama, en la otra mesita de noche y yo no tenía duda, ahí no había rastro de otras conejitas. Con él, mi estómago no sufría ningún vértigo. Le pasé el brazo por debajo de la nuca, subí mi pierna izquierda sobre su pierna derecha, acerqué mi nariz a la suya y le respiré el aliento. Cerré los ojos y me dormí.

Cuenta saldada 1.

Aparición 2. Había soñado con él hace unas semanas. Y esta noche estaba yo contestando millones de mails cuando “toing”, se abrió una ventanita y Mr. Perfect Bunny escribió un saludo cualquiera.

Es mi oportunidad, pensé. No pude hacer más que contarle del sueño, de lo que significaba y de mis cuentas pendientes.

Él escribió y escribió. Dijo esas cosas que halagan (me sentí muy atraído por tí), que distraen la atención (en el País de la Eterna Llovedera vas a ser “la rabbit”?), que duelen (no me solté, no te dí la oportunidad), que joden (pretendimos hacerlo, pero nunca cruzamos la puerta), que nostalgean (me acuerdo la primera vez que te conocí: estabamos esperando el café), que mariposean en el estómago (nos quedamos con mucho), que apaciguan el corazón (tenemos una bonita historia, a fin de cuentas).

Tras muchas de sus letras, escribí unas cuántas de las mías:

—Hoy que tengo un novio, una historia, muchos kilómetros de distancia y que ésto no es una insinuación, debo decirlo: me hubiera encantado enamorarme de tí.

Cuenta saldada 2.

DUDA EXISTENCIAL N. 2

¿Por qué si todo pinta bien..

maravillosamente bien…

espectacularmente bien…

increíblemente bien…

jodidamente bien…

yo no dejo de pensar, a ratos y profundamente, en el mismo idiota de siempre?

OTRA VEZ EL CHAMPÁN Y LAS UVAS Y EL ALQUITRÁN… (Playlist: Mecano)

Si tuviera que hacer un recuento de este año, no cabe duda que sería uno de los más ajetreados de mi pequeñita historia personal. Y curiosamente, uno de los que menos escribí.

Resulta que en sólo un año sufrí de amores como una condenada -que vamos, esa no es una novedad-, por los mismos de siempre y por algunas nuevas inclusiones en el ranking:

Me creí que la historia con el Conejillo de Miura iba a amarrar (ay ajá), me la descreí… me emocioné con el Buen Conejo Pluma Blanca, me desemocioné por las mismas razones de siempre… me enamoré hasta el cogote y con la misma fuerza me harté de un Conejo Artista que resultó estar más loco que una cabra… y terminé refugiada en los brazos de un Conejito Latino Tropical pensando que no pasaría de un fin de semana. Vaya, vaya. Y resulta que no, que han pasado los meses y me tiene una cajita azul de moñito blanco esperando debajo el árbol de Navidad.

Del trabajo: empecé el año creyendo que me consagraría en una bonitilla revista de ciudad a la que le había invertido varios años de mis letritas y en menos de lo que canta un gallo ya estaba yo fuera y en menos de lo que el mismo gallo volvía a cantar ya estaba yo haciendo mis pininos en un programa de radio armado, pensado, estructura, inventado y puesto en la práctica como a mí -y obvio, al respetable conductor- nos diera la gana.

Y estaba yo emocionandome mucho con mi vida “al aire” cuando La Empresa Más Grande del Mundo Mundial me puso enfrentito la oferta de un nuevo trabajo, viaje, casa, coche, ciudad y horizonte en la ventana.

Y ahí te voy: vuelo directo y sin escalas al mismísimo Paraíso Tropical. Y no había yo terminado de acomodarme a mis anchas como vieja gorda y con canasta, cuando llega la noticia de una nueva partida. Europa será, en unos mesecillos, mi nuevo destino. Más precisamente Londres.  En tanto yo ya empecé a comprar por comprar mis botas Hunter para la lluvia. Uff.

Del resto: a casi todos les llegó el amor o a mí la edad -tardía- de las bodas.

La Conejita de las Playas hizo la boda más bonita que yo recuerde, Bombón Bunny está dejándose atrapar, mi hermana que agarra y que dice me caso y se casó (hoy por cierto) y que mi hermano anda en los mismos pasos y listo como agua para chocolate. Descubrí, cierto, que los amo a los dos como si fueran mis orejas: imposible concebirme sin ellas.

La Coneja Abuela sigue en pié, a tropezones pero en pié. Y yo le estoy preparando por ahí una sorpresa bloguera.

Me descubrí con ganas de hacer ejercicio y con aptitudes para la cocina. Que el Paraíso Tropical puede ser un lugar menos hostil de lo imaginado y que mi inglés mejor a ratitos. Que cambiar de aires me hizo caer en la cuenta de que he tenido en la vida muchos enamorados pero pocos comprometidos. Y que pasar de uno a lo otro era sólo cuestión de reglas. Que ser La Novia tiene su encanto. Y que me gusta ser La Princesa del Cuento.

Y si de recuentos se trata, en mi libretita de amigos en lugar de restar, sumé. Tengo tres nuevos números de teléfono con código de la Florida a los que sé que puedo llamar en medio de la noche y, tarde pero seguro, llegan. Con eso me doy por bien servida.

Mientras tanto aquí estoy. Hoy la montaña rusa parece estar en las puras rectas. Tantas que ya hasta me desacostumbré.

En unas horas llega La Conejita Jefa para pasar conmigo el fin de este año.

Y yo, estoy feliz de mí.

Tengo ganas de burbujas, de fiesta, de baile y de que el que viene -el año, el trabajo, la casa, el estatus amoroso- sea al menos tan chispeante como éste.

Ajá. Que de esto se trata la vida, chingao!

SIN TÍ ES MEJOR, AUNQUE AL PRINCIPIO NO (Playlist: Thalia)

Ok lo reconozco. La Coneja Thalia de todas las Quinceañeras no debería ser ningún referente, casi en ningún caso. Pero acá sólo me revolvió la panza y me puso el ojito remi.

Y entonces pienso, y entonces extraño, y entonces lloro. Y entonces me convenzo de que “siempre estuve equivocada y no lo quise ver”.

Pero la distancia que no ayuda. Y los recuerdos. Y la navidad…

Y el correo electrónico menos…

Agh. Recuérdenme que no, no, no. Conejita que no. Que para atrás ni para tomar impulso, “que nunca tuve más razones para estar sin él”, diría mi gurú musical.

Recuérdenme que yo cambié de casa, de coche, de trabajo, de país, de vida… de amores…  y terminé en el Paraíso Tropical porque la distancia cura… aunque al principio, no.

YO NO SÉ MAÑANA (Playlist: Luis Enrique)

Que una es de espíritu tropical y piesecito bailarín, siempre se ha sabido.

Ahora lo digo yo, de cierto.

Bastó despegarme de la pantalla por unos días, deshacerme de las complicaciones y volver a sentirme libre.

-Flojita y cooperando, dirían por ahí.

Y así es como me suceden las cosas siempre a mí.

Tiempo: dos minutos y yo ya estaba haciendome de nuevos encuentros. Estoy sí, en cuerpo y alma, en esto del dateo. Y me la paso bomba.

Porque ninguno de los Conejitos es mejor que el otro, porque es una práctica inocente, porque me divierte conocer gente, porque me caigo bien jugando a gustarle a los demás. Porque ya lo dijo un viejo Conejito del Pasado Remoto, tu deporte favorito es enamorar.

Eso sí, apegándome estrictamente a Las Reglas -como bien recomendaría La Coneja Judía y Soltera.

Ja. Ya no me acordaba qué divertido que puede ser: una mirada, un flirteo, un encuentro. Tardar tres horas en decidir el outfit. Superproducirse y terminar la cita media hora después. Caminar gloriosa mientras te abren la puerta del auto. Dejarse tomar de la cintura. Escapar sutilmente. Despedirse con un beso en la mejilla. Bailar la mejor salsa del mundo muy juntitos, con el calor de las noches en el Paraíso Tropical y la ropa pegada al cuerpo. Dejar caer la mirada aleteando las pestañas. Mirar el teléfono en continuación. Mentir sobre la verdadera edad.. y omitir el pasado. Recibir flores, de las de a deveras. Reírse con ganas ante la torpeza propia de la atracción…. Y esperar que el próximo encuentro suceda.

Estoy renovada. Con ganas de apostarme a lo que venga, a lo que sigue. Porque estoy libre de equipaje y no tengo nada, absolutamente nada que perder.