Yo nunca dije no me casaría. Nomás no parecía que sucedería. Sobre todo porque ya lo había hecho siendo una pequeñuela.
Obvio, el matrimonio aquel no duró ni para el arranque. Y como buena diva terminé divorciada en menos de un año de un primer marido de cuyo nombre casi ni me acuerdo.
De allí pa’l real, la pequeñuela se convirtió en una Conejita de Indias, muy dispuestita al empiernamiento, amorío y respectivo dramático rompimiento. Todo bien reporteado y a detalle en una serie de blogs.
Ahora resulta la vida se me movió radicalmente. Cambié de casa, de país y de amorío tormentosos a calma chicha.
Y resulta también que me voy a casar.
Y no sería ninguna novedad si no fuera porque con invitaciones enviadas y vestido en el armario estoy al borde del colapso. Casi igual que en aquellos años mozos.
Porque resulta que amo al novio, la boda, las invitaciones y el vestido pero le tengo terror a convertirme en la menos sexy Doña Coneja de las Grandes Indias.
Me da pánico firmar y prometer-me a sólo uno. Dejar de besuquearme con mi fila interminable de ex Conejos que siempre, siempre terminan por regresar.
Me da nausea prematura imaginar que un día pueda-deba-quiera quedar embarazada.
No sé cómo hacer para pasar un domingo sola, sola, tremendamente sola y comiendo helado en pants y chanclas.
No pienso ni por error cambiarme el apellido -y no porque tenga aires feministas que me impidan lucir orgullosa el “Señora Coneja De Señor Conejo“- no, no, nomás porque eso me hace sentir exclusiva, vieja y, consecuentemente, acabada.
Me siento como cincuentón eufórico queriendo aferrarse a la juventud comprándose tremendo deportivo nuevo.
Y que me disculpen las señoras (como diría mi Gurú Manoella “La Otra” Torres), pero aunque sé que hay millones de mujeres casadas, exitosas, sexys y con toda la onda del mundo, en mi imaginario singular, mi tacones y colita de peluche iban más de la mano con los amoríos clandestinos, los sube y bajas pasionales y las mañanas despertando sola.
Me la llevé tan bien conmigo en mi vida pasada -que acaba de pasar- que no sé si quiero que se acabe.
Y sobre todo, no sé si llegué tarde a la reflexión, pero no tengo ni la más remota idea de cómo seguir siendo la misma, en la nueva vida.
Lo mismo pero en Animal Político
@conejitadindias