Hoy oficialmente volví a fumar… y a llorar.
Heme aquí, en el balcón de un apartamento en el Paraíso Tropical, con velitas perfumadas, vinito y una cajetilla de cigarros. Hay un vientecillo suave que apenas si mueve este calor infernal y a mi la tristeza se me estacionó suavecito al lado. ¿Dónde están Las Conejitas que responden veloces siempre a este estado de ánimo lamentable y, condescendientes, aceptan pasar la noche a mi lado escuchando estas lamentelas? ¿Dónde están esos Conejitos Varios que en una noche -y con el empiernamiento correcto- borraban a besos mis ausencias?
Creo que venía aguantándome las ganas. Haciendo como que todo andaba bien, sin andar. Pero volvió a pasar. Y tengo que volver a convencerme de que las decisiones tomadas son las mejores. Que vivir en este lugar tiene sentido a futuro. Que haber dejado mi espacio -y los fantasmas que él habitaban- me daría un nuevo respiro. Que tener un personal trainer, un mail de la Empresa de Medios Más Grande del Mundo Mundial y un novio artista eran parte de mi nueva vida. Joder. ¿Y si me equivoqué?
Hoy trabajé un turno extra. Esos que trabajan en sábado todos los que no tenemos nada mejor que hacer. Escribí sin descanso de uno que se murió, del que todos hablan y que -estoy segura- estaba más solo que una ostra con el mundo entero mirándole la cara. Seguro que él fumaba y lloraba.
Y pensar que apenas esta mañana había subido unas fotos a mi Egoteca que me mostraban radiante. Iluminada de sepia con una carita de enamorada recarcitrante. Y pensar que abriendo mi computadora me encontré con unas letritas que -en cualquier otro momento- le subirían el ánimo a cualquiera:
“lo siento pero es inevitable… demasiada tentacion… egoteca ergo que la naturaleza haga su parte… y si, destilas Mujer… dichoso aquel que te espulga el cabello… y escarba en la mirada llena de luz… y te rasca la nariz con ese percing puberton… y te muele los labios a costa de darle y darle… y te consume el sudor como elixir de vida… y te come el pescuezo languido, como la medula… bla bla bla… de cierto es que son legión… no, no son las chelas las que inspiran… quizas el efecto de la luz… y ese tono sepia tan sensual.. tan humano… tan tu… cada vez aprendo mas y entiendo menos… eso no importa… voyeur versus egocentrica… viva la diferencia!… en contexto, Vanessa Rubyn interpreta una rolita de Sting (Seven days)… muy a su manera… perfecto! nada concuerda…”
y no, nada concuerda. Ni mis grandes planes a futuro. Ni mi vida en el Paraíso Tropical. Ni la muerte del famoso. Ni guardar las fotos en una caja y meterlas en el fondo del cajón. Ni el novio artista que se deja vencer bajo el peso del pasado.
-Bonita.. decía un mensaje en mi teléfono esta tarde.
El Buen Conejo Pluma Blanca aparece intermitente. Yo sonrío desde lo pronfundo cuando veo sus mensajes y no sé qué contestar. Me pesa tanto su no-presencia y mi falta de palabras.
También apareció El Editor.
-Sólo dime que no es mexicano… habría dicho tajante, tal y como acostumbra.
-Que no.. contesté.
Pero eso tampoco resuelve gran cosa. Yo que juraba que todo era un asunto de nacionalidad. O de ideología. O de cultura. Resulta que es un asunto de elección.
-Toma un avión inmediatamente y ven acá, habría dicho Miss Bussines Bunny hace apenas unas horas al teléfono.
-El problema, le dije, es que no es la locación sino los protagonistas de la obra.
Y bueno, de cierto, la locación no ayuda. Aquí lo más emocionante que me ha pasado es el impacto de un fruto tropical sobre el parabisas de mi Fat Red Boy en movimiento.
Pero los protagonistas tampoco. Sigo siendo la estrella principal de esta obra de la que ya, parece, me sé el final.
Aquí el tiempo pasa lento, el vientecillo sigue sin mover el calor infernal y yo he vuelto a fumar y a llorar.
Mañana es mi dia libre y tengo tanto miedo de amanecer conmigo.
Durante años, muchos, en mi habitación hubo una “colección oficial de Conejitos del Pasado Remoto”. Colgaba triunfante en una pared. Y como si nada. Conejitos iban, Conejitos venían y yo defendí el hecho de que formaran parte de la decoración porque, argumentaba, habían formado parte esencial de mi vida.
Y celos retroactivos.
Me detuve un segundo, sacudí la cabeza, busqué despacito las palabras mientras lo miraba con los ojos abiertos como platos. ¿Pero a quién jodidos se le iba a ocurrir que yo me enamoraría de un tipo inteligente, culto, de papel y lápiz en la mano, que va por la vida con ese aire desenfadado, de hombros caídos, piel oscurita y mechón de pelo cayéndole insistentemente en los ojos? ¿Quién pensaría que a mí me gusta que me hable de viajes y tierras lejanas, que intercale citas mientras me habla, que me trate con fingida indiferencia y luego explote en una carcajada ante cualquiera de mis barbaridades? ¿Pero cómo demonios se le iba a ocurrir a alguien que yo lo mirara de reojito para encontrarlo mirándome de reojito y sonreírnos cómplices como sabiendo que no sabemos nada pero están relindas las horas que se nos pasan enmedio…?
onozco a la especie: Conejitas del Terror. Las he visto en un sinfín de ocasiones más. Me miran con desconfianza. De arriba a abajo, como escudriñándome. Esperándo confirmar sus sospechas. Envidiando terriblemente mis tacones de vertigo. Convencidas de que soy una amante de lo ajeno. O una conejilla de cascos ligeros. O que va de una-noche-de-copas-una-noche-loca. O que digo las cosas con todititas sus letras. O que se me nota en la cara lo que pienso. O que no voy en comitiva al baño para cuchichear. O que mi moral es relajadita. O que se me da eso de los empiernamientos. O que me aviento de cabeza, directito a la pared, y sin meter las manos. O de que, cualquiera que se lo esté pasando bomba, es porque algo malo está haciendo.