Entradas de Diciembre 2008
Corrí para llegar. Fui a ver muebles provenientes de la India. La nueva casa se los merece. Aunque sea uno chiquito y a 13 meses sin intereses.
El señorcito me miró y me señaló con el dedo unas escaleras. A un lado, tres enormes figuras cubiertas de polvo —un león, un elefante y una deidad— parecían estar de guardia. Al fondo una enorme puerta de hierro cerrada con un candado me estaba esperando.
—Por aquí, dijo. Mientras abría la pesada puerta.
Los rayos de la luz de la tarde se precipitaron mientras yo parpadeaba tratando de distinguir los objetos en esa bóveda oscura. Un montón de partículas de polvo se habían quedado suspendidas en el aire y al fondo, entre plásticos y mantas logré ir descubriendo un montón de objetos. Distinguí varias cómodas, los sillones tallados a mano, los candelabros de latón coloreado, los baules de madera con remates dorados… Esto debía ser un sueño.
A mi lado, mi mamá La Coneja Mayor me tomó la mano. Sabía lo que para mí representaba todo esto, mientras yo me deslizaba —eso sí, muy entaconada— por entre las figuras y los muebles buscando la mejor oferta. Horas más tarde, mientras cenabamos pollo con curry y cardamomo preparado por el mismo señor que se sabía los precios de los muebles a la perfección, me miró con ternura.
—Toma… dijo mientras me daba un libro. “De parte de la princesa muerta”, se leía en la portada. Me recordó tanto a tí… léelo. Aquí encontrarás tu palacio hindú.
Creo que lo supo desde entonces. Desde que, por ahí de los siete años, me llevó a verlas: todas las muñecas del mundo metidas en “un pequeño mundo” disneyworldero. Y yo quise ser una de ellas.
Categorías: Aventuras diarias
Etiquetado: Conejita, La Coneja Mayor
Qué dificil es,
cuando las cosas no van bien.
Tú no estas feliz,
y eso me pasa a mí tambien.
Porque hemos perdido la frescura del amor,
el respeto por los dos,
discutiendo a cada instante sin razón.
Qué dificil es,
hablarte y tú no comprender.
Conversar lo mismo y enfadarnos otra vez.
Por qué no me dejas que me vaya por un tiempo
sin decirme que al momento,
te vas a quitar la vida si me voy.
Pero antes dejame decirte,
que te quiero.
Que tu amor es la única cosa,
que yo tengo.
Si me voy de tu lado es porque no,
quiero perderlo.
Lo que tu y yo necesitamos,
sólo es tiempo.
Tiempo para poder curar,
nuestras heridas.
Tiempo para empezar de nuevo,
nuestras vidas.
Tiempo para saber si tu
me necesitas.
Tiempo para saber si me quieres,
o me olvidas
Bueno ya, después de la genial idea de que la radio programara la sabiduría musical del Gran Gurú José El Triste José, y de que, en pleno tráfico de las tres de la tarde, a mí se me salieran las lágrimas lo mismo por los ojos que por la nariz, es hora de reconocer que en el corte de venas, uno nunca ve el otro lado de la historia. Y la historia es más o menos ésta: nos alcanzó el desamor.
—Nos parecemos más a una pareja que se va a divorciar que a una que se va a querer, recordé que dijo en algún momento. Y yo, vamos, para ser honesta, no puedo contradecirlo.
—No nos la estamos pasando bien, contesté.
Y como ya hemos pasado por ahi —cada quién por su lado— y el proceso de dejarse siempre es muy doloroso (aún cuando uno ya no se quiere, porque siempre uno todavía se quiere tantito), he decidido dejar que el tiempo nos pase encima.
¡Salud! y qué empiecen a caer las hojitas del calendario.
Categorías: Mal de Amores
Etiquetado: Conejita
y que me dice..
ya no estoy enamorado de tí
y que parpadeo rápido, y que me dice, dice…
ya no me atraes
y que se me escurren las lágrimas, le digo… y me dice…
no tengo nada para darte
y que trago saliva y le digo…
despidámonos, pues
y que me dice, dice…
te estás yendo
y que me dice, le digo…
que tengas suerte
y que me dice…
ok
y que ya no le digo nada, y que me paro y que me voy… y que lloro mucho… y que se aparece dos días después y me escribe..
¿podemos ser amigos?
y que pienso que que-hijo-de-puta.. y que pienso que no, y que escribo que no.. y que borro.. y que le escribo, le digo…
igual y sí
y que me escribe, me dice…
qué bueno
y que cierro la ventana y que lloro y que pienso que quiero cambiar de opinión.
Categorías: Mal de Amores · Ni yo lo sé
La alegría se tarda muy poquito en llegar. Y la vida en ponerme las cosas en el mejor lugar.
Anoche soñé con el Conejito de Siempre. En el sueño, nos despedimos de la mejor manera. Supongo para olvidar lo chafa de la ruptura en un Starbucks en medio de una plaza comercial. Fue el último paso de un día lleno de eventos contundentes.
Por la mañana había desayunado, en nuestro lugar de siempre, con El Buen Conejo Puma Blanca.
—¿A quién tenemos que golpear? dijo al verme llegar con los ojos papujos de una noche llena de llanto. No voy a dejar que te hagan daño.
Sonreí y me dejé querer. Tiene, no-sé-cómo, esa única manera de hacerme sentir la mujer más deseada del mundo. Y a mí, esa sensación me gusta.
Más tarde, en sede alterna, se me fueron varias horas hablando con Conejita Te Pareces Tanto a Mí. Y sí, es cierto eso que alguien dijo alguna vez: nos parecemos tanto. Así que no pude más que hacerle caso cuando, al verme —siempre con ojo papujo— dijo:
—No te dejes golpear emocionalmente.
Junto con la Conejita de las Playas y Miss Business Bunny, era la cuarta persona que ese día hablaba de violencia… y sobre mí. No pude hacer como que no oía. Si me miro al espejo, no tengo el ojo morado, pero sí tremendos moretones en el corazón. Y ni cómo ponerles un bistec encima.
Pero hay un Dios —como diría mi gurú Yuri Cristo Redentor— y me mandó un SMS esa misma tarde.
“FELICIDADES” decía
“¿POR?” contesté.
“POR TENER UN EMPLEO”
El cielo se abrió. Conseguí otro nuevo triunfo. Iba a estar en el lugar y con quien quería estar. Y vaya caso, con personas que me querían A MÍ. Brinqué de gusto.
Mi nueva vida estaba por comenzar.
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Etiquetado: Buen Conejo Pluma Blanca, Conejillo de Miura, Conejita de las Playas, Conejita Te Pareces Tanto a Mí, Miss Bussines Bunny
Y sí, me acabo de romper en mil pedacitos. Por ahora lloro. Mañana ya será tiempo de mi reconstrucción.
Categorías: Aventuras diarias
Estoy sentada en un Starbucks. A la espera. De fondo suena Bebe. Y no podía ser más atinada.
Cómo decir que me parte en mil
las esquinitas de mis huesos,
que han caído los esquemas de mi vida
ahora que todo era perfecto.
Y algo más que eso,
me sorbiste el seso
y me decían del peso
de este cuerpecito mío
que se ha convertío en río.
de este cuerpecito mío
que se ha convertío en río.
Supongo que alguien lo hizo a propósito. Supongo que alguien de los que está por aqui, al verme, sabe perfecto que estoy esperando el nuevo capítulo de esta historia interminable. Sólo que esta vez, aunque los personajes, el escenario y las intenciones sean las mismas, algo cambió: yo.
Estoy en un Starbucks, como ha sucedido ya otras veces, esperando que El Conejito de Siempre termine nuestra relación. No sabe que hace unas horas, la terminé yo primero.
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Etiquetado: Conejillo de Miura

Tuve una gran despedida. Bebí y canté Almohada de José José y a todo pulmón de la mano de Beautiful Bunny.
—Tienen una gran química… Sólo les falta la física.
Sabias palabras de algún borracho que preferí no interpretar. Queriendo lo de la física lo resolvemos en un minuto. Je. Hubo quién también preguntó si yo era La Cazadora del Cool, alimentándo muchísimo mi ego y no supe cómo empezar cuando preguntaron sobre mis próximos planes. ¡Son tantos! Apenas unos días antes había salido finalmente con el Conejito 2T. Contuve el aliento cuando me habló tan cerca que su nariz tocaba la mia. Me sentí culpable pero regresé con una sonrisa estúpida a casa.
Todo eso fue suficiente para olvidar la mala llamada telefónica de unas horas antes. Era el Conejito de Siempre. Si la vida sí quiere conmigo, ¿por qué seguir intentando con quién no tiene ninguna intención de hacerlo? le pregunté a Bombón Bunny con los ojitos vidriosos.
—Déjalo ya, contestó tajante. El Conejito Lorenzo puso una pulserita azul en mi muñeca—como lo hizo ya alguna vez— para liberarme de un mal enganche.
Esa noche, estaba exorcisando a mis demonios.
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