Conejita de Indias

AVISO IMPORTANTE

Noviembre 10, 2009 · 5 comentarios

Estoy de vacaciones. Muchas. Con novedades. Muchas. Visitando a toda esa gente -con relación genética o no- que considero mi familia. Y junto a mí duerme un chiquillo que dice llamarse “mi novio”. Ah verdad! Pero como dejaría yo de ser una Coneja complicada si todo fuera miel sobre hojuelas, todo esto está a punto de dar un auténtico giro de tuerca… O muchos.

Disculpen las molestias que esto ocasiona.

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CÓMO HEMOS CAMBIADO (Playlist: Presuntos Implicados)

Octubre 2, 2009 · 11 comentarios

Se sentó aquí a mi lado, en el sillón tan rojo y encendió un cigarro. Habló de los avances en sus clases de inglés mientras yo, con otro cigarrillo en la mano, le contaba a detalle la negociación con el Dealer Puertorriqueño y Sabrosón para obtener un nuevo auto para el tercer integrante de La Pandilla.

Sí somos tres.

Ahora ya digo “quilombo” mientras me dejo llamar “nena” con acentito. E insisto en explicarles cómo es exactamente una torta de jamón -de esas del Chavo del Ocho. Y puedo soportar el que ninguno de los dos me prenda el cigarrillo, en afán de lo que ellos llaman “la equidad de género” (que yo nomás no entiendo: soy igual, equitativa y princesa. y quiero que me prendan el cigarro. pero esa es harina de otro costal).

Somos tres.

Uno viene del profundo sur, toma una amargosísimo mate, insiste en hacer asados con carbón que tarda siglos en prender, conoce la historia política de cada una de las etnias latinoamericanas, odió el frío londinense casi tanto como los calores del Paraíso Tropical y sigue durmiendo en un colchón que tiene en el suelo de su habitación. Le dicen Conejo Ñangaroso y me miraba con ojos desorbitados, mientras yo brincaba de gusto el día de mi primer date en este lugar. Dos horas más tarde, estaba tomándose una cerveza en un barcito de cortinajes rojos, a unos cuantos metros de distancia, mientras supervisaba el éxito de mi cita.

Podría ser mi hermano mayor, aunque no lo fuera.

El otro viene del otro lado del océano. Tiene nombres, renombres, apellido y realeza, habla con acento y nos dice “chavales”. Es bonito todo, completo. Un Conejo de Abolengo: rubito, con tres mechones que le caen sobre los ojitos azules, la nariz finita y el cuerpo espigado. Intentó la bicicleta y los buses en la ciudad de los autos. Su mayor atractivo es su manera de aprender: desesperada, incansable, estoica ante las inconveniencias -que pocas no han sido. Ha aprendido todo nuevo: a vivir solo, a terminar hospitalizado, a manejar estándar, a comprar un auto, a lidiar con las oficinas gubernamentales y hasta a soportar el pop ochentero de mi ipod incansable.

Podría ser mi hermano menor, si es que lo fuera.

Y desde hace seis meses no hacemos más que ser amigos. De esos amigos extraños y entrañables que en otras condiciones nunca se hubieran encontrado, que en otras circunstancias no hubieran hallado un tema en común: ni shakira, ni misiones, ni los amores via skype.

Son seis meses de arreglar -los tres solitos- el mundo frente a la puerta de cristal del edificio de la Empresa de Medios más Grande del Mundo Mundial, con el calor húmedo que hace que se nos pegue la ropa al cuerpo y la nariz se nos llene de perlitas de sudor.

Son seis meses de insistir en contra del clima, de la falta de rumba, de la ignorancia y la ideología barata. De sobrevivir a una ciudad hostil haciéndo asados junto a la piscina y buscando bares abiertos después de las 2 de la mañana.

Son seis meses de querernos quedito, sin decirnoslo ni andar haciendo alarde.

Haciendo un recuento, hace 180 días anoté los dos primeros números locales a mi teléfono celular. No eran sólo dígitos: era una inversión de la que hoy tengo ganancias.

En mi cuenta tengo una familia -nueva, hip y multiculturosa- que reditúa a mi favor.

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COMO PALMERAS BORRACHAS DE SOL (Playlist: Agustín Lara)

Septiembre 21, 2009 · 3 comentarios

Estaba yo leyendo en internet una de mis revistas favoritas, cuando me acordé que a mí lo que me gusta es escribir.

Sí, sí. Eso que hacía yo tan seguido y que en los últimos meses se ha vuelto un acto casi mecánico de rellenar cajitas sin pasarme ni por un caracter, durante diez horas seguidas. Tic, tac, tic, tic, toc suena el teclado y yo enarco los ojitos ante el brillo de la computadora.

Y luego, miro este blog calladito en una esquina y me da la culpa. Porque tengo mucho que contar, porque quiero ponerme a croniquear, porque me gusta remendarme las historias y sacarme las espinitas con letras. Porque cuando me pongo a hacerlo, sólo se me ocurre que otro ya lo dijo en una canción y va, que me planto un video enfrente y siento que ya no tengo nada qué decir.

Pero luego me pasa que en días como hoy me acuerdo que colgué una hamaca en el balcón. Y que quiero contarlo. Porque no sabía lo que era. Porque mis hamacas habían estado en hotelitos de playa y en el patio trasero de la casa de familia, misma que me dejó en un hospital.

Porque no sabía cómo se veía la vida con los pies levantaditos del suelo.

Mi nueva y reluciente hamaca vino conmigo del Último Punto al Sur del Sur donde estuve el pasado fin de semana -y cuya crónica reventadona ya tengo por ahí-, es color chocolate y pende de una esquina de mi balcón.

sp_mignon_226La primera vez, me subí despacito, como con miedo: uno nunca sabe si me voy a venir abajo con todo y ganchito. Metí las manos debajo de los muslos y extendí el tejido que se abrió como un abanico bajo mis piernas. Crucé los pies, recosté la cabeza y cerré los ojos.

Entonces el mundo se puso, completito, a oscilar.

No sé cuánto tiempo estuve yo ahí arriba. El suficiente para saber que a mí, eso de poner los pies en la tierra, no se me dá. A cada intento, súbito, así como yo ponía mi pulgar en el piso de la terraza, se me detenía la vida.

El Paraíso Tropical entero se quedaba calladito, como si estuviera contuviendo el aire. Entonces yo, en acto casi infantil, subía rapidito el pie y.. shhh.. otra vez soltaba el aire, se movía, de un ladito a otro, con ganas de girar en su propio eje, pero con flojera de palmera borracha de sol como diría Lara.

El juego de la hamaca se repite ahora cada mañana. Apenas despierto -o no tanto- bajo descalza de la cama y camino torpemente hacia el balcón. Con el pelito enredado y los ojos entrecerrados me meto en el huevito de chocolate que pende de la esquina de mi balcón. Me agarro los muslos entre los brazos, me acomodo esperando que el sol se tarde en darme directito en la cara y vuelvo a cerrar los ojos. Shhh.

La vida, entonces, se me pone a mecerse despacito. Y sin cuentas por pagar.

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COLGANDO EN TUS MANOS (Playlist: Martha Sánchez & Carlos Baute)

Septiembre 16, 2009 · 2 comentarios

Así se empieza el día, la semana, el mes… la vida.

Con canciones de 4.40…

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QUE VENGAN LOS BOMBEROS (Playlist: Yuri)

Septiembre 9, 2009 · 5 comentarios

No es broma. Llegaron los bomberos al edificio donde trabajo. Y no no, no resultaron ser unos bomberos cualquiera: eran unos chiquillos altos, musculosos, bronceados, de andar cadencioso -y candente- y mucho uniforme con lucecillas fosforescentes.

pornprevdd7-thumbArribaron con toda la fuerza de los superhéroes y desalojaron a todos los presentes por una tal amenaza de bomba. Se les veía tan pro a todos ellos, subiendo y bajando cajas negras, poniéndose y quitándose máscaras transparentes y mirándome con ojos muy azules mientras me decían algo tan romántico como:

Move on. No photos please.

Ay y una tan indefensa… cómo no me voy a enamorar!

Entendí aquello de las fantasías sexosas más recurrentes de las féminas: estos bomberos sí se parecían a los strippers disfrazados en esos chippendale’s que tanto me han contado. ja.

El caso es que no logré ni desmayarme a tiempo para hacerme rescatar por uno de estos fabulosos ejemplares, cuando  Mr. Big Ego Rabbit ya me estaba arrastrando de las orejas de peluche al Starbucks más cercano.

Que para dejarlos trabajar en paz y de paso, quitarme de la mirada los malos pensamientos, dijo.

Ash. Así de tropezado empezó el día y no pareció mejorar con las horas. Mi ánimo iba de arriba a abajo como en un tobogán: que la Coneja muy enojada, que la Coneja muy contenta, que la Coneja muy emocionada, que la Coneja que se la lleva la mismisima…

Por la noche, decidí meterme a la cama lo más pronto posible. No vaya siendo, dirían por ahí.

Ahora, ya sólo me queda esperar unos días para volver a escaparme de la ciudad.

  • Destino: la última punta del último punto del Paraíso Tropical.
  • Vía: terrestre, manejando varias horas mientras entono el playlist cortesía de Bombón Bunny a todo pulmón.
  • Compañía: una de esas con las que las horas se hacen chiquitas de tanto hablar.
  • Equipaje: short, shanclas y shampoo.

El resto es purititas ganas de sentirme libre y feliz. Ah perdon! eso soy ahora: libre y feliz.

PD. Se solicita de la manera más atenta la aparición del Buen Conejo Pluma Blanca que ha decidido abandonarme, asi de plano y sin mayores explicaciones. ¿Qué no ven que una tiene su corazoncito?

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FIESTA EN AMÉRICA (Playlist: Chayanne)

Septiembre 4, 2009 · Dejar un comentario

Tengo cansancios varios y atrasados. Entre Michael Jackson, Zelaya y mis últimas actividades ligadoras nomás no he podido dormir bien.

El Fat Red Boy ya está en su mejor momento. Logramos encontrar un mecánico que no me vio la cara, lo de las piernas no lo sé. El caso es que por sólo 214 dolarucos lo dejó como nuevo. Y yo voy radiante cantando en mi cochecito chaparrito y muy rojo.

Y esta noche, ya de viernes, tenemos cenita y yo todavía una humanidad que producir porque tras una semana larga, la belleza natural cuesta trabajo.

Bienvenido este fin de semana que en el Paraíso Tropical es festivo, sigo sin entender bien por qué, pero de plano lo aprovecho y me voy fuera. Ya tengo empacadísimo eso de short, shanclas y shampoo. Agregue usted un bikini y lo que sigue es puritito relax al lado de la piscina, entre las olas del mar y con un ejemplar latino-tropical de campeonato. Ja.

Ah! qué bonito es lo bonito.

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YO NO SÉ MAÑANA (Playlist: Luis Enrique)

Septiembre 4, 2009 · 3 comentarios

Que una es de espíritu tropical y piesecito bailarín, siempre se ha sabido.

Ahora lo digo yo, de cierto.

Bastó despegarme de la pantalla por unos días, deshacerme de las complicaciones y volver a sentirme libre.

-Flojita y cooperando, dirían por ahí.

Y así es como me suceden las cosas siempre a mí.

Tiempo: dos minutos y yo ya estaba haciendome de nuevos encuentros. Estoy sí, en cuerpo y alma, en esto del dateo. Y me la paso bomba.

Porque ninguno de los Conejitos es mejor que el otro, porque es una práctica inocente, porque me divierte conocer gente, porque me caigo bien jugando a gustarle a los demás. Porque ya lo dijo un viejo Conejito del Pasado Remoto, tu deporte favorito es enamorar.

Eso sí, apegándome estrictamente a Las Reglas -como bien recomendaría La Coneja Judía y Soltera.

Ja. Ya no me acordaba qué divertido que puede ser: una mirada, un flirteo, un encuentro. Tardar tres horas en decidir el outfit. Superproducirse y terminar la cita media hora después. Caminar gloriosa mientras te abren la puerta del auto. Dejarse tomar de la cintura. Escapar sutilmente. Despedirse con un beso en la mejilla. Bailar la mejor salsa del mundo muy juntitos, con el calor de las noches en el Paraíso Tropical y la ropa pegada al cuerpo. Dejar caer la mirada aleteando las pestañas. Mirar el teléfono en continuación. Mentir sobre la verdadera edad.. y omitir el pasado. Recibir flores, de las de a deveras. Reírse con ganas ante la torpeza propia de la atracción…. Y esperar que el próximo encuentro suceda.

Estoy renovada. Con ganas de apostarme a lo que venga, a lo que sigue. Porque estoy libre de equipaje y no tengo nada, absolutamente nada que perder.

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PA’ TI NO ESTOY (Playlist: Rosana)

Agosto 25, 2009 · 9 comentarios

Eramos unas chiquillas saliendo de la secundaria. Algo -que no recuerdo qué- había generado tremendo desencuentro con mi buena-mejor-amiga “la líder”. Y eso, en la secundaria no se debe hacer.

Apenas crucé la puerta, las vi: el grupo de las malas en la esquina de la escuela y la lidercilla -antes mi buena-mejor-amiga- al centro. Me miraban dejando escapar risitas.

Y yo, confieso, sentí que se me doblaban las piernas. Quise llorar, salir corriendo, huir pero también siempre supe que ahí es donde estaba por decidirse -en buena parte- mi futuro escolar.

Caminé súper cool hacia la esquina en donde yo, pacientemente, tenía que esperar el transporte escolar. Y empezó la discusión. No recuerdo qué ni cómo, pero recuerdo una sarta de insultos que iban y venían de un lado a otro. De pronto, se rompió una barrera.

En las tonterías que decíamos, ella lo dejó salir. Eso que nunca se dice por ninguna razón. Esa verdad que nos hizo amigas alguna vez.

Ella dijo mi secreto.

Lo soltó así, de pronto y a mí se me estrelló en la cara. Supongo que abrí los ojos como platos. Sentí como cuando abren la puerta del avión para lanzarte del paracaídas: una ráfaga de viento que se te mete en la nariz impidiéndote respirar. El estómago se me revolvió. La furia, eso, toda mi furia se hizo una bola ardiente que empezó a subirme por el esófago. Asco, desencanto, rabia, traición. Eso era lo único que nunca, nadie, por ningún motivo debía haberme dicho. Y eso era algo que nunca antes, en ningún momento, había sentido.

La miré con los ojos inyectados, apreté la mandibula, respiré profundo…

Y escupí. Directo en la cara y sin dejar de mirarla. Fue lo más bajo que he hecho.

Se hizo un silencio sepulcral. Nadie, de las niñas que miraban alrededor se lo esperaban. Ella, mi ex-buena-mejor amiga sólo me miraba sorprendida. Nunca creyeron que yo sería capaz. Yo no sabía que sería capaz.

Di la vuelta y me fuí caminando con las piernas temblándome y los ojos llenos de lágrimas.

Al día siguiente, el liderazgo había cambiado de dueña. Y ella, nunca, nunca, nunca volvió a recibir siquiera una mirada de mi parte.

Esa historia la tenía olvidada hasta hace unos días que estaba yo de frente a la computadora, en una de esas discusiones que van in crescendo. Algo me dijo que no iba a terminar bien. De pronto, del otro lado de la pantalla, salió una frase que me hizo sentir, una vez más, el viento en la nariz que me impide respirar, el fuego en las entrañas, la rabia, el desencanto, la desilusión. Todo junto.

No pude escupirle a la pantalla, aunque lo hubiera hecho con gusto. Pero sé que nunca, nunca, nunca volveré a tener siquiera una mirada hacia ese lugar.

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REFLEXIONES SOBRE LA MUJER MÁS BONITA QUE CONOZCO (Y que sí, es de mi familia)

Agosto 19, 2009 · 6 comentarios

Siempre pensé que es lo más bonito que conozco. así de plano: bonita como ninguna.

Cuando se habla de belleza en casa siempre terminamos hablando de ella. Es como si ella fuera la representación misma de la belleza.

Mi mamá se encargó de repetirnos constantemente aquella historia de cuando su papá (de ella, no de mi mamá) las llevaba a Sanborn’s por tostadas desbordantes de pollo o cuando le enseñó a reírse sin arrugar la frente. Y todo, todo estaba marcado por su porte espectacular.

Ella lleva las pañoletas como ninguna. Nada de lo que se pone sale sobrando. El pelo siempre en su lugar, con un estilo que sobrepasa a la moda. Y nunca, nunca, nunca, por más que lo intentara lograba sentirme tan bonita como ella. O tan a la altura. O así.

travpers3Todavía hoy tengo aquí, en un cajón de un baño en un departamento de Miami, un frasco sin etiqueta que contiene una “crema milagrosa” con un olor penetrante a pomada de la campana y vic vaporub. Ella la hace. Y yo, confiadísima me la unto cada noche arrugando la nariz.

Dicen por ahí, que es su secreto de belleza. Y yo la miro siempre tan bonita y me lo creo.

Crecí viéndola bonita, no sólo ella sino todo lo que la rodea: una casa bonita, una familia bonita, un esposo perfecto, una sonrisa espectacular, un cutis impecable, un estilo único.

No quiero sonar banal. Espero me entiendan: ella no es una bonita-tonta o una bonita-bonita o una sólo-bonita. Ella es la bonita más inteligente que conozco, por la simple razón que sabe hacer bonito todo lo que la rodea.

Es como una magia especial, como si fuera una especie de Rey Midas que va embelleciendo lo que toca con el índice.

Y yo, con la infinita inocencia infantil de aquellas épocas, rogaba porque fuéramos más seguido a visitarla. Quien quitara y fuera cierto eso de ponerme bonita yo también.

Un día la más bonita de la familia tuvo una niña. Y el día del bautizo asistí al evento social más chic -y obvio bonito- que yo hubiera presenciado para esa, mi corta edad. Supongo que impresionó a varios y no sólo a mí. En la familia, se habló del evento durante muchos años.

Y yo decidí que un día sería también así para mí. Que yo quería, un día, tenerlo todo, todo, to-do porque mi Tia bonita me demostraba que sí se podía.

Cada que iba a su casa descubría una nueva posibilidad:  una casa de muñecas en medio de un jardín como nunca hubiera imaginado que existía, un teléfono de mickemouse en la recámara de “la niña” que me hacía abrir los ojos como platos, unas muchachas uniformadas en rosa que reían en la cocina, un baño que olía a flores, un esposo ar-qui-tec-to (¿hay otros con más onda?), fotos con escenas esquiando en la nieve, largas conversaciones en la mesa y la revista Hola! escondida por ahí (hasta para chismear había que tener estilo).

Y no, no. no me malentiendan. Nunca tuve envidia.

Es más, pensé durante muchos años lo difícil que debería ser vivir con una mamá con esa dimensión de belleza.

A mí me pasó (y eso que La Conejita Jefa es más terrenal). Tener una mamá bonita es un orgullo que te lleva a la escuela pero también uno de esos pesos increíblemente pesados cuando supones que nunca, nunca, hagas lo que hagas vas a tener el estilo, porte, caché, nonchalance o lo-que-quiera-que-sea con el que ellas van por la vida.

Esa niña creció convirtiéndose -contra todo pronóstico que prometía que sería absolutamente insoportable por el simple y sencillo hecho de tenerlo “todo”, incluida la mamá bonita- en la niña más bonita de la familia.

Y bonita, déjenme les digo, de donde se es más difícil serlo: de adentro, bonita de a de veras.

Lo comprobé en estos días.

Porque fíjense cómo son las cosas: mi Tía bonita pasa por el momento más difícil de su vida y por consecuencia, la familia bonita, la Niña bonita, el esposo perfecto…. y todo el shalala que le acompaña. Todo, enmugrecido por una noticia fea.

Cuando me lo dijeron, no supe que decir. En realidad, nunca sé bien qué se dice en esos casos. Cualquier cosa es terriblemente cliché y sirve para un carajo.

Pero no hizo falta.

Ellas -la Tía bonita y la Niña bonita- también han convertido este momento en uno sumamente especial: las siento más cerca que nunca (aún estando acá refundida en El Paraíso Tropical), van con sonrisas más abiertas, con miradas más esplendorosas, con un ánimo que jode a cualquiera que se quiera deprimir por tonterías, con poquititas lágrimas, haciéndole sentido a todo eso que me enseñaron en estos años: que sí se puede tener todo, to-do, lo bueno de la vida, aún cuando no lo parezca tanto.

Pum. Golpe contra la pared, pa’ que aprendas, Conejita.
….

Hace unos días, cuando estuve en casa de la abuela, ví unas viejas cintas de 8mm donde apareció mi mamá en sus años de juventud. Hubo quien por ahí se atrevió a insinuar nuestro parecido. Me reí pero dentro, así como haciéndome cosquillitas, pensé que tal vez sería cierto, aunque sé que no tanto.

Y hace menos días, me encontré con una foto de aquella graduación. Estaban las dos: mi mamá bonita y mi Tía bonita. Yo no me reconocí en la mía pero sí la reconocí a ella: a la Niña bonita en mi Tía bonita, casi idéntica.

Se me llenaron los ojos de lágrimas y sonreí. Ahora sé que no la he perdido y que la belleza completita sigue presente en nuestras vidas.

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ME RÍO DE JANEIRO OH JAJA (Playlist: Mecano)

Agosto 9, 2009 · 2 comentarios

Hoy compré un rompecabezas. Igual al anterior pero diferente: un enorme mapamundi.

No sé si eso deba interpretarse como que estoy dispuesta a vegetar en casa los próximos días o que voy a poner mis piececillas sobre la mesa para armarme de nuevo o que estoy hecha pedacitos o que tengo rota la cabeza o que estoy recuperando viejas tradiciones de épocas pasadas o que me estoy armando un mundo nuevo. En serio, no lo sé.

Y yo que creí que tenía armadísimos los próximos setenta años de mi vida. Ja. Qué risa que me doy.

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